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Fue la Fábrica de Harinas de Murcia, pasó 50 años abandonada y ahora se transforma en eje de la creatividad murciana: así será La Constancia

Tras décadas de abandono, parte de este inmueble declarado Bien de Interés Cultural y máximo exponente de la arquitectura industrial de Murcia recibe un nuevo uso

Nueva vida para La Constancia

Nueva vida para La Constancia

Un año después de que el Ejecutivo de José Ballesta incluyera en los Presupuestos de 2025 una partida para la recuperación de la antigua Fábrica de Harinas La Constancia, el Ayuntamiento de Murcia ha presentado por fin el proyecto con el que pretende devolverle la vida a la parte de este edificio histórico que permanecía en deshuso. El plan, según explicaba el alcalde durante el acto de presentación, convertirá la parte abandonada del inmueble en una residencia artística y centro de networking “para jóvenes creadores, integrando patrimonio y cultura contemporánea”.

Cinco décadas de abandono y pérdida

Situada en el barrio del Carmen junto a los Molinos del Río, La Constancia fue durante buena parte del siglo XX uno de los grandes símbolos de la modernización industrial murciana, pero después de cesar su actividad en 1975, parte del edificio entró en una larga fase de olvido que se ha mantenido durante medio siglo en el que el abandono ha dejado profundas: suciedad, deterioro estructural y, sobre todo, la pérdida de buena parte de la maquinaria original, que fue desalojada y almacenada a la intemperie en Balsicas.

Maquinaria de La Constancia, cuando la fábrica estaba operativa.

Maquinaria de La Constancia, cuando la fábrica estaba operativa. / Huerta Viva

Esa situación que en su momento fue denunciada en sendas ocasiones por asociaciones como Huerta Viva, llegó incluso a que se planteara la posibilidad de una infracción contra el patrimonio industrial. Parte de esas piezas, entre ellas tornos, rociadores y máquinas de moler, formaban parte del conjunto declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en 1992, lo que obligaba a su conservación pero la falta de actuaciones municipales durante décadas hizo que buena parte de este legado acabara irremediablemente oxidado.

Los tornos abandonados y oxidados a la intemperie en un almacén de Balsicas.

Los tornos abandonados y oxidados a la intemperie en un almacén de Balsicas. / Huerta Viva

Una joya de la arquitectura industrial

En cualquier caso, el valor patrimonial de La Constancia va más allá de su maquinaria: el edificio, de principios del siglo XX, representa el paso de los antiguos molinos hidráulicos a la industria moderna basada en la molienda por rodillos. Se trata de una “fábrica de pisos” con estructura de hierro, madera de pino rojo y muros de carga de ladrillo y mampostería, un modelo característico de la arquitectura fabril del cambio de siglo según explican desde el portal Región de Murcia Integra.

El inmueble formaba parte de un complejo de cinco edificaciones (de las que solo queda una en pie) que reflejaban las distintas etapas de desarrollo de la industria harinera murciana. En su interior según documentaba la investigadora Manuela Casanoves Lledó en 1995, todavía se conservaban intactas algunas piezas cuando se visitó por primera vez tras su cierre, lo que evidenciaba el enorme valor histórico del conjunto.

De símbolo industrial a espacio creativo

Después de pasar 50 años de inactividad el Ayuntamiento de Murcia plantea una intervención “ligera, respetuosa y orientada al uso ciudadano” que apuesta por limpiar, consolidar y adecuar el edificio sin alterar su estructura original con el objetivo de crear un espacio vivo donde patrimonio y cultura convivan.

El nuevo proyecto contempla dos líneas de acción principales: primero una residencia artística para jóvenes creadores, que ofrecerá estancias de hasta cuatro meses con apoyo curatorial, bolsa de producción y presentación pública de resultados; y por otro, un centro de networking cultural abierto a la comunidad, con encuentros mensuales, mesas de debate sobre financiación y movilidad y actividades formativas sobre derechos de autor o producción cultural.

Con unos 300 metros cuadrados de superficie, la intervención incluirá mejoras estructurales, pavimento antideslizante, baño accesible y sistemas de ventilación, iluminación y climatización actualizados. Se respetarán los muros originales y se adaptará el espacio a las nuevas necesidades culturales y de accesibilidad.

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