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Luto en Murcia

La "tierra bonica" de Murcia se despide de Ballesta para siempre

En una Catedral abarrotada se celebró ayer el funeral histórico de un regidor que ya muchos llaman "eterno" y que llegó al templo en un féretro portado a hombros desde el Ayuntamiento, donde fue velado desde el lunes por la mañana

Emotiva despedida al alcalde de Murcia José Ballesta

Lucía Feijoo Viera

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Jaime Ferrán

Jaime Ferrán

Ayer fue un día histórico en la ciudad de Murcia. De eso se dieron cuenta por la mañana los grupos de turistas que paseaban a primera hora del día por la céntrica Plaza del Cardenal Belluga y veían hasta seis coches fúnebres decorados con decenas de coronas de flores aparcados en el exterior del Palacio Episcopal. Hubo quien hasta se hizo un selfi.

De aquellos vehículos, solo uno iba a trasladar al alcalde de Murcia, José Ballesta, fallecido el pasado domingo en el Hospital Clínico Universitario Virgen de la Arrixaca después de dos años sufriendo un cáncer, hasta el tanatorio de Jesús. Eso no ocurriría hasta horas después, cuando se hubiera puesto punto final a las pompas fúnebres del regidor.

En ese momento, el interés estaba puesto en el Ayuntamiento, donde descansaban los restos del primer edil desde el día anterior. A las diez y media de la mañana entró la última persona que iba a acceder a la capilla ardiente: el presidente nacional del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo. A recibirle salió todo el Equipo de Gobierno local, de riguroso luto, junto al presidente de la Comunidad, Fernando López Miras, y el secretario general de la formación en Génova 13, Miguel Tellado —que llegó el día anterior—. Alguno de los concejales no pudo esconder el rostro hinchado de tanto llorar.

«Le voy a echar mucho de menos personalmente porque tenía una amistad entrañable con él», dijo el líder del PP, que recordó una frase que Ballesta dijo en una cumbre de presidentes autonómicos de su formación que se celebró en el Teatro Circo de la capital del Segura en septiembre de 2025. Entonces, dijo que «Murcia es el único lugar del mundo donde se puede respirar la luz».

Núñez Feijóo fue la última persona en pasar por la capilla ardiente, ubicada en el Salón de Plenos

La luz que se respiraba en ese momento no era la habitual para una ciudad como esta en un mes de mayo. Nubarrones negros amenazaban con descargar, llegando a chispear, lo que permitió a algún vecino con vena dramática decir aquello de que «el cielo está llorando». Sea como fuere, los rayos del sol se terminaron por imponer justo a tiempo de la salida de la Casa Consistorial, por última vez, del alcalde Ballesta.

El féretro, cubierto por la bandera de Murcia, lo portaron sus hijos José y Juan Ballesta, dos hermanos del fallecido, el segundo teniente de alcalde, José Guillén, el exconcejal ⁠Roque Ortiz, y quien fuera su jefe de gabinete, Miguel Ángel Pérez.

Me quedo con aquella frase de Ballesta de que 'Murcia es el único lugar del mundo donde se puede respirar la luz'

Alberto Núñez Feijóo

— Presidente PP

Entre la multitud, a las puertas del Ayuntamiento, estaban las burlas de la Cofradía del Amparo, cuyos tambores pretenden reproducir los sonidos de las comitivas romanas que acompañaban a Jesús durante la Pasión. Con cada baquetazo parecía subir un grado la temperatura, que no tardó en superar con creces los veinte grados.

«No pude estar en la capilla ardiente, pero vengo a despedirlo», declaró María Dolores García, a quien Ballesta, recién estrenado como alcalde, le dio la credencial como vocal de la Junta de El Palmar. «Era una bellísima persona, hemos perdido al mejor alcalde que ha tenido Murcia; un alcalde eterno», dijo, parafraseando al presidente López Miras, que no ha dejado de referirse al regidor como «alcalde eterno» desde que se enteró de su muerte.

