Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Fiestas de Primavera

Los murcianos cambian el Domingo de Resurrección por el de la barraca en un Malecón convertido en parque temático de la huerta

Vuelven a llenarse los chamizos de penitentes, familias y voluntarios de las peñas para arrancar el primer día ‘de facto’ de las fiestas de primavera

Domingo de Resurrección. Acaba de ocurrir un milagro que levanta de la cama a más o menos devotos y a más o menos escépticos para comprobar si han resucitado las barracas que inician el tiempo de las Fiestas de Primavera. Un milagro que con esta Semana Santa que cae a final de mes recobra la vida de las cuentas corrientes. El pueblo estrena nómina y, como Santo Tomás, hay que gastar para creer en alguno de los 39 chamizos que darán de comer, beber y disfrutar de la primavera a cientos de miles de murcianos.

Las barracas viven hoy uno de sus días "más fuertes de toda la semana de primavera", coincide Mariano, vicepresidente de la Real Peña Huertana La Seda —en el Jardín Chino, junto a otras agrupaciones huertanas—, que ha levantado su chamizo este año con el monárquico distintivo. La única en toda la Región. Por eso las tapas de siempre este año saben a bocati di rex al alcance de todos los murcianos: pistos, tortilla de patatas, papas con ajo, el carnal olor de la longaniza, el tomate con oliva 'partía'… Vuelven a la vida sobre todo aquellos que han realizado la última penitencia en la procesión de laArchicofradía de Nuestro Señor Jesucristo Resucitado.

Dos penitentes se derrumban en las sillas por un calor de esos de Murcia en los que en marzo ya se puede quitar el sayo: "Así es como se termina la Semana Santa y como empiezan las Fiestas de Primavera", brindan con toda la familia. Las túnicas blancas del Resucitado toman las barracas y se lanzan a por el estante de la caña fría, el trono de michirones, y reparten salchichas, longanizas, morcillas y raciones de zarangollo por sus mesas. ¿Y el dulce de los caramelos? El de los paparajotes, matasuegras… Un último empujón, un último… ¡A esta es… al toque de anís del café de olla!

"Este tiempo se vive con alegría porque se gana el sustento de todo el año para la agrupación", recuerda Mariano entre el pasacalles frenético de sus cincuenta voluntarios de la peña. El número mínimo de personas que dan el sabor huertano a los aromas de la primavera. Y con aún más satisfacción si cabe después de tres fines de semana montando la barraca.

A la entrada del paseo del Malecón las familias se detienen a sumergirse en el universo huertano. Se ha recreado una castiza barraca, con sus borricos reales, huertas y tradicionales bolos murcianos que tienen encaprichados a los niños como si acabaran de entrar a un parque temático.

Es el centro neurálgico de las barracas. Las colas de gente para coger mesa desbordan las puertas de 'apalabrá' o 'no apalabrá' en la peña El Almirez. Esta es la que da la bienvenida al borde del puente de los Peligros a todo el que esté dispuesto a romper la cuaresma por todo lo alto. "¿Reserváis para el día del Bando?", pregunta un cliente. "El día del Bando se forman unas colas que dan la vuelta a toda la barraca, pero no podemos fiarnos de reservar; el resto de la semana, sí", aclara Mariano, en lo que será la tónica similar en la mayoría de ventorrillos.

Que el mundo vaya en sentido contrario tampoco es excusa para romper una tradición: "Nosotros hemos reservado para 30 personas, porque nos juntamos el mismo día toda la familia y este año no iba a ser menos", dice el primer comensal en llegar. "Al lado está la mesa de José Luis, de Sanidad", dice Mariano señalando el nombre tal cual escrito, "Sanidad", en la reserva, refiriéndose al secretario general de la consejería.

Los trabajadores de las Barracas de Murcia preparan la comida

Alberto Alcázar

Las barracas se actualizan

Salen diez comandas a la vez de tres pequeñas impresoras distintas. "Un tomate con oliva partía", dice Santi, jefa de cocina y directora de la cuadrilla de baile de la peña La Seda. "¡Que sean cinco!". Ya se ha desatado el turno de comidas. "Hay tres comandas: una para las raciones, otra para la plancha y otra para los postres y el café", explica Lana, una huertana de origen ruso, encargada del estante de la peña, tan arraigada que ya ni se acuerda de cuándo entró en la agrupación. "Me gusta el ambiente, el compañerismo, como familia. Aquí empezaron abuelos, madres, hijos e hijas y ahora vienen los nietos. Me da orgullo ser parte de la peña de La Seda porque me acogieron como si fuera una más", recuerda emocionada. En Rusia, dice, su círculo familiar y amigos ya conocen perfectamente las costumbres huertanas.

Pasa un vaso de Thermomix con las verduras del pisto recién cortadas. Lo dejan caer en una mesa central repleta de lebrillos con zarangollo, embutidos, magra con tomate, cazuelas de café y dos paellas en plena ebullición de pollo y de verduras "para los vegetarianos", dice Pili sobre esta última opción.

Pero en las barracas no se le hacen ascos a casi nada. Pili afirma que ninguna barraca suele desperdiciar comida. Todo se puede reconvertir en exquisitos platos que saben mejor esta semana que en el resto del año. "Todo está recién hecho", sentencia.

Si la receta del paparajote fuera secreta, las peñas tendrían asegurada la herencia. Almudena y Marta, de 12 y 15 años, llevan desde bien pequeñas pegadas a sus raíces huertanas. "Yo entré por mi abuela, que me dijo que la ayudara a servir mesas", dice Almudena. "Yo porque me desapunté de natación y me metí a una peña para hacer una actividad", confiesa Marta.

Pero el caso es que los paparajotes solo saben a Domingo de Gloria un día como el de hoy, y en una semana como esta. Con un rebozado tan delicado como la flor de azahar, y tan crujiente como el ramaje del limonero. Que abran todos los años las barracas no significa que lo hagan siempre. Que el milagro de un sol radiante, el de las mesas familiares, el del estante repleto de abuelos, hijos y nietos, y el de un plato de zarangollo en una barraca con una caña fría, es el milagro de la primavera murciana.

Tracking Pixel Contents