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El teléfono de salud mental del Ayuntamiento de Murcia recibe una llamada cada ocho minutos

En un mes, la línea de atención a la salud mental ha atendido una gran diversidad de casos

Laura Aránega y Rosa Miñarro, psicóloga y jefa del Servicio de Promoción de la Salud del Ayuntamiento de Murcia. | JUAN CARLOS CAVAL

«Con tan poquito, recibir tanto es maravilloso», cuenta Laura Aránega. Ella y Helena Vidal son las dos psicólogas que atienden las llamadas del teléfono de salud mental del Ayuntamiento, una línea gratuita gestionada por la Asociación Pausa (900 10 79 13).

Desde que se activó el servicio hace un mes, el teléfono recibe una llamada cada ocho minutos, que suelen durar una media de 20.

Las consultas, como indica Aránega, son muy diversas: lo que están ‘detectando’ en este primer mes es sintomatología ansiosa o depresiva, muchos problemas asociados a la soledad y al aislamiento o llamadas de personas que contactan preocupadas por algún pariente. Esos son los problemas que más abundan. Sin embargo, también han atendido casos de conflictos de pareja, rupturas sentimentales, problemas familiares o laborales, otros asociados al desempleo, adicciones, duelo, abuso sexual, violencia de género, llamadas de personas con trastornos mentales graves o de otras que sufren enfermedades físicas que les producen malestares psicológicos.

La edad de quienes recurren a este servicio está comprendida entre los 18 y los 80 años, aunque la media está en 44.

«Los datos nos dicen que la juventud es un grupo muy castigado por la salud mental, pero lo cierto es que han tenido exámenes y ahora están de vacaciones. Será muy interesante ver los datos pasado el verano», indica Rosa Miñarro, jefa del Servicio de Promoción de la Salud del Ayuntamiento de Murcia.

De hecho, la idea es dar a conocer el servicio en los centros educativos ya que, como añaden ambas, cuando arrancó la línea eran conscientes de que los adolescentes eran quienes tenían más necesidad de sentirse escuchados. Además, subrayan, han sido uno de los grupos que más ha sufrido la pandemia, con la falta de sociabilización imprescindible a esa edad.

«También atendemos una gran cantidad de llamadas de gente que recurre a nosotros por hablar con alguien y desahogarse. Se siente agradecida y acompañada», comenta Laura Aránega.

Las psicólogas identifican cuál es la necesidad principal en función de los factores psicosociales de cada persona.

En definitiva, se trata de un servicio de orientación. Las dos profesionales hacen esa primera recogida de datos en la que detectan cuál es el malestar de quien está al otro lado del teléfono; hacen una evaluación y ‘derivan’ o no el caso -es decir, orientan al paciente- a servicios municipales, de ONGs o servicios públicos y gratuitos al alcance de cualquiera que en muchas ocasiones desconocen o no saben cómo acceder a ellos. «Así, la propia persona que llama hace ese proceso de ‘empoderamiento’, al dar el paso de seguir adelante en el proceso», subraya la psicóloga.

Hay llamadas que, con una sola conversación, se dejan zanjadas. Por ejemplo, las de quienes están en lista de espera para una cita en la seguridad social o la de quienes solo quieren saber qué hacer para que el médico de cabecera les derive a salud mental. En ese caso, se les dice qué es importante que no se dejen en el tintero a la hora de estar en consulta con el médico, qué es importante que le cuenten.

Por otro lado, hay casos en los que invierten más contactos, de situaciones en las que quieren asegurarse «de que hayan accedido a los recursos que necesitaban», explica Aránega. O les vuelven a llamar ellas o, antes de que llegue el momento, son ellos los que vuelven a contactarles, para hacer un seguimiento.

Se coordinan también con los trabajadores del resto de organizaciones o instituciones a tiempo real: existen grupos de apoyo, unos que están abiertos y otros que no tienen cupo porque cierran ciclo y sabemos qué asociaciones tienen espacio para que pueda asistir la gente.

Debido a la diversidad de casos, es difícil encontrar una relación entre las problemáticas que más afectan a según qué edad. De hecho, los jóvenes que se han puesto en contacto con la línea lo han hecho por situaciones muy diversas, aunque sí que es cierto que ese grueso de personas que transmiten su soledad, o que informan de su sintomatología depresiva son adultos, mientras que la juventud aqueja problemas que tienen más que ver con oportunidades laborales o consumo de sustancias.

«La primera semana llamaban muchos hombres en comparación con los datos cuantitativos que manejamos de cuántos acceden a los servicios presenciales -quizás mostrarse débiles se les dificulta por un sesgo de género-, pero ahora llaman más mujeres, esto ha ido cambiando. Un 33% son hombres y el resto, un 67%, mujeres», declara Aránega.

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