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Patrimonio

Lo que la basura de San Esteban dice de los murcianos de la Edad Media: Listado de hallazgos

Durante los tres meses de trabajos arqueológicos se han desenterrado restos de animales, objetos de la vida diaria y restos de actividades industriales

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Judit López Picazo

Judit López Picazo

Este martes 2 de junio se cumplen tres meses desde el inicio de los trabajos arqueológicos en el yacimiento de San Esteban en Murcia, que han sacado a la luz hallazgos como los restos del primer dromedario descubierto en el municipio y un perro decapitado.

Aunque, más allá de estos restos mortales, elementos como tinajas y muros de viviendas permiten conocer la vida diaria en la Murcia andalusí de la Edad Media.

Y, como destacó la alcaldesa de Murcia, Rebeca Pérez, este lunes durante su visita a los trabajos, "los vertederos dicen mucho de la forma de vida de la época". Y es que, antes de la expansión urbana, amplias zonas del arrabal funcionaron como basureros que albergaban los restos de las industrias cercanas.

"Así lo evidencian diferentes sondeos, como una gran fosa documentada, rellena casi exclusivamente por carbón y cenizas, lo que sugiere residuos asociados a actividades concretas donde la combustión de madera desempeñaba un papel destacado", explican desde el Ayuntamiento en un comunicado.

Listado de hallazgos

La primera fase de los trabajos incluye 59 sondeos, puntos en los que se excavará y se retirarán los restos arqueológicos encontrados, pues serán los pilares de la futura plaza que se construirá en el arrabal en próximas etapas del proyecto, así como un centro de interpretación.

Uno de los primeros hallazgos fue una ocultación, espacios en el que se guardan, escondidas, cosas de valor. Esta ocultación, encontrada en la sala norte de la llamada vivienda 35, es "excepcional", en palabras del director arqueológico, Clemente Sánchez, debido a sus grandes dimensiones.

Al extraer la tinaja oculta, no había ningún objeto visible en el interior de la tinaja, aunque se van a extraer muestras de sedimento para saber si se almacenaba grano o algún otro elemento.

Otras ocultaciones

En los trabajos anteriores realizados en San Esteban en 2009 ya aparecieron otras dos ocultaciones, aunque más pequeñas. Una de ellas contenía tres ollas y una cazuela, así como restos de animales, elementos característicos de una cocina. Y "algo tan cotidiano no se conserva tan fácilmente", declaró el director arqueológico.

Cronología de las construcciones

Aunque en la vivienda que albergaba la ocultación, además, "resulta interesante saber cómo se construyeron los muros, para ver la evolución de las construcciones", explicó en su momento el director de la obra.

En la época andalusí, las habitaciones o alcobas solían desligarse del resto de las viviendas al construirse elevadas sobre el nivel del resto del domicilio, pero en este caso se emplearon tabiques, tanto para separar la alcoba como para generar un espacio y crear un calentador, lugar en el que también se encuentra la ocultación.

Especialmente significativo resulta también el sondeo 69, situado sobre uno de los adarves del arrabal, un tipo de calle ciega que, en ocasiones, daba servicio a viviendas pertenecientes a una misma unidad familiar. En este espacio se han documentado hasta cinco niveles distintos de pavimentos de tierra, todos ellos con capas de ceniza bajo su superficie destinadas a mejorar el aislamiento. Y, bajo el último nivel excavado, se localizó un pequeño fragmento de plaquita de oro decorada, de apenas 6 por 5 milímetros, que evidencia un delicado trabajo de orfebrería.

Sistema hidráulico

Otro de los aspectos más destacados de esta campaña es la compleja red de gestión hidráulica documentada en el yacimiento. En uno de los sondeos se ha identificado una canalización orientada de norte a sur que podría conducir agua desde una planta superior hasta una letrina construida reutilizando un antiguo anillo de pozo.

