Uno de los hijos de José Vicente M., a quien se le acusa de matar en enero del pasado año a su mujer y llevar su cadáver en coche hasta la Jefatura Superior de la Policía Nacional de Murcia, aseguró hoy, durante la segunda sesión del juicio con jurado popular que se celebra en la Sección Tercera de la Audiencia Provincial, que su madre vivía "un poco atemorizada y era sumisa, estaba al servicio de mi padre las 24 horas del día", hasta el punto de llegar a ser algo normal el que la tratase con "desprecio y humillación".

A preguntas del Ministerio Fiscal, puntualizó que la relación entre ambos "no era buena e iba por temporadas", aunque cuando había calma en casa, ésta era "tensa", ya que "había altibajos". "No era un ambiente bueno desde que tengo uso de razón", sentenció.

Comentó que los enfrentamientos con su madre sucedían en cualquier día, por ejemplo cuando el trabajo no le iba muy bien a su padre; una situación que no se originó a raíz de que el presunto homicida enfermera y padeciera los dolores de espalda por los que tuvo que ser intervenido quirúrgicamente, sino que "siempre era así, agresivo, y a quien no se le podía decir que no".

El trato que mantenía el acusado con su mujer no respondía tampoco a gestos de cariño, según comentó uno de los hijos, además de que "le recriminaba que no hacía las cosas bien". Por contra, se refirió a su madre como una mujer "tranquila, que no descuidaba a ninguno de mis hermanos ni a mí" y que acompañó siempre a su padre al médico, a pesar de que en algunos momentos de su vida no compartían el domicilio conyugal.

Pese a la actitud de su padre, dejó claro que en ningún momento le dio indicios de que éste fuera celoso y que las discusiones que mantenían se debiera a ello. Sólo hubo una situación parecida, recordó, cuando su madre se marchó una temporada a vivir con su hermana a Alicante y su marido le dijo que "allí no podría vivir si no se prostituía".

Todo ello derivó en que su madre se marchara de casa una vez que sus dos hijos se fueron, porque "no aguantaba más y estaba harta de ser humillaba", volviendo siempre finalmente, y una de las veces incluso el procesado llegó a encerrarla en casa. Su padre respondía a esta actitud argumentando que "tenía que volver para cuidarlo, porque era su obligación".

El día del crimen lo recuerda como un día en el que su padre estaba "calmado y se podía conversar con él", y en términos globales, manifestó que no temió por la vida de su madre, aunque vivía "asustado y tenso en caso por su personalidad autoritaria".

La hermana de la víctima y cuñada del acusado declaró también en el juicio, aunque por videoconferencia desde la Audiencia Provincial de Alicante, por residir allí. En su testimonio, señaló que su hermana "no vivía bien, sufría malos tratos en general y tenía moratones, nunca la vi feliz".

Sobre su cuñado, del que siente una enemistad, odio e ira profunda, recordó que cuando se presentó en Alicante por sorpresa en su domicilio en busca de su mujer y no la localizó dijo que "nos acordaríamos de lo que pasó". "Me culpaba de la relación que tenía mi hermana con él", esgrimió.

"Decía que mi hermana tenía amantes y eso nunca", expuso la testigo, quien resaltó que su hermana le comentó en varias ocasiones que no podía seguir con él y que se sentía, en parte, "atemorizada".

ACTITUD AMENAZANTE CON LOS MÉDICOS.

Por su parte, en esta segunda sesión de la vista oral que se celebra en la Audiencia Provincial de Murcia y que preside la juez María Jover, comparecieron cuatro médicos que trataron, en algún momento, al presunto homicida. Todos ellos, en su declaración, coincidieron en describir a José Vicente M. como un paciente "impaciente, autoritario, exigente y violento", además de que no padece ningún trastorno mental.

El primero en declarar fue un