15 de marzo de 2019
15.03.2019
Investigación

Servicios Sociales y la Policía vuelve a rescatar a una de las ancianas 'presas' en la residencia ilegal de Murcia

La mujer, que padece una dolencia neurodegenerativa, ya fue sacada del club en la operación policial del martes

15.03.2019 | 04:00
La víctima y su hermana salen del centro, en presencia de agentes de Policía y del SEMAS.

Tiene una avanzada edad, padece una enfermedad neurodegenerativa y el pasado martes era una de las personas rescatadas en la operación que tenía lugar en la residencia sin permisos de la calle San Antonio. Si entonces parecía que la mujer ya estaba a salvo (desde el Ayuntamiento de Murcia confirmaron que las cuatro internas rescatadas estaban bien y con sus familias), en el día de ayer se detectó que la misma persona volvía a estar en el club. De donde, afirman fuentes cercanas al caso, una vez más, no le permitían salir.

Tal y como corroboró el Consistorio, esta anciana regresó con sus parientes, pero, apuntan fuentes de toda solvencia, ellos la llevaron de nuevo a la residencia porque, relataron luego a Servicios Sociales, los responsables de la misma les dijeron que todo estaba en orden y que ella podía seguir residiendo ahí. Apenas unas horas después, y tras los testimonios y nuevos datos del caso publicados por LA OPINIÓN, los familiares decidieron que tenían que sacar a la mujer de ahí.

Después de ser alertados por los allegados de la anciana, agentes de la Policía Nacional y Local de Murcia y miembros del Servicio de Emergencia Móvil y Atención Social (SEMAS) acudían ayer por la tarde al ILE Senior Club.

Testigos detallaron que la comitiva de rescate se encontraba, al igual que pasó el martes, con problemas para acceder al interior del lujoso centro, emplazado cerca de la Catedral. Es más, afirman que, cuando llamaron al timbre de la residencia, les llegaron a negar que esta anciana en cuestión estuviese ahí dentro. Cuando la Policía recordó que podría investigarse a los responsables de este centro por retención ilegal, y después de anunciar la presencia de parientes de la interna en el lugar, permitieron la entrada a una hermana de la afectada. Luego bajaron juntas.

La señora (que, al bajar, se fundió en un abrazo con sus rescatadores, subrayan testigos) ya se encuentra a salvo y en otra residencia, confirman desde su entorno.

Uno de los testimonios sobre cómo se vivía en ese club es el de J. «No tengo ropa interior ni medicación ni mis gafas... todo se lo quedaron allí. Mis zapatos, libros, el nórdico». Quien así se expresa es una mujer de 94 años de edad que en diciembre pudo escapar de la residencia sin papeles de la calle San Antonio, tal y como explica a LA OPINIÓN. Lo hizo, subraya, con lo puesto. Y tras tener en el centro como compañera a «una pobre mujer completamente ida, que eso es una pena, le cogí hasta miedo. Y dos más. Tres. Y yo cuatro», rememora.

La anciana, que prefiere no revelar su identidad por temor a represalias, recuerda que ahí «no había calefacción, pasaba frío», y que, de la noche a la mañana, los dueños de la residencia le dijeron que tenía que darles 2.500 euros todos los meses. En su denuncia ante la Policía, puesta cuando huyó, señala que también la insultaban y que le querían dar «una medicación y unos tratamientos que no eran los que el médico me recetaba».

Como lo de la máquina. «Esa máquina está en una habitación especial. Pequeña, no está a la vista de nadie. Me metieron, te ponen unas gafas negras y empiezas a ver visiones de una cantidad de colores. Cosas para volverte loca en una pantallita pequeña. Y así media hora. Luego sales con la cabeza... mal», comenta la víctima. «Esa máquina hay que investigarla y así se lo he dicho a la Policía», asevera al respecto la señora.

«Me insultaron, insultaron a mi marido, no me ayudaban para ducharme, dijeron a mis amigas que no fueran a verme y me impedían comunicarme con ellas para decir que yo ahí estaba mal. Yo pasaba hambre y pasaba frío. Los malos tratos no son solo pegar», dice.

«La notábamos rara, como drogada. Eran sensaciones nuestras y no lo podíamos comprobar», comentaba ayer a este periódico la hija de una mujer que ya salió del centro y reside en otro.

«Cuando mi madre pasaba tres días conmigo, ya estaba más espabilada. Y me decía que no quería volver», apunta a este diario otra mujer, hija de una señora de 70 años. «Ahora empiezas a hilar y dices: 'mi madre no estaba loca'», admite la mujer. Entre las cosas que la víctima le relataba, por ejemplo, que el dueño del centro «se metía con ella en el baño». «Le gritaba. Y a mí me trataba con una prepotencia... Y un par de veces lo callé. Y cuando mi madre iba sin ropa interior y sin sujetador, cogí a la mujer, a Manuela, y se lo expliqué», prosigue la hija de la afectada. La víctima llegó a ir a esa residencia porque sus parientes pensaron, al principio, que «ahí estaría muy bien, en el centro de Murcia». Tras escuchar sus quejas, y ver su estado, ahora su hija tiene claro que aquel lugar «parece una secta, no me mola ese sitio».

Por otro lado, otra vecina, María, asegura que los responsables del club «dejaron vino» a disposición de su anciano padre «encima de la mesa de la cocina, a sabiendas que él se lo tomaría». Entonces su padre sufrió un accidente en el que se rompió una puerta.

«¿Cómo puede un anciano de 84 años, borracho, según ellos, con un problema de debilidad en las piernas, romper una puerta acorazada?», se pregunta su hija, que subraya que a su progenitor «lo estafaron descaradamente» en la residencia ilegal, así como que «pusieron en riesgo su salud».

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook