Se ha cumplido una semana de la apertura del paso sobre el soterramiento de las vías del tren que separaba Santiago El Mayor con El Carmen. La primera semana de los residentes sin estar sometidos al aislamiento por las dificultades de tránsito contra las que han luchado tantos años. Los vecinos respiran. Y también lo hacen los comerciantes de la zona, que han visto cómo, junto al cruce, ha llegado una afluencia de viandantes que no se veía desde hacía mucho tiempo.

El ‘Súper Las Vías’ frente a las obras del cruce, uno de los más perjudicados por los trabajos | LUIS DAS NEVES

«Yo diría que un 60% más de personas pasan todos los días por aquí», se atreve a afirmar José Reina, un maestro vidriero que tiene su tienda de artesanía desde hace más de 60 años en este barrio murciano. Comenta que «estaba deseando que abrieran el paso» porque llevaba «tres años (desde el comienzo de las obras de soterramiento) completamente encerrados, en los que la gente no pasaba con la misma frecuencia y los comercios se encontraban económicamente muy mal, sin vida, al igual que toda la zona».

«Fueron tres años en los que la gente no pasaba por los comercios»

Reina cuenta que «en cada orilla de la calle se ve una gran movilidad», incluso de «personas que vienen del centro porque se es más fácil llegar y no tienen que dar tantas vueltas». Pero para él eso no es lo único: «Además, como ahora también están pasando los coches y el autobús, todo el que pasa te ve y, si no para hoy, parará mañana. Antes no había manera de que eso ocurriera». «Por fin, esto vuelve a ser como lo había sido toda la vida, volveremos a vivir sin barreras», finaliza el artesano junto con la cerveza que disfruta en la terraza de un bar desde el cual se ve el recién estrenado cruce.

Detrás de la barra del local que colindaba con el anterior bar se encuentra Vili Biserova, una joven que conoció el barrio antes del inicio de las obras desde su trabajo como camarera en la Cafetería Jijona. «Tengo clientes que llevaba tiempo sin ver, que antes no venían, y ahora lo hacen porque se puede pasar fácilmente», expresa. Piensa que se debe a que «muchos de ellos son gente mayor que no quería cruzar por la pasarela, se les hacía complicado venir». Incluso Biserova, que además es vecina, reconoce que está «encantada, como todos los demás», de no tener que volver a usar el puente.

En la acera de enfrente se encuentra María Dolores Riquelme atendiendo su panadería, que tiene el mismo nombre de la localidad: ‘Santiago El Mayor’. Riquelme califica los años de las obras como «criminales», haciendo referencia a «lo que los comercios de la zona han tenido que aguantar; los ha dejado muy resentidos», lamenta. Sin embargo, prefiere quedarse con que «lo hemos conseguido». Para ella, «esto ha sido una muestra de la solidaridad de los murcianos cuando se unen por una causa». La panadera agradece a «todas las personas que han estado implicadas» y que, como a ella, no les ha importado «tener que poner en riesgo sus vidas o esperar a que la policía los detuviera». De todos modos, lo único que lamenta de una manera emotiva es que, «por desgracia, no todos los que han estado estos 30 años de lucha han podido presenciar lo que sí se pudo lograr».

Paco y Encarna son unos de estos luchadores. Su ‘Súper Las Vías’ tiene sus puertas de cara a las construcciones. «Han sido unos años muy malos, siempre con ruido, polvo por todos lados y cuando pasaban con las máquinas se sentía» dice Encarna. «No es que se sintiera, es que movían toda la casa», remata Paco. Ahora que lo peor ha pasado, están satisfechos porque pueden ver la mejora para el barrio. Pero aseguran que se pondrá mejor. Están expectantes por septiembre, cuando vuelvan muchos de vacaciones. «En ese momento, cuando haya más gente, sí que se verá que es una cosa buena para el barrio», culmina Encarna.