La casa presenta muros con doble técnica constructiva, con exterior de ladrillo e interior de tierra, un pozo, dos conducciones distintas de evacuación de agua y un pequeño albañal que desemboca en la llamada calle H.

Y "todo ello ofrece una imagen muy completa de cómo se estructuraba una vivienda del arrabal por dentro", explicaron desde el Ayuntamiento, pues el valor de este hallazgo reside en que no solo se conservan muros, sino también elementos que permiten entender cómo se construían las casas, cómo se organizaban sus espacios, cómo se gestionaba el agua y cómo esas soluciones fueron evolucionando.

Además, la fosa séptica asociada a esta vivienda proporcionó abundante material cerámico, en algunos casos prácticamente completo, con una cronología que apunta al siglo XIII por la presencia de cerámica esgrafiada, candiles de pie alto y marmitas vidriadas de forma globular y pared fina.

Restos animales

El primer dromedario desenterrado en todo el término municipal de Murcia fue uno de los hallazgos más sonados. El animal se descubrió en el sondeo 65, donde se identificaron tres restos óseos pertenecientes a un dromedario: una falange proximal completa y dos falanges mediales completas, correspondientes a un único individuo.

El informe arqueológico apunta a que el dromedario fue utilizado principalmente como animal de transporte, vinculado al traslado de cargas y a la movilidad en la Murcia islámica.

Al dromedario, se unen los restos mortales de animales que salieron a la luz más recientemente: un perro decapitado y tres yeguas. En cuanto al perro -hallado en el sondeo 69-, se enterró decapitado y, según parece, tuvo las patas delanteras atadas.

La posición en la que se encontró al can "lleva a pensar que la muerte de este individuo fue violenta", explicó el director arqueológico, y agregó que "el perro no es un animal especialmente apreciado en la cultura islámica" y "se usaba básicamente para las labores de pastoreo y vigilancia". De hecho, en aquella época ni siquiera estaba prohibido su consumo como alimento.

Por otro lado, se encontraron tres yeguas con las herraduras puestas en el sondeo número 56, que se amplió para sacar por completo uno de los ejemplares, mientras que los otros dos -de los que son visibles la cabeza de uno y las patas traseras del otro- se estudiarán en próximas fases.

Las yeguas se empleaban como animal de transporte y han aparecido cerca de una fonda -una especie de hostal donde se servía comida-, donde seguramente habría un establo destinado a los animales de los viajeros, aunque ambos elementos no tienen por qué guardar relación, matizó Clemente Sánchez.

Con los datos recabados, una de las posibles hipótesis sobre la muerte de estos animales es que se vieron afectados por una epidemia.

Otros hallazgos

Además de los grandes descubrimientos, los trabajos están sacando a la luz numerosos materiales y elementos que ayudan a completar la imagen del barrio andalusí, como fragmentos de cuerda seca parcial del siglo XII, ataifores melados y restos de revestimientos con pintura roja, que refuerzan la cronología de la vivienda, construida en el siglo XII y ocupada en el XIII, con al menos dos reformas.

En la casa 35 se documenta también un posible espacio de cocina, con cerámicas de cocina y una mancha de combustión, y han aparecido anillos de pozo, así como un posible tabique de letrina en el sondeo 78, todos ellos elementos que permiten reconstruir con mayor precisión la vida cotidiana y la funcionalidad de las viviendas.

Asimismo, se han encontrado varios fragmentos de tinajas, una de ellas casi al completo y con grabados incluso por la parte interior, que está a la espera de secarse antes de su limpieza. Y otro de los restos hallados está decorado con representaciones arquitectónicas como arcos.

Las tinajas y vasijas son de cuerda seca parcial, material característico de los siglos XI y XII. Estas fechas, sumadas a la ausencia de cerámica esgrafiada, que apareció a partir de la segunda mitad del siglo XII, permite situar el inicio de la urbanización de este ámbito a finales del siglo XI o comienzos del XII.

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