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Fiestas de Primavera

175 aniversario de la Sardina: la generosidad de un festejo que abre los brazos a todo el mundo

Los sardineros no solo se dedican a la juerga: son solidarios cada año con los que no pueden acercarse al gran evento

Sardineros de Momo entregan juguetes en el Virgen de la Arrixaca.

Sardineros de Momo entregan juguetes en el Virgen de la Arrixaca. / L. O.

Ana Lucas

Ana Lucas

La grandeza del Entierro de la Sardina radica en que todo el mundo es parte de la fiesta sin necesidad de subirse a una carroza o si quiera pertenecer a un grupo. Sardineros, sardineras, son todos y cada uno de los seres humanos que, en los días de primavera reventada, salen a la calle, celebran la vida, brindan con paparajotes en una barraca, se echan una marinera regada con cerveza de la tierra, disfrutan de un ‘pastelico’ de carne, se dan un garbeo por el Tontódromo, pillan un pito al vuelo, luchan por alzar una espada de plástico azul arrojada desde una plataforma consagrada a la diosa de la Agricultura o contemplan los fabulosos fuegos artificiales desde el Puente de los Peligros.

No es el festejo sardinero una celebración elitista en la que únicamente los integrantes de una peña disfrutan de los días de jolgorio, vino y rosas. Todos los murcianos (y foráneos) que toman la ciudad en Fiestas de Primavera participan de una ceremonia que no desentonaría en el tríptico del Jardín de las Delicias.

Para que no se quede nadie fuera, los propios sardineros van a ver al que, por una razón u otra, se pueda ver excluido, contra su voluntad. Por ejemplo, siempre hay un día dedicado especialmente a los niños de centros de acogida, a los que, incluso en los dos años en los que el desfile no pudo salir (por culpa del coronavirus), los festeros guardaron sus juguetes.

Grandes y pequeños intentan coger cosas de una carroza del Entierro de la Sardina.

Grandes y pequeños intentan coger cosas de una carroza del Entierro de la Sardina. / ISRAEL SANCHEZ

Del mismo modo, los sardineros van cada año al Virgen de la Arrixaca, para ver a los menores hospitalizados que, por culpa de una dolencia, no van a poder ‘pegarse’ al paso de las carrozas por coger una pelota. Ya se la llevan ellos. Aunque no haya lid, hay regalos, porque la Sardina es dadivosidad y desprendimiento, es altruismo y es magnanimidad.

Apuntó George Sand que «la mejor manera de hacerse recordar es mostrando un corazón generoso». Con esta premisa por bandera, los sardineros calientan motores para lo que está por venir. Ya empezaron, el día que se presentó el cartel de este año, con el reparto de pasteles de carne en el Romea.

Sobre esta generosidad en masa quería poner el acento Javier Pujante, el Gran Pez, cuando habló con este periódico en enero. Destacó que se trata de una labor que «se hace durante todo el año» y daba un paso más al manifestar que «creo que, con motivo del 175 aniversario, debemos dar el do de pecho y multiplicarla por dos». Se viene doble dosis de dadivosidad.

El problema es que se trata de «una labor que conoce la gente de dentro de la Agrupación Sardinera, pero no la de fuera, que solo ve la parte festiva, el color, el fuego, el sonido... pero creo que es muy bonito ayudar a los demás», insistió el Gran Pez de este año.

Este sábado, Revista Sardinera

Mientras llegan los días grandes, los actos sardineros no cesan. Ahora toca la presentación de la Revista Sardinera 2026, la cual está fijada en la Cámara de Comercio, el sábado 7 por la mañana. La publicación es un atlas del esplendor desarrollado el año anterior, un compendio de memoria y ganas, una hemeroteca de color.

Durante la ceremonia se dará a conocer de forma oficial el nombre tanto de Doña Sardinilla como del Chirrete 2026 (los personajes infantiles del festejo) y se procederá a la entrega de la distinción de Sardinero de Honor y del Premio Carroza de la Sardina, comunicaron desde la Agrupación Sardinera.

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