14 de marzo de 2019
14.03.2019
Testimonio

"No tengo ropa interior ni medicación ni gafas... todo se lo quedaron ellos allí"

Una mujer de 94 años que pasó un mes viviendo en el club relata a LA OPINIÓN cómo logró escapar tras estar "incomunicada" y sentir "miedo"

13.03.2019 | 21:28
"No tengo ropa interior ni medicación ni gafas... todo se lo quedaron ellos allí"

«No tengo ropa interior ni medicación ni mis gafas... todo se lo quedaron allí. Mis zapatos, libros, el nórdico». Quien así se expresa es J., una mujer de 94 años de edad que en diciembre pudo escapar de la residencia sin papeles de la calle San Antonio, tal y como explica a LA OPINIÓN. Lo hizo, subraya, con lo puesto. Y tras tener en el centro como compañera a «una pobre mujer completamente ida, que eso es una pena, le cogí hasta miedo. Y dos más. Tres. Y yo cuatro», rememora.

La anciana, que prefiere no revelar su identidad por temor a represalias, recuerda que ahí «no había calefacción, pasaba frío», y que, de la noche a la mañana, los dueños de la residencia le dijeron que tenía que darles 2.500 euros todos los meses. En su denuncia ante la Policía, puesta cuando huyó, señala que también la insultaban y que le querían dar «una medicación y unos tratamientos que no eran los que el médico me recetaba».

Como lo de la máquina. «Esa máquina está en una habitación especial. Pequeña, no está a la vista de nadie. Me metieron, te ponen unas gafas negras y empiezas a ver visiones de una cantidad de colores. Cosas para volverte loca en una pantallita pequeña. Y así media hora. Luego sales con la cabeza... mal», comenta la víctima. «Esa máquina hay que investigarla y así se lo he dicho a la Policía», asevera al respecto la señora.

«Me insultaron, insultaron a mi marido, no me ayudaban para ducharme, dijeron a mis amigas que no fueran a verme y me impedían comunicarme con ellas para decir que yo ahí estaba mal. Yo pasaba hambre y pasaba frío. Los malos tratos no son solo pegar», dice.

«La notábamos rara, como drogada. Eran sensaciones nuestras y no lo podíamos comprobar», comentaba ayer a este periódico la hija de una mujer que ya salió del centro y reside en otro.

«Cuando mi madre pasaba tres días conmigo, ya estaba más espabilada. Y me decía que no quería volver», apunta a este diario otra mujer, hija de una señora de 70 años. «Ahora empiezas a hilar y dices: 'mi madre no estaba loca'», admite la mujer. Entre las cosas que la víctima le relataba, por ejemplo, que el dueño del centro «se metía con ella en el baño». «Le gritaba. Y a mí me trataba con una prepotencia... Y un par de veces lo callé. Y cuando mi madre iba sin ropa interior y sin sujetador, cogí a la mujer, a Manuela, y se lo expliqué», prosigue la hija de la afectada. La víctima llegó a ir a esa residencia porque sus parientes pensaron, al principio, que «ahí estaría muy bien, en el centro de Murcia». Tras escuchar sus quejas, y ver su estado, ahora su hija tiene claro que aquel lugar «parece una secta, no me mola ese sitio».

Por otro lado, otra vecina, María, asegura que los responsables del club «dejaron vino» a disposición de su anciano padre «encima de la mesa de la cocina, a sabiendas que él se lo tomaría». Entonces su padre sufrió un accidente en el que se rompió una puerta.

«¿Cómo puede un anciano de 84 años, borracho, según ellos, con un problema de debilidad en las piernas, romper una puerta acorazada?», se pregunta su hija, que subraya que a su progenitor «lo estafaron descaradamente» en la residencia ilegal, así como que «pusieron en riesgo su salud».

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