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Fiestas y tradiciones

En el corazón de la fiesta de las pelotas de Patiño, memoria colectiva que se huele, se saborea y se celebra

Miles de vecinos y visitantes disfrutan de la jornada, amenizada por las cuadrillas, en la que se reparten alrededor de 10.000 de las ancestrales albóndigas hechas, sobre todo, con mucho amor

Reparto de pelotas en el 37 Encuentro de Cuadrillas Memorial Manuel Cárceles ‘El Patiñero’

Israel Sánchez

Ana Lucas

Ana Lucas

“Me emociona el bulevar / lleno, bailando una jota, / y el que se empina la bota / de vino para cantar. / El que a medio terminar / de comer, ya lo han llamado, / y su instrumento afinado / coloca con su correa / para tocar lo que sea / con la cuadrilla de al lado”. Estas rimas de Patricia ‘La Trovera’ dan la bienvenida a quien busque información en la web oficial del 37 Encuentro de Cuadrillas Memorial Manuel Cárceles ‘El Patiñero’, que organiza la peña huertana La Hijuela y está declarado de Interés Turístico Regional. El nombre de la web, no obstante, es claro, conciso y correcto: lafiestadelaspelotas.es.

La creación (y la difusión) de las alrededor de 10.000 pelotas de Patiño es ya todo un acontecimiento histórico, educado y forjado como un proyecto eminentemente democrático y popular: grandes y pequeños, hombres y mujeres, toda la población, se vuelca, en las vísperas, para preparar un encuentro de cuadrillas en el que cada año se dan citas miles de personas llegadas de distintos puntos de la Región, también de otras provincias.

El reparto de pelotas con caldo es el colofón de una jornada que arranca, como manda la tradición, con chocolate con churros (en la recepción a las cuadrillas participantes, llegadas desde Aledo, Pulpí, El Esparragal de Puerto Lumbreras, Albacete y Fuente Álamo, además de la anfitriona), sigue con la misa de aguilando y explota en folclore en el bulevar que lleva el nombre del añorado Manuel Cárceles ‘El Patiñero’.

Sillas de plástico negro para todos, incluso para los políticos que ocupaban la primera fila, con el presidente de la Región, Fernando López Miras, como figura destacada. El bulevar se quedó pequeño para los miles de vecinos y visitantes, entre los cuales había muchas personas de edad avanzada y movilidad reducida que, báculo en mano (y hasta en silla de ruedas) no querían perderse la fiesta, que se desarrolló según lo previsto, con algunos problemas puntuales de sonido al final.

Castañuelas y violines

Dos mujeres del público, María Planillas y Magdalena Rubio, hacían sonar sus castañuelas al son de la cuadrilla de El Esparragal de Puerto Lumbreras, en la que suena hasta un violín. Los vecinos bailaban y tocaban las ‘postizas, los foráneos levantaban el móvil para grabarlo todo, en un día que el tiempo acompañó. “Porque, si llega a llover, imagínate tú la desgracia”, comentaba una señora a otra, brazos en jarras y mirando al cielo.

Integrantes del grupo Caldo de Pésoles, procedente de La Albatalía

Integrantes del grupo Caldo de Pésoles, procedente de La Albatalía / L. O.

Bailaron, por ejemplo, casi una treintena de componentes del grupo Caldo de Pésoles, procedente de La Albatalía y fundado por el conocido Miguel Ángel Montesinos Sánchez, ‘El Pantorillas’. “Llevamos varios años bailando y animando la fiesta”, explica Belén, hermana de ‘El Pantorrillas’. Paqui, su compañera, destaca que “esto es genial, venimos, desde que estamos bailando, todos los años; algunas veces, como ven que lo damos todo, nos cuelan un poco para las pelotas”, confiesa.

“Vamos con una jotica de cuatro coplas, ¿os parece bien? A las dos chicas que van vestidas iguales, ¿les parece bien? Pues cuatro coplas”, anunciaba desde el escenario el portavoz de la cuadrilla.

Peluches y pan celestial

A pocos metros, en una tómbola, colgaban peluches de oso (de tres tonalidades de marrón) que parecían trofeos de caza. En los puestos del mercadillo, miel pura de cosecha propia, embutidos artesanos, deliciosas toñas caseras y tortas de chicharrones, entre otros. “Hay pan celestial”, se leía en un letrero.

“Mejor de lo que yo esperaba, a ver qué tal la tarde, esperemos que siga”, comenta, sobre cómo va el día, Mª Carmen Sánchez, miembro de la protectora Salvando a India, de Santiago el Mayor, artesana y encargada de un puesto de “llaveros, bolsos, decoración, velas, pendientes, de todo un poco”, cuyos beneficios van a parar a la protectora. En otro de los stands, de juguetes, se alzaba una bandera de Ecuador, porque de ahí procede su encargado.

Enfrente, el puesto de Javier García Moreno, murciano “de Ronda Sur, de aquí al lado”, que intentaba dar a conocer entre los asistentes alguno de los “más de veinte libros” que ha escrito en sus casi 49 años de vida. “Tengo de todo, de novela de aventura, policiaca, novela negra, romántica, misterio…”, enumeraba el autor, que esperaba que las ventas mejorasen a lo largo del día, porque, a las doce y media del mediodía pasadas, “la gente se está despertando ahora”.

En una mesa, unos metros más adelante, volúmenes sobre ‘El foclorismo en Murcia’ y el siempre recordado (más aún en días así, los que a él más le gustaban) Tío Juan Rita. “La colección la publica la Aurora de Santa Cruz, fundada el 15 de febrero de 1821, y nosotros cantamos todos los domingos del año, a las nueve de la mañana, en la Ermita Vieja de Santa Cruz”, explicaba el secretario de la Hermandad, Joaquín Gris Martínez.

El pulso de generaciones

El pelotero de honor de este recién estrenado 2026 (que subió al escenario tras ser llamado) es Ángel Mateos Guillén, antaño párroco de Patiño, “el encargado de anunciar el reparto de pelotas con caldo y productos de la tierra para todos los asistentes”, apuntaron desde la organización del evento. Y siguió la música. “¡Ahora una de Los Ramones!”, chilla un espontáneo desde el público.

Subrayan desde la peña La Hijuela que ser pelotera (lo dicen en femenino, porque, aunque en los grupos participan varones, son minoría absoluta) “no es solo cocinar: es mantener viva una memoria colectiva que se huele, se saborea y se celebra”. “En cada bola de carne, en cada caldo humeante, late el pulso de generaciones de mujeres que, entre risas, conversaciones y el ir y venir de cucharones, han hecho de esta tarea un verdadero arte”, recalcan los impulsores de la jornada festiva y de raigambre.

"El año pasado no repartimos hasta las tres, y un año hubo alguien que tiró un falso petardo y nos pensábamos que era el cohete que lanzan para empezar”, comentaban en la carpa del grupo 12

Hay competencia sana entre los distintos grupos de peloteras, que al final le rezan al mismo dios. “Solamente juegan para ganar, pero siempre con deportividad”, como dice la sintonía de ‘Oliver y Benji’. “Y no hay nadie mejor para la afición”. Pues eso.

María José Cervetto, integrante de la organización del evento, está pendiente de la carpa (en el exterior de la cual sobrevive un árbol de Navidad) donde comen “las cuadrillas que cantan y algún político, si viene a tomarse una cervecica”. Pepa (“mi madre y la pelotera mayor, de las que hemos tenido que aprender”, apostilla María José), se encarga, ataviada con sus delantal, de que todo esté listo.

Una jornada lúdica que algunos residentes aprovechaban para exigir mejoras para su pueblo. “La pedanía está abandonada, da una pena cómo se ve todo, míralo”, apuntaban, en referencia a una zona anegada de barro y grandes charcos contigua a los puestos del mercadillo instalado para la ocasión. “El charco lleva semanas, es del año pasado”, asegura un paisano, “y luego hay otra zona que es un vertedero, donde tiran la basura, al lado de los pisos sociales. Mira a ver si lo podéis poner en el periódico y nos echáis una mano”.

La canción ‘Querer’ de Viva Suecia podría bien referirse a la fiesta las pelotas cuando dice que “hay algo denso en el aire / que no nos deja caer / es un mal día en el mundo / para desaparecer”. Este segundo domingo del año, en Patiño, sin duda sería un mal día para desaparecer: se perdería uno mucho entusiasmo jolgorio, folclore, sabor, mucho buen rollo, en definitiva.

Si hay algo que reprochar en este día en que las albóndigas son comparables a la ambrosía de los dioses del Olimpo son los tiempos. “El año pasado no repartimos las pelotas hasta las tres, y un año hubo alguien que tiró un petardo, un falso petardo, y nos pensábamos que era el cohete que lanzan para empezar”, comentaban bajo la carpa del grupo 12, liderado por Pureza González Solano. La mujer que mejor hace los buñuelos en su barraca de la peña El Mortero en Fiestas de Primavera, apostilla.

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