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Tradición

Belén Viviente de El Raal, una escuela de oficios para visitar esta Navidad

Durante más de 30 años, los vecinos de la pedanía murciana han instaurado, con sacrificio, esta representación que recupera las tradiciones de la huerta

Belén Viviente de El Raal

Israel Sánchez

En el belén viviente de El Raal, el niño Jesús nació este año el 26 de diciembre. Las lluvias impidieron que se inaugurara el día del nacimiento, como ha sido costumbre por más de 30 años en la pedanía murciana. Hasta el punto de que la calle del recinto recibe el nombre de la representación, donde cada Navidad rememoran las tareas del «estucado de las barracas huertanas, el arado, el trabajo de la caña y el esparto, la fragua...», oficios en peligro de extinción que enumera Ángeles, una de las pastoras más veteranas del belén, que encuentran un escaparate privilegiado en la pedanía. El evento involucra a más de un centenar de vecinos y este año, asegura Ángeles, cuentan con hasta doce bebés que encarnarán al Niño Jesús; todos ellos, acompañados de sus propios padres como José y María. El belén se podrá visitar durante siete días en total, el 27 y 28 de diciembre, el día de año nuevo por la tarde, el 3 y 4 de enero y el día de Reyes.

Los más jóvenes aprenden los oficios tradicionales.  | ISRAEL SÁNCHEZ

Los más jóvenes aprenden los oficios tradicionales. | ISRAEL SÁNCHEZ

Los visitantes que recorren las distintas escenas quedan embriagados por los olores de un menú huertano que se desprende desde una mesa con tres generaciones de mujeres que amasan los pequeños ‘roscos de la abuela’. «Esto se hacía antes, que era barato y le das a todo el mundo», recuerda Encarna, con sus nietos revoloteando sobre la mesa, mientras amasa junto a Maruja. Ella se levantaba «a las cinco de la mañana para montar todo el Belén», subraya emocionada.

Los niños también participan en la representación de toda la pedanía | ISRAEL SÁNCHEZ

Los niños también participan en la representación de toda la pedanía | ISRAEL SÁNCHEZ

Se armó el belén

Tres sartenes sobre hogueras chisporrotean migas que un buen número de mujeres se empeñan en desliar trabajosamente mientras conversan joviales. Ese espíritu de convivencia es el que animó a principios de los años 80 al grupo de jóvenes de la parroquia al que pertenecía Julio Juárez. Comenzaron recogiendo «palés y cualquier material de la calle» para hacer la recreación. «A lo mejor se acercaba un jubilado que era albañil o carpintero y le decíamos: ¡‘Para dentro’! Con los hijos involucrábamos a los padres, con los padres, los abuelos... y así nos fuimos juntando todo el pueblo», recuerda. Todo lo han hecho con sus propias manos y su satisfacción es «ver la gente que pasa» a la cita del belén, dice Ángeles. Para Julio, su recompensa es la recuperación de los oficios tradicionales que transmiten a la siguiente generación. Su hija María «fue el primer niño Jesús», evoca con cariño. Este año, María representa a una alfarera que muestra piezas de artesanía de arcilla y esparto que moldea junto a su padre y que, asegura, aviva en los visitantes el interés para «seguirlo y saber cómo se hacía la arcilla antiguamente».

Con solo nueve años, Alejandra mueve los dedos hábilmente haciendo encaje que le ha enseñado su abuela Mari Carmen. Afirma que le gusta asistir con sus amigos, y es que el recinto está lleno de chiquillos que corretean vestidos de pastores —«Ninguno en su sitio», regaña cariñosamente Ángeles, asando salchichas con sus mayores en las hogueras o jugando con la burra mientras trillan en una era para recordar el trabajo de los abuelos en el campo.

Este año, además, confirman una nueva tradición en el belén viviente de El Raal: una jaima tradicional del Sáhara. Abdullah y su familia son los encargados de cuidar el recinto durante todo el año, ponerlo a punto cuando comienzan las las labores de preparación y de vigilarlo durante la noche. Llevan ya dos años levantando la tienda tradicional de su tierra y, con la hospitalidad propia de los pueblos del desierto, el mismo que atravesó embarazada la Virgen María, ofrecen el tradicional té a los visitantes para despedir con un buen postre uno de los belenes más originales y comprometidos de la Región.

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