Semana Santa en Murcia
Murcia se postra ante el Silencio
La ciudad se apaga en la noche de Jueves Santo para seguir la luz única del Crucificado que guía a los cristianos en las tinieblas

El aroma del incienso y el bullicio de un día festivo eran patentes en las calles de Murcia. Bares y terrazas a reventar y fieles que regresaban a casa tras admirar los tres pasos de la procesión de la tarde. La segunda procesión del barrio del Carmen, tras los 'coloraos' del Miércoles Santo, llegaba a su fin. La talla de Nuestra Señora de la Soledad en el Calvario, acompañada de los pasos de Jesús en el Calvario y el Cristo del Amor en la conversación con el buen ladrón, regresaba a la iglesia del Carmen junto al cortejo de luto de la Real, Muy Ilustre, Venerable y Antiquísima Archicofradía de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo.
Parecía un día más de culto en Semana Santa; sin embargo, todos los murcianos sabían que esa no era una noche cualquiera.
Tras el bullicio, la música y los redobles de tambores, Murcia apagaba su luz y color cuando las campanas de la iglesia de San Lorenzo anunciaban la procesión del Santísimo Cristo del Refugio. Su cortejo, negro y morado y en completo silencio desde que se ponen el capuz, acompañaba la única luz que brillaba en el centro de la ciudad desde su salida a las diez de la noche, la de su Cristo titular.
Los nazarenos, algunos de ellos descalzos cargados de promesas, portaban velas y faroles, que junto al estandarte de la Cofradía y un tambor destemplado se extendieron con el repicar de una pequeña campana que marcaba el paso del trono del Santísimo Cristo del Refugio, una obra del siglo XVI, atribuida a Jacobo Florentino y que es llevado por 32 portapasos. El cortejo lo cerraba un numeroso grupo de manolas con velas.
Su presencia sobrecogía, su luz era única; a su paso los nazarenos apagaban sus cirios y faroles para dejarse llevar por la luz que el Cristo desprendía. Mientras, los otros miembros de la Cofradía negra y morada aumentaban la veneración del momento del paso del Santísimo Cristo del Refugio, que, crucificado en madera, observaba imponente a los fieles creyentes que habían decidido caminar junto a él la noche del Jueves Santo, en la que, al igual que Murcia, dejaba atrás su luz y alegría. La Semana Santa murciana olvidaba la entrada triunfal del Salvador en Jerusalén el pasado Domingo de Ramos para, tras la Última Cena de Jesucristo y su posterior arresto en Getsemaní una noche como esta, siglos atrás, dar paso a la Pasión y Muerte del Hijo de la Virgen María clavado en la cruz este Viernes Santo.
Tras dejar atrás el templo de San Lorenzo, la comitiva negra y morada pasó por Alejandro Séiquer, MercedSanto DomingoTraperíaHernández AmoresNicolás SalzilloCardenal BellugaApóstolesIsidoro de la Cierva y Cetina, antes de regresar por a la iglesia parroquial de .
Durante su recorrido, el Silencio fue interrumpido por algunos grupos que ofrecieron su voz al Santísimo, como la Coral Discantus. Las tiendas y bares también se vieron sobrecogidos por la luz verdadera que emitía el Cristo del Refugio y apagaron su iluminación exterior.
Ninguno de los allí presentes quería quedarse sin un recuerdo de este momento único del año. Por ello, los asistentes no dudaron en inmortalizar el momento a través de la cámara con flash incorporado de sus respectivos teléfonos móviles, algunos de ellos con sonido incorporado, lo que interrumpía el silencioso camino del Cristo del Refugio y era reprendido por los miembros de la Cofradía, además de por los espectadores más conmovidos que exigían el silencio que el cortejo requería.
Los testigos que seguían su paso se extendían desde la tierra hasta las alturas. Su señal de recogimiento fue la llamada perfecta para que familias y grupos de amigos se acercaran a los balcones de los pisos y viviendas a ofrecer su deferencia al Santísimo que esa noche procesionaba por su calle. Los padres explicaban a los pequeños el significado y la magnitud de esta procesión, que refugiaba en su amparo a todos los murcianos que comenzaron con esta sagrada liturgia en 1942 y que esa noche comenzaba a recogerse pasada la medianoche.
El Silencio dará paso, una vez más, al ruido de los tambores y trompetas, los encargados de anunciar a primera hora de la mañana de hoy que la procesión del Viernes Santo de los Salzillos ya está en la calle para continuar la Semana Santa.
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