El proyecto de mediación comunitaria que promovió hace seis meses la Fundación Jesús Abandonado y el Ayuntamiento de Murcia para mejorar las relaciones y prevenir conflictos entre las personas sin hogar y los vecinos del entorno del comedor social no parece estar funcionando. Según algunos vecinos, la pandemia y la crisis social asociada ha hecho aumentar el flujo de personas que acuden al comedor y, y con ellos, algunos conflictos.

Peleas, pequeños hurtos, amenazas a comerciantes, pernoctaciones en los portales de los edificios aledaños, o conductas incívicas como orinar o defecar en la vía pública, son algunas las denuncias de unos vecinos que han perdido la paciencia. Por ello están preparando una campaña de protestas para demandar una solución que incluirá acciones de comunicación en redes sociales, la colocación de carteles en los balcones, concentraciones en la vía pública, contactos con los medios de comunicación, y reuniones con las autoridades públicas, tanto locales como regionales .

Para canalizar las protestas y organizar una estrategia que logre revertir esta situación, en pocos días, varios vecinos afectados se constituirán como asociación. En principio, la presidencia de esta plataforma vecinal será ocupada por la abogada Elena Asís, que explica que el germen de esta asociación se encuentra en un grupo de Whatsapp donde unos 70 vecinos comunicaban las diversas incidencias relacionadas con la actividad de la Fundación.

«Las dependencias de Jesús Abandonado no tienen la capacidad suficiente para atender al número de personas que van allí ; durante todo el día se forman colas alrededor del comedor social», sostiene Asís que añade que «muchas de estas personas tienen problemas mentales, y Jesús Abandonado no tiene los profesionales ni los recursos para cuidarlos».

Asís señala que la directiva de Jesús Abandonado no está tratando con dignidad a esas personas vulnerables. «Se han puesto una careta, y no sabemos qué está haciendo con el dinero que recibe de las subvenciones; ni siquiera les dejan entrar en el cuarto de baño; muchos pasan la noche al raso en las calles aledañas con mantas y la Fundación no sube la persiana y les dice: quédense aquí a dormir». Asegura la presidenta que es esa incapacidad de la Fundación de hacer frente a toda la demanda social la que está ocasionando perjuicios a las personas más vulnerables y «está degradando el barrio a marchas forzadas».