Gastronomía
Uno de los bares más míticos de Murcia 'baja la persiana': cierra el Bar Parlamento
Tras más de 50 años al servicio de los murcianos, la jubilación de uno de sus socios, Pedro Sánchez, hace que cierre sus puertas

Pedro Sánchez, en su último día de trabajo en el Bar Parlamento. / Carlos Valcárcel Siso
Carlos Valcárcel Siso
Creo no equivocarme si afirmo que te es indiferente comprar una aspirina en la farmacia del Licenciado Fulano que comprarla en la farmacia del LicenciadoFrutano. O adquirir un determinado libro en cualquiera de las librerías de laciudad. O, incluso, comprar cualquier diario informativo si tu interés se limita a consultar el tiempo, los resultados de los partidos de futbol, la programación de televisión o las necrológicas del día, con la ventaja añadida de que esta información generalmente siempre va a ser veraz y objetiva.
Por el contrario, hay determinados bienes que los contratas y solicitas en atención a las cualidades personales de quien te ha de prestar el servicio que, además, imprime al producto un sello de calidad y excelencia que lo diferencia de otros de los de su mismo género.
Hago estas afirmaciones, probablemente de Perogrullo, para afirmar, sin más preámbulo y también sin riesgo de equivocarme, que si quieres tomar el mejor gin tonic del mundo tienes que ir al Parlamento, pero no al custodiado por dos leones de broce, en Madrid - instalados simbólica y frustradamente para evitar la entrada de indeseables al Congreso- sino al establecimiento que se ubica a la espalda del Casino de Murcia. Entre ambos hay coincidencias, pero también profundas diferencias. En ambos, sus usuarios se convocan para hablar -de ahí el nombre, de origen francés - y en no pocas ocasiones se conversa con mucho más respeto, con mucha más tolerancia, con mucha más amabilidad, educación , atención, concentración , ingenio e interés que en aquél en el que reside la soberanía popular. Es cierto que cuando las libaciones han sido copiosas, una de sus inequívocas y naturales consecuencias se manifiesta en la dificultad para entender el discurso de quien ha abusado de ellas. Y si todos los contertulios están más o menos en la misma ecuación de liquidez, aquello puede convertirse en una torre de Babel. Llegado a este punto, podría valorarse la oportunidad de contratar unos traductores simultáneos , como parece que van a contratar en el Congreso. Aplaudo esta iniciativa si se consiguiera que hablando cada uno en su idioma que, paradójicamente, no pocos tendrán que aprénder, se consigue el entendimiento entre los Diputados de toda clase y color. Aunque no sé exactamente cuál es la razón - seguro que ustedes la intuyen - me muestro muy escéptico. En todo caso, esta situación de dificultad en el fluir del verbo podría mitigarse siguiendo esta sencilla pero eficaz regla que me facilitó mi hermano y amigo , Antonio Alemán: “Un gin tonic es poco; dos, está bien; tres, vuelve a ser poco”.
El Parlamento Bar, es uno de esos lugares emblemáticos de Murcia. Entrar en él es volver en el tiempo a la Murcia de la Transición, donde empresarios, políticos y gentes del mundo de la universidad y la cultura se dieron cita en sus salones, decorados al estilo tradicional inglés. Creo que en alguna ocasión he definido el Parlamento Bar – y si no, lo hago ahora- como el recóndito tragaluz del corazón de Murcia, al que se accede por una angosta escalera que te lleva a otras épocas y a otras personas o personajes, representativas todas ellas de aquella sociedad murciana de los años 80 del siglo pasado. Y desde aquellos tiempos -que no ha llovido tanto como quisiéramos- siempre al frente del negocio ha estado y sigue estando, Pedro Sánchez Valle – Pedro, el de Parlamento- una persona excepcional, hospitalaria, amigo fiel, cariñoso , psicologo, humano y empático . Siempre de buen humor y con una amplia sonrisa, aunque la procesión vaya por dentro. Tiene una voz profunda y grave. Radiofónica. Y te sirve con infinita profesionalidad y esmero, con unos modales propios de obispo. Pedro, al contrario que en la obra de Juan Ruiz Alarcón, prohíbe que las paredes escuchen y así impide que hablen. Pedro podría escribir un voluminoso libro de todo lo vivido en ese universo particular. Per no lo hará , pues otra de sus virtudes es la discreción. Pedro es mudo testigo de muchas historias, cuyas lectura - de ser escritas - incomodarían a muchos y harían temblar a otros tantos.
Pedro forma parte de la clase de abuelos Junior, en el que yo también me incluyo. Está fuerte como un roble y goza de una envidiable salud. Y muy próxima la finalización de su vida laboral, junto con su esposa, tiene puesta la mirada en sus nietos, sus hijos y sus amigos, que somos legión. El día menos pensado Pedro se jubilará y con él habrá terminado una pequeña – pero muy grande- historia de Murcia: la de aquel tragaluz convertido en amplia sonrisa en el corazón de la Ciudad. Un lugar creado para el dialogo y el entendimiento, donde disfrutar de una magnífica copa entre algodones de amistad.
Y termino. Pedro jamás nos dará la formula que emplea para hacer los mejores gin tonic del mundo. Al igual que los inventores de la Coca Cola, de cuya bebida Dios nos libre, Pedro guarda celosamente este secreto que comparte, de por mitad y en proindiviso, con la otra alma del negocio, con Juan Antonio Castillero, de quien escribiré en otra ocasión próximamente
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