La de las burlas del Amparo no fue la única actuación del corto recorrido hasta la Catedral de Murcia. También se pudo escuchar la campana de auroros de Rincón de Seca, de la que Ballesta era Hermano Mayor, así como de la campana de auroros de Javalí Nuevo. Estos les esperaban en la esquina de Belluga con el Ayuntamiento, junto a cientos de personas que no quisieron perderse la entrada en la plaza de una comitiva encabezada por un estandarte con una cruz y por una Unidad Especial de Caballería de la Policía Local de Murcia. La emoción, con permiso de José Ballesta, fue la otra gran protagonista de la mañana, reflejándose cada vez que los vecinos rompían en aplausos.

El obispo oficia la misa funeral por el alcalde José Ballesta en la Catedral de Murcia

Juan Carlos Caval

El Réquiem de Mozart sonó cuando quienes portaban el féretro pusieron el primer pie en la Catedral, pasadas las once y cuarto de la mañana. El templo, que contó con las voces del Orfeón Fernández Caballero y la Coral Discantus, estaba ya a rebosar cuando se inició el funeral, pero se fue llenando aún más durante los siguientes minutos. El Obispado cuenta con unas 250 sillas, más los bancos, que ya de por sí tienen una capacidad para algo más de 500 personas. Para esta ocasión, se colocaron 800 sillas más, además de la gente que se quedó de pie —la gran mayoría—. Que fuera martes laborable no fue impedimento para que cientos de personas, no todas en edad de estar jubiladas, decidieran tomarse la mañana para dar su último adiós a su alcalde durante los últimos doce años.

Llegar hasta los lugares de delante fue una tarea imposible para los rezagados. «Si se levanta mi madre, ponle La 7», escribió un murciano, ya entrado en años, por WhatsApp desde la iglesia. A la mujer, presumiblemente centenaria, le esperaba la retransmisión en directo del funeral mientras tomaba su café con leche.

Varias pantallas colocadas en los laterales de la Catedral permitieron a la multitud de personas que allí había congregadas seguir la ceremonia con más facilidad. Cierto es que hubo quienes, conforme iba desapareciendo la adrenalina de los primeros momentos de emoción, y el obispo tomó la palabra, fueron decidiendo irse haciendo el mínimo ruido posible; pero fueron los menos.

Las concejalas Ascensión Carreño y Sofía López-Briones entraron en el templo descompuestas por la pena. Visiblemente afectados aparecieron concejales de la oposición, empezando por el portavoz socialista, Ginés Ruiz Maciá, y la concejala del PSOE Esther Nevado, que llegó a lágrima viva.

Las burlas de la Cofradía del Amparo sonaron con la salida del féretro del Ayuntamiento

Muy compungido estuvo también en todo momento José Guillén, inseparable del alcalde desde sus tiempos en la Universidad de Murcia, al que le tocó leer el Libro del Apocalipsis. Aun sabiendo que este texto es típico en esta clase de ceremonias, a más de uno le cambió la cara con la lectura de algún que otro extracto:«El que salga vencedor heredará todo esto». Seguro que es capítulo para los días, semanas y meses venideros. Al terminar la lectura, se sentó junto a su familia y, aunque hizo el gesto de consolar a su hija, fue esta la que terminó dándole golpecitos en la espalda.

José Antonio Serrano, alcalde de Murcia entre 2021 y 2023, el mismo que presentó una moción de censura contra José Ballesta, no faltó a la cita: «Vengo a despedir a un amigo».

El obispo de la Diócesis de Cartagena, José Manuel Lorca Planes, empezó con mal pie, puesto que falló al referirse a las autoridades y nombró antes a la alcaldesa en funciones, Rebeca Pérez, que al delegado del Gobierno, Francisco Lucas. Esto solo debe importarle a este último, líder de los socialistas murcianos, pero el protocolo es el protocolo. Tampoco mencionó a los trabajadores de los medios de comunicación, algo de lo que nunca se olvidaba el difunto alcalde.

Presentaciones hechas, el obispo comenzó su discurso afirmando que «no ha sido una muerte anunciada la de don José Ballesta». La explicación: «No tenía escrito en sus papeles más personales que se iba a rendir, jamás. A don José le hemos visto plantarle cara a la misma muerte, él no ha sido tan frágil como para estar evitando a la Parca».

Lorca Planes, que el lunes visitó la capilla ardiente y dijo que se imaginaba al difunto «montado a caballo y luchando contra un enemigo muy poderoso, la muerte», ayer también reveló nuevas imágenes que se le habían pasado por la cabeza:«Por la sincera experiencia de buscar a nuestro Señor me lo he imaginado estos días cantando junto a santa Teresa de Ávila». Entonces, pasó a leer el poema místico ‘Vivo sin vivir en mí’.

Diego Avilés incluyó una petición de su puño y letra: «Que la Virgen de la Fuensanta le acompañe»

El concejal de Identidad y Cultura, Diego Avilés, incluyó una petición de su puño y letra que decía: «Que la Virgen de la Fuensanta, que siempre le protegió con su manto, le acompañe por los nuevos senderos, en la eterna romería del cielo». Muy emocionado, reconoció más tarde a esta redacción que guardará «para siempre haber estado junto al cuerpo del alcalde en esta jornada». Según él, «trabajar tantos años junto al alcalde ha sido un auténtico regalo». «Le debo todo», subrayó.

«Yo he venido porque soy amiga de su hermano Bartolo. Fui incluso a la boda de José, y lo considero una persona todoterreno», declaró una residente del barrio de El Carmen que prefirió permanecer anónima —a saber por qué—, y su amiga agregó: «Es el sentir de todos los murcianos».

Sin duda, el momento más emocionante de la ceremonia llegó al final, cuando los cuatro hijos de José Ballesta (Pilar, José, Juan y Lucía) subieron al altar para agradecer su asistencia a todos los allí congregados.

Las emotivas palabras de los hijos de Ballesta: "Vaya donde vaya seguiré defendiendo tu 'Murcia bonica'"

L.O.

El público rompió en aplausos cuando Juan no pudo contener las lágrimas al referirse al «vacío intenso» que les deja la muerte de su padre, pero fue la hija pequeña, Lucía, la que terminó por encoger el corazón de los murcianos: «Gracias por inspirarme, por ser un ejemplo a seguir, por ser mi ilusión cada día al estudiar Medicina. Serás la primera persona en la que piense cada día al ir al hospital. Vaya a donde vaya, seguiré defendiendo tu tierra ‘bonica’, tu Murcia, como tú nos enseñaste. Ojalá algún día estés tan orgulloso de mí como yo estaré cada vez que recuerde quién fue mi padre. Te quiero mucho, papá». Para cuando dijo la última palabra, quedaban pocas personas en la Catedral sin pañuelo en la mano y sin los ojos vidriosos.

Terminado el funeral, la gente abandonó el templo para ver ahora cómo el féretro ponía rumbo al coche fúnebre.

«Serás la primera persona en la que piense cada día al ir al hospital», le dijo su hija Lucía al difunto

Los pañuelos que sirvieron hacía pocos minutos para secar las lágrimas, en el exterior y bajo un sol abrasador, pasaron a usarse para retirar las gotas de sudor de la frente. El luto es muy elegante, pero una faena en según qué plazas sin sombraje.

Escoltado por dos guardias de gala, el féretro, portado ahora a hombros por miembros de la Policía Local de Murcia, volvió a recibir el aplauso de miles de murcianos que se encontraban esperando en la Plaza Belluga.

«Usted es muy alta y yo no veo nada», le dijo una vecina a una joven mientras la trasladaba delicadamente cogiéndola de la cintura hacia atrás. Todo quedó ahí y, por última vez, una muchedumbre de lo más variopinta (con agentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado —caballería incluida—, ciudadanos de a pie, turistas, periodistas y fotógrafos, miembros de la Corporación, funcionarios, sacerdotes y miembros de la funeraria) se despidió por última vez de su alcalde.

Subidos los restos mortales al último de los seis coches fúnebres, y listos los familiares y concejales del Equipo de Gobierno en sus vehículos, el cortejo fúnebre inició su andadura entre aplausos de una ciudadanía con la piel erizada.

El cortejo fúnebre realizó cuatro paradas simbólicas de un minuto hasta llegar al tanatorio

«El pueblo de Murcia le está dando un abrazo eterno en esta despedida», dijo a los medios el líder del PP, Núñez Feijóo, tras salir del templo. Recordó que Ballesta consiguió una «mayoría aplastante» en las elecciones de 2023 después de haber sido destituido en 2021. Para él, lo que quiere decir esto es que, «a veces, no importa estar en el poder, lo que importa es tener razón».

El presidente regional, Fernando López Miras, quien dijo sentirse «reconfortado» por la respuesta de los vecinos de Murcia ante la muerte del regidor, explicó que todo el mundo era consciente de que «Ballesta iba a pasar a la historia, pero desde el domingo por la tarde ha pasado a ser eterno».

Aplausos para despedir a José Ballesta en la plaza de Belluga de Murcia

Israel Sánchez

Recorrido hasta el tanatorio

Sin alejarse aún del tumulto, el cortejo fúnebre realizó la primera de varias paradas simbólicas de un minuto en su camino hasta el tanatorio de Jesús, situado en la zona norte de la ciudad. Fue delante de la Catedral, antes del inicio del recorrido, donde volvió a recibir numerosas muestras de cariño y un multitudinario y cálido aplauso.

La segunda parada fue delante de la puerta del Ayuntamiento de Murcia, desde donde dirigió el Gobierno local.

Luego hubo otras dos paradas en referencia a la Universidad de Murcia de la que fue rector. Por un lado, en el edificio de la Convalecencia; y, después, en el Campus de la Merced.

Muchos murcianos de luto cumplieron con la tradición de echar el alboroque tras las exequias

Durante el camino, especialmente mientras se mantuvo en las calles del centro, el cortejo fúnebre fue recibiendo los aplausos de los vecinos, algunos sorprendidos porque no esperaban tener la oportunidad de despedirse de José Ballesta.

Con la familia del alcalde y amigos más cercanos camino del tanatorio, no fueron pocos los murcianos vestidos de luto los que se dispusieron a cumplir con una costumbre bien arraigada como es echar el alboroque y despedir al difunto llenando los bares cercanos con la intención de disfrutar de un buen aperitivo. Consejeros y trabajadores de la Administración pública, los primeros. José Ballesta, al fin y al cabo, era un amante de las tradiciones.

Lluvia de pétalos

José Ballesta recibió durante la jornada de ayer y a lo largo de esta mañana más de 300 coronas de flores, además de numerosos ramos y detalles que evidenciaron el cariño de instituciones y personalidades. Se estima que fueron más de 15.000 personas que visitaron la capilla y demostraron su cariño.

Tras el funeral, las coronas de flores fueron cuidadosamente deshojadas para separar sus pétalos, que fueron entregados a los Caballeros de la Fuensanta con el fin de que se pueda realizar una lluvia de pétalos durante la peregrinación de la Patrona de Murcia en las pedanías. En concreto, la ‘petalada’ ocurrió anoche cuando la Fuensanta llegó a Cabezo de Torres. No hubo ni cohetes ni banda de música porque ella también está de luto.

Según informaron desde el Ayuntamiento de Murcia, en el libro de condolencias físico como en el digital se registraron más de 7.000 dedicatorias en dos días. El Consistorio, no obstante, mantendrá hasta la finalización del luto oficial (hoy) este documento, permitiendo así que miles de murcianos continúen dejando su último mensaje de cariño y gratitud.

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