Juan Antonio Madrid (Murcia, 1957) es profesor del departamento de Fisiología de la Facultad de Biología de la Universidad de Murcia. También dirige el Laboratorio de Cronobiología en la UMU, donde investiga cómo afectan a las especies la cada vez mayor falta de contraste entre día y noche. Hoy a las 19.00 horas, en el salón de grados de la Facultad de Derecho, explica las conclusiones de sus estudios en una conferencia organizada por la Universidad de Murcia dentro de los actos del Año Internacional de la Biodiversidad.

¿De qué hablará en la conferencia que ofrece hoy en la Facultad de Derecho?

Lo que quiero plantear es que la noche y la oscuridad son necesarias para que la vida funcione correctamente, tanto para los seres humanos como para los animales. Voy a presentar resultados sobre cómo la iluminación nocturna afecta a las especies, con el objetivo de hacer que la gente reflexione sobre esto. La enorme cantidad de luz de la noche afecta a nuestra especie, porque cada vez quedan menos horas sin oscuridad. Cada vez es más difícil encontrar en el planeta zonas de completa oscuridad.

¿Y cómo afecta al ser humano esta cada vez mayor ausencia de oscuridad?

Trabajo en el Laboratorio de Cronobiología de la Universidad de Murcia y una de las líneas que seguimos tiene que ver con la exposición del ser vivo a la luz durante el día y la noche, así como su relación con las enfermedades. El tiempo en el que nos exponemos a la luz solar es muy corto, porque permanecemos gran parte del día en los edificios poco iluminados, y por la noche recibimos mucha más luz de la que debemos recibir. La noche siempre ha existido y todas la especies la han tomado como modelo para organizar su existencia.

¿Qué relación tiene la ausencia de oscuridad con las enfermedades?

Cuando los contrastes entre luz y oscuridad desaparecen, aparecen anomalías en los ritmos biológicos de los seres vivos, y entonces aparecen trastornos. Alteraciones en la memoria del ser humano, demencia transitoria, insomnio... También hemos visto que el exceso de luz nocturna favorece el avance del envejecimiento y del cáncer, sobre todo el de mama y el de próstata. También aparecen trastornos afectivos. Los animales se ven afectados, sobre todo en las rutas migratorias, en las alteraciones de la relación entre depredador y presas, en la época de la reproducción, etcétera. Estamos viendo la punta de un iceberg, porque durante muchos años hemos menospreciado el papel de la oscuridad y la luz en nuestras vidas.

¿Y por qué ocurre esto?

Mire, los seres vivos tenemos una hormona, llamada melatonina, que se desarrolla en función del ciclo diurno/nocturno. Cuando más horas de luz haya, menos hormonas de este tipo producimos. Y la melatonina es antioxidante, es protectora del cuerpo humano frente a las patologías. Y cada vez producimos menos porque no dejamos que se produzca.

Entonces, ¿debemos prescindir de la luz eléctrica?

Evidentemente no. Estamos interesados en la creación y diseño de luces para la noche y luces para el día, porque la luz artificial diurna debe ser diferente a la nocturna. Por ejemplo, la luz con más componentes azules es la que más daño hace por la noche. Esa luz es la que mejor se tolera de día. De noche, es conveniente utilizar luces de tonos más anaranjados, que sí permiten el desarrollo de la hormona melatonina de la que hablábamos.

¿Y la iluminación callejera?

Alrededor de las ciudades se ha creado un halo luminoso cada vez más potente, que no sólo afecta a la observación de las estrellas, sino también a la supervivencia de algunas especies. La luz ambiental debería tener una dirección correcta, hacia abajo, y se tiene que evitar la intromisión lumínica a través de las ventanas. No pude ser que una farola esté junto a las casas e ilumine una habitación como si fuera de día. Se han de utilizar, insisto, luces anaranjadas y en ese sentido en la ciudad de Murcia se ha hecho un buen trabajo.