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Fiestas

Las carrozas del entierro de 1919 regresan del Inframundo con dragones, demonios y sirenas

La calle Sagasta de Murcia reunió toda la mañana a los carros que vuelven a desfilar por la capital esta tarde a las ocho

Una carroza de demonio sobre un dragón durante el homenaje al entierro de la sardina de 1919

Una carroza de demonio sobre un dragón durante el homenaje al entierro de la sardina de 1919 / Israel Sánchez

Santiago Ramón Torres

Santiago Ramón Torres

El 175 aniversario del Entierro de la Sardina ya es una realidad en Murcia. El primero de sus actos, un homenaje a la edición de 1919, está a la vista de los murcianos que observan asombrados en la calle Sagasta la mirada de un demonio y su dragón de fuego, Apolo y su lira junto a una sirena, un guerrero y la sardina como protagonista final.

El primero de los carros dispuestos en Sagasta estaba comandado por una criatura del Averno. Un demonio nacido del fuego del infierno que comanda un dragón, mientras aviva las llamas de su propio carro con las que planea asolar las calles de Murcia para quemar la sardina en Santo Domingo.

Pequeños y mayores que pasaban a su lado aprovechaban la ocasión para fotografiarse con él antes de su puesta en escena en la calle del Pilar. Dos mujeres ancianas comentaban los detalles de su carro infernal. "¡Debe de ser el Demonio!", exclamó una de ellas. "Y ahí está su dragón que tira fuego", respondió su compañera.

Una carroza con un espartano sobre una osa junto al resto de carros para el homenaje.

Una carroza con un espartano sobre una osa junto al resto de carros para el homenaje. / Israel Sánchez

Tras las llamas estaba el carro de Apolo que tocando una lira acompaña a una sirena que posa a la vista de todos. Estos dos carruajes fueron los primeros en llegar a la calle Sagasta, que poco a poco, se transforma, a ritmo de bailar La Bamba y barras de cerveza, en una auténtica fiesta.

La sardina y el guerrero llegaron más tarde de la hora acordada, pero igualmente despertaban la emoción de su público. "¿Y la sardina?", preguntaba una niña ya equipada con un silbato al cuello. "Allí al fondo está", le respondía su padre, mientras le explicaba que estas carrozas eran las mismas que las de 1919.

En la esquina de la calle, florecía la música de mano del dj y cantante dispuesto para la ocasión en el escenario en la puerta de la iglesia de San Antolín. Allí se concentraban los mayores a ritmo de La vida es un carnaval y otras marchas festivas para coger fuerzas antes del gran espectáculo por la tarde.

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