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Festejos

La magia de un Entierro de la Sardina atemporal envuelve Murcia como en 1919

La temática infernal de las carrozas de entonces y la alegría festiva de los sardineros del presente convierten la ciudad en una fiesta inolvidable

Santiago Ramón Torres

Santiago Ramón Torres

Demonios y calaveras, soldados del Imperio Romano junto a gigantes y cabezudos acompañados de las algunas deidades griegas que acostumbran a pasear por Murcia en el Entierro de la Sardina, se dieron cita esta tarde en Murcia, que desde las ocho de la tarde regresó a 1919 en el primer acto del 175 aniversario de este magnífico desfile.

Desde San Antolín, el barrio que vio nacer al Entierro de la Sardina, partía la comitiva de más de 300 figurantes para recorrer las calles del Pilar, plaza de San Pedro, plaza de las Flores, Gran Vía, Glorieta, Belluga y Platería hasta llegar a Santo Domingo, donde se instaló un catafalco especial para la quema simbólica de la Sardina.

Encabezaba el desfile los agentes a caballo de la Policía junto al concejal de Cultura del Ayuntamiento de Murcia, Diego Avilés, el presidente de la Agrupación Sardinera de Murcia, Pablo Ruiz Palacios, y el Gran Pez, Javier Pujante, y tras ellos la autoridad romana con la bandera nacional. Empezaba el viaje a tiempos pasados.

A continuación, aparecía la Asociación de Modernistas de Cartagena vestidos de punta en blanco, y algunos incluso con pipa y monóculo para celebrar esta efeméride junto a uno de los grupos de música que ambientaba la fiesta.

A su paso, los patos y pitos clásicos del Entierro se acercaban a intentar asustar al público sentado, mientras la orquesta daba paso a marchas festivas y acudían los gigantes y cabezudos. Personajes de fantasía desde cabras a demonios o payasos, ya que todo está permitido en este mágico desfile.

Pronto llegó el olor del humo de los hachoneros encabezados por la caballista encargada de recoger el Testamento de la Sardina. Las carrozas ya habían llegado.

Así fue la quema de la sardina

CARM

La primera de ellas fue el guerrero y, tras él, la muerte y el infierno con calaveras y fuego hachonero, un enorme demonio y su dragón llegaron en su carro tirado por caballos para asombrar desde los más pequeños a los que no se pierden un desfile del Entierro.

Al fondo emergía Apolo con su lira y una sirena al frente. En su interior, los sardineros prosiguieron repartiendo pitos de madera al público. Como paso final llegó la tropa egipcia comandada por seis Cleopatras custodiando el carro de la sardina ante la decepción de algunos asistentes que se quedaron con ganas de más acción y ambiente festivo.

Los que siguieron el desfile hasta el final observaron la recogida del Testamento de la Sardina en la puerta del Real Casino por las autoridades. Además de la lectura del Testamento, ya en su estación final, desde la plaza de Santo Domingo con Antonio Botías, cronista de la ciudad, acompañado de Pablo Ruiz Palacios, presidente de la Agrupación Sardinera de Murcia, y Diego Avilés, concejal de Cultura del Ayuntamiento de Murcia.

Entre las últimas voluntades de la Sardina, Botías leyó para todos los asistentes la gran consideración de este pescado a la ciudad de Murcia y a su fiesta de Entierro rodeada de dioses del Olimpo a la que definió como "una odisea bendita" o "el Valhalla teñido de murcianía".

El gran final llegó con la muerte anunciada de la sardina con su quema, tras la traca final. Los fuegos artificiales y el himno de España pusieron el punto y aparte a la celebración sardinera que regresará con su gran desfile como es habitual, en las Fiestas de Primavera con todo el reparto de dioses griegos.

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