Semana Santa Murcia 2026
Dos ángeles a los pies de la Virgen se unen a la Pasión magenta en el cortejo por las calles Murcia
La talla del Santísimo Cristo del Perdón procesiona en Lunes Santo tras su paso por el centro de restauración

Ana Lucas
Los tambores comenzaron a calentar motores a la hora de salida prevista, las seis de la tarde, y a estos se unieron los instrumentos de viento, algunos tan grandes que se portaban sobre estructuras con ruedas.
Un par de minutos después, nazarenos ataviados en túnicas magentas, seguidos de la banda de música, comenzaron a salir de la iglesia de San Antolín Mártir. No faltaron algunos nazarenos descalzos, ya sea como forma de penitencia o bien para agradecer algún favor divino.
La Cruz Guía abrió paso al cortejo y los más pequeños, que conformaban una parte considerable de los asistentes, comenzaron a extender sus manos para pedir caramelos: "¡aquí!, 'aquí!". "Mira, mami, tengo uno", exclamó una pequeña tras conseguir su objetivo.
Traición
Los fieles se arrancaron a aplaudir al ver aparecer la primera talla, Ángeles de la Pasión. La escena, obra de José Hernández Navarro, representa a dos ángeles que portan los atributos de la pasión de Cristo, como son la cruz, la corona de espinas y el cartel con la inscripción INRI, en un trono decorado con flores rosas y rojas. Amor y violencia conviven junto a estos ángeles que acompañaron a Jesús en su ascendimiento al cielo.
Le siguió Getsemaní, también de Hernández Navarro, que representa la oración en el huerto, momentos antes de ser traicionado. A la traición le siguió El Prendimiento, momento en que un romano, lanza en mano, captura a Jesús junto a dos sayones. La talla, obra de José Sánchez Lozano, es una reconstrucción del que tallara Nicolás de Bussy en el siglo XVII, perdido en la Guerra Civil, y también despertó aplausos.
Pasión
Más aplausos resonaron a las puertas de la iglesia a la salida de Jesús ante Caifás, imagen que muestra al tribunal que juzga al Mesías, que aparece atado de manos.
El resultado del juicio es La Flagelación. Jesús, ahora atado a una columna, muestra ya las heridas producidas por el flagelo, sobre un manto de rosas rojas, en la obra de Sánchez Lozano que sustituye a otro Cristo flagelado desaparecido en el incendio y destrucción de la Iglesia de San Antolín.
Pero la penitencia no termina con los latigazos. En La Coronación de Espinas, un sayón impone al Mesías la corona de espinas, mientras otro le ofrece una caña a modo de cetro y le hace burlas. Las manos del Mesías vuelven a estar atadas en la talla de José Hernández Navarro.
El dolor se materializa en el Encuentro en la Vía Dolorosa, cuando la Virgen y San Juan se encuentran con el Salvador cargando la cruz. El Cristo, obra de Sánchez Lozano, viste un manto morado bordado en detalles morados y refleja en su cara la carga del esfuerzo de la penitencia. Frente a él, la Virgen y San Juan, de Miguel Hernández Martínez, son testigos de la Pasión de Cristo.
Durante su camino al monte Calvario, Jesús cayó y La Verónica le secó el sudor con un paño en el que quedó marcada la cara de Jesucristo. La talla, de Francisco Toledo Sánchez, reside sobre un manto de flores blancas y rosas, que subrayan el amor y la pureza presentes en la escena.
La penitencia de Jesucristo culmina con El Ascendimiento, de Hernández Navarro, momento en que la cruz es ascendida con Jesús clavado de muñecas y pies.
Esplendor renovado
Los aplausos más sentidos de la jornada y el repicar de las campanas recibieron a la talla más esperada, la del Santísimo Cristo del Perdón. A la veneración que le muestran sus fieles, se unió el reciente paso por el centro de restauración de la Región para procesionar en todo su esplendor. En concreto, fueron restauradas las imágenes de la Dolorosa, San Juan y María Magdalena, que acompañan al Santísimo Cristo del Perdón, obra de Francisco Salzillo y Alcaraz. Gritos de "¡viva el Cristo del Perdón!" se sucedieron tres veces al paso del titular de la procesión, en el que las rosas rojas que decoraban el trono ascendían hasta lo alto de la cruz.
Las túnicas pasaron a ser del color del luto para recibir a la Virgen de la Soledad, talla que también estaba de estreno, que fue precedida por un conjunto de Manolas, rosarios y cirios en mano. En este caso, la talla de José Sánchez Lozano luce por primera vez dos ángeles que lloran a sus pies, obra de los hermanos Martínez Cava. Los ángeles lloran mientras reposan sobre un manto de rosas blancas, como un espejo que refleja el dolor de la Virgen tras la muerte del Mesías. "Viva la madre de Cristo", clamaron los fieles ante el último paso de la procesión, que regresó a las doce y media de la noche al templo del barrio castizo de San Antolín.
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