17 de diciembre de 2016
17.12.2016
El lugarico

Jerónimo y Avileses, un bonito pueblo (I)

17.12.2016 | 04:00

Esta pedanía se sitúa a unos 33 kilómetros de la capital, dentro de la zona conocida como 'Campo de Murcia', que se extiende a partir de las laderas de las Sierras de Escalona, Altaona, Columbares y los Villares, contando con una superficie aproximada de 39,437 kilómetros cuadrados, a una altura media de 115 metros sobre el nivel del mar. Limita al norte y este con la pedanía de Sucina; al sur con los municipios de San Javier y Torre Pacheco y, al noroeste con la también pedanía de Gea y Truyols.

Desde el siglo XIII se tiene constancia de la existencia en esta zona de gran cantidad de caseríos que salpicaban las serranías y las tierras que descienden hasta el litoral. Muchos de ellos reciben su nombre de alguna característica orográfica o física del terreno, como puede ser el caso de Balsicas (concentración de pequeñas balsas destinadas a la acumulación de agua para el riego).

En otros casos las denominaciones se derivan de los nombres de los nuevos propietarios, principalmente aragoneses, catalanes y castellanos, que toman posesión de estos territorios tras la conquista cristiana del Reino Murciano. Este es el caso de Avileses, cuyo nombre deriva de 'Avilés', familia que es citada por Cascales como nueva pobladora de estas tierras en el siglo XIV. Respecto al caserío de Lo Jerónimo deriva de la presencia del convento de Los Jerónimos, a escasos kilómetros del núcleo urbano, y que tuvo una gran repercusión en la historia de la localidad.

Dadas las circunstancias de inseguridad y carácter inhóspito del terreno, el movimiento colonizador de las tierras del campo no adquirirá importancia y dinamismo hasta los siglos XVI y XVII. Concretamente, Fernando Jiménez de Gregorio señala que en este último siglo reciben tierras de censo, entre otras, la estirpe de los Avilés.

Durante estos siglos se mantiene en estas fincas una economía pastoril y agrícola extensiva, siendo característica la existencia de caseríos, aunque no formando apretados núcleos, como ocurre en otras regiones españolas, sino salpicando todo el campo.

Según Jiménez de Gregorio, el origen de este tipo de poblamientos proviene de causas históricas: dichos caseríos derivan de los antiguos asentamientos romanos denominados 'villas' o 'villares', o los posteriormente 'rahales' o 'rafales' musulmanes, cada uno de los cuales conformaba una unidad económica completa, formada por la explotación del suelo y por el caserío, en el que se incluyen las dependencias familiares así como para el ganado, el grano y los aperos.

El núcleo urbano surgirá más tarde aprovechando un cruce de caminos, así como la proximidad de una torre, de una venta, de una ermita, de un pozo, de una balsa, etc., donde se irá instalando la población, especialmente la de artesanos, herreros, aperadores, tenderos, tejedores y poco más, que cubrirán las necesidades de la economía agraria predominante en la zona.

Según el citado autor, salvo Fuente Álamo y Los Alcázares, no existen núcleos urbanos hasta bien entrado el siglo XVII. No puede precisarse el momento en el que se produce la concentración de muchos de estos núcleos. Tampoco se conoce en este periodo de tiempo la población existente en los mismos, ya que el número de vecinos del campo se totalizaba con las cifras de todo el municipio de Murcia.

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