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Del michiron al DJ: Murcia celebra el Bando de la Huerta

Miles de murcianos toman las calles en el 175 aniversario de las Fiestas de Primavera entre chalecos, zaragüeles y esparteñas

Unos jóvenes sacan unos  vasos de plástico en la Merced. | JUAN CARLOS CAVAL

Unos jóvenes sacan unos vasos de plástico en la Merced. | JUAN CARLOS CAVAL

J.m. Lax Asís / A. Ganuza

Para algunos, no demasiados, el Bando de la Huerta comenzó temprano. Antes incluso de que José Manuel Lorca Planes ofreciera la tradicional misa huertana en la Plaza del Cardenal Belluga, los vecinos que aprovechaban las primeras horas del día para pasear a sus perros se mezclaban con grupos de jóvenes que no estaban dispuestos a desaprovechar ni un minuto del «mejor día del año» en la ciudad, como sugería Luis, un vecino de Santa María de Gracia.

Un grupo de huertanas en la Plaza del Romea. | ISRAEL SÁNCHEZ

Un grupo de huertanas en la Plaza del Romea. | ISRAEL SÁNCHEZ

En las plazas del centro histórico de Murcia, las campanas de la Catedral rivalizaban con los martillos de los otros protagonistas de estas primeras horas del día: operarios y trabajadores de los locales de hostelería del casco antiguo, que se apresuraban para montar a contrarreloj las barras que poco después recibirían a multitudes de festeros.

Un padre sostiene a su hijo en la Plaza de las Flores. | ISRAEL SÁNCHEZ

Un padre sostiene a su hijo en la Plaza de las Flores. | ISRAEL SÁNCHEZ

Las plazas de Santo Domingo, el Romea y, por supuesto, la de las Flores fueron las primeras en llenarse. Principalmente, fueron familias las que ocuparon estos espacios clave del callejero murciano, la mayoría de ellas a partir de las once, doce del mediodía, a modo de continuación de la misa y la posterior procesión de la Virgen de la Fuensanta. El ‘Bando Joven’ comenzaría a coger vuelo algo después y en parques y jardines algo más alejados del centro, como La Pólvora, la Seda y Las Tres Copas.

Un carro con comida en una de las calles de la Plaza del Romea. | ISRAEL SÁNCHEZ

Un carro con comida en una de las calles de la Plaza del Romea. | ISRAEL SÁNCHEZ

Aunque, por supuesto, Alfonso X fue la arteria principal de la ciudad, tanto para grandes como para pequeños. Incluso por allí comenzaron a circular a estas horas los carros de las peñas –cargados de bebida y viandas–, los de los vendedores ambulantes –que se colaban entre la multitud con todo tipo de snacks e incluso elementos de atrezo, de chapas y pines a claveles– y, también, carros y cestas de supermercado ‘tuneados’ para la ocasión y que cargaban con tuppers, bolsas de comida y litros de cerveza y vino.

Una plancha inprovisada en el Jardín de La Fama. | JUAN CARLOS CAVAL

Una plancha inprovisada en el Jardín de La Fama. | JUAN CARLOS CAVAL

Y es que había que aguantar «todo el día», comentaba un joven huertano en la intersección entre el ‘Tontódromo’ y Santo Domingo. «¡Y toda la noche!», puntualizaba uno de sus compañeros, que portaba un biberón o ‘pera’ para salsas, pero cargado con sangría. Y es que, como cada año, esta primavera han surgido nuevas formas de transportar el avituallamiento (más allá de las clásicas botas, garrafas o botellas reutilizadas).

Un grupo de jóvenes dentro del recinto La Repanocha de La Fica. | JUAN CARLOS CAVAL

Un grupo de jóvenes dentro del recinto La Repanocha de La Fica. | JUAN CARLOS CAVAL

En el Romea –que evitó el paso de la patrona– las barras iniciaron el aperitivo huertano y los surtidores de los locales de la plaza no dejaron de servir cañas, mientras algunas panaderías de la zona aprovechaban para hacer su particular ‘agosto’ de principios de abril a base de empanadillas de pisto y pasteles de carne. Eso sí, ya para estas primeras horas de la tarde las colas en las barracas, incluso en aquellas fuera del tumulto, como La Cetra, frente a la Plaza del Padre Joseico, eran significativas (y eso que la cocina no había comenzado a marchar pedidos). «Acho, ¿y si no comemos?», le sugería con sorna un joven a sus amigos.

Unos amigos en torno a una mesa de las barracas del Malecón. | ISRAEL  SÁNCHEZ

Unos amigos en torno a una mesa de las barracas del Malecón. | ISRAEL SÁNCHEZ

La Repanocha en La Fica

Una famila se reúne en el césped del Paseo del Malecón. | ISRAEL  SÁNCHEZ

Una famila se reúne en el césped del Paseo del Malecón. | ISRAEL SÁNCHEZ

Son las doce de la mañana y La Fica ya hierve. Los DJs suenan de fondo y la cola para entrar a La Repanocha serpentea por la avenida. Chicos y chicas, muchos más zaragüelles que refajos —otros con el traje huertano más improvisado que han podido rascar del armario—, se mueven hacia el recinto ferial con la energía que solo da saber que tienes diez horas de fiesta por delante y ni un euro que gastarte en la entrada.

Una chicas hacen cola para entrar en el recinto de La Fica. | JUAN CARLOS CAVAL

Una chicas hacen cola para entrar en el recinto de La Fica. | JUAN CARLOS CAVAL

Este año, La Repanocha ha vuelto al recinto de La Fica para ser el gran punto de encuentro de los jóvenes durante el Bando de la Huerta, con entrada gratuita y una fiesta que espera congregar a decenas de miles de asistentes.

El año pasado la cifra rozó los 35.000 jóvenes a lo largo del día, y todo apunta a que esta edición no será la excepción. El aforo máximo simultáneo es de 16.000 personas, con zonas de sombra, 200 aseos y un hospital de campaña con 36 sanitarios y cuatro ambulancias.

En cuanto a las bebidas, cualquier recipiente vale. Aceiteras de plástico personalizadas con brillos y pegatinas, botellas reutilizables y el clásico vaso ancho, todo vale para hidratarse en un día donde luce el sol típico de Murcia.

Son 175 primaveras las del Bando, pero para algunos de estos jóvenes es la primera, como Lidia y sus cuatro amigas que han venido desde Molina de Segura. «Alguna vez hemos venido con nuestros padres a las barracas o a ver el desfile, pero nosotras solas es la primera vez», señala. «Nos han dicho unas amigas que estuvieron aquí el año pasado, pero que había mucha cola al entrar, por eso hemos venido temprano», apunta su compañera.

A su lado, su amiga Lucía lleva un clavel rojo en el pelo, una camisa blanca, unos vaqueros y un chaleco huertano. «Lo del traje huertano lo pensamos, pero al final... —ríe— esto es lo que había».

La música es el eje central con seis DJs —Pablo Maes, Jota Maro, José Gómez, DLPIN junto a Paul Martin, Little Nookie y Jota DJ— que ofrecerán sesiones continuas de las 11 a las 21 horas. Dentro, el escenario ha sido mejorado este año para que se vea desde cualquier rincón del recinto. Los asistentes pueden traer su propia comida y bebida, aunque sin vidrio, y hay food trucks para los que se olvidan de preparar el bocata.

A dos kilómetros de La Fica, el Jardín de La Fama es otra cosa. Aquí la media de edad sube, las generaciones se mezclan, y los refajos son más numerosos.

En el césped del jardín el olor de las planchas se mezcla con el de la cerveza y bebidas de alta graduación. «Esto es mortal hermano, me está llegando el olor de la panceta y tengo una hambre ahora mismo que me comería un león», cuenta Antonio, que está sentado en círculo con sus amigos. «Hemos llegado temprano para pillar sitio y no nos hemos traído nada para comer, y ahora a ver quién es el guapo que se levanta a por algo», dice mientras se pasa un cubito por el cuello; el calor ya aprieta al sol.

Desde el jardín de La Fama a la Merced el trayecto normal serían dos minutos, pero en entre las corrientes humana se tarda algo más en llegar. En el centro de la plaza la barraca de la peña El Ciazo lleva despachando desde que abrieron las puertas y el bullicio no ha parado. Los vecinos de toda la vida, se mezclan con los visitantes entre olor a michirones y café de olla.

«Es que esto ya es una cita fija», explica Rosa, que vive a dos calles y baja cada año con su familia. «Mis hijos ya no viven conmigo, pero saben que el Bando se celebra en La Merced. No hace falta ni quedar», señala.

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