09 de noviembre de 2019
09.11.2019
La Opinión de Murcia
Iniciativa

Voluntarios recorren Murcia para plantar cara a las colillas abandonadas

Quedan para retirar cigarrillos del suelo y repartir entre los ciudadanos envases, de cristal y plástico reciclado, para que tiren ahí y no en la vía pública el residuo tras fumar

09.11.2019 | 13:04
Espinosa muestra un recipiente donde echar las colillas.

Las campañas contra el tabaco se centran habitualmente en los efectos nocivos que tiene para quien fuma, pero no suelen pararse en los medioambientales. Eso que, según vienen alertando los científicos, las colillas suponen el 30% de los desperdicios mundiales, por delante incluso de las bolsas de plástico. Es más: cada colilla tarda en descomponerse hasta 12 años y son altamente tóxicas.

Con esta premisa en la cabeza se daban cita este sábado en Santo Domingo, en el centro de la capital murciana, voluntarios de distintas asociaciones que acudían a la llamada del plan ODSesiones de la Universidad de Murcia (UMU), enmarcado en el proyecto de impulso de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). En la jornada de reflexión tocaba reflexionar sobre otra cosa no menos importante que el voto: sobre la salud del planeta Tierra.

Nuria Espinosa, socia de Región de Murcia Limpia, explicaba en LA OPINIÓN, poco antes de empezar la ruta hasta la Catedral y la Plaza de las Flores, que el fin era «visivilizar el problema del bandono de colillas en las ciudades». Colillas que «terminan en el alcantarillado, contaminando el agua», lamenta.

«Es un residuo que se abandona por costumbre», tiene claro espinosa, quien pone el ejemplo de que «cuando te estás tomando un refresco por la calle, lo tiras en una papelera». En el caso de un cigarro, la inercia es que vaya al suelo.
«No pretendemos limpiar la ciudad» de forma intensiva, apuntaba la mujer, mientras el equipo de voluntarios se iba preparando, guantes incluidos, porque «si vemos colillas, sí las vamos a recoger y a tirar a un contenedor», deja claro Espinosa,

Además, procedieron a repartir entre los viandantes «pequeños botes para que echen su colilla», con la esperanza de que los lleven consigo y cojan la costumbre de guardar el residuo ahí, hasta que puedan despositarlo en la basura. Se trata de botes de plástico y de cristal, realizados con materiales reciclados. 'Momentos felices', se lee en uno, customizado por las hijas de Laura Fernandez, de Madres por el Clima, quien destacaba que «los filtros de los cigarros no son biodegradables y no hay contenedores específicos en España» para echarlos.

Hay mucha concienciación con el tema de los plásticos (con fotos terribles de islas enteras hechas de plástico, que están destrozando los océanos) y, a la vez, poca con el tema de los cigarrillos. Resulta que las colillas están hechas con acetona de celulosa, una variante del plástico no biodegradable que se esparce por las calles y los espacios naturales de medio mundo.

Al igual que las bolsas de plástico, las colillas que terminan en el mar causan una elevada toxicidad entre la fauna acuática.

Los filtros (introducidos por la industria a mediados de los años 50, cuando fumar estaba de moda) no están incluidos en la prohibición de plásticos de un sólo uso decretada por la Unión Europea para 2021.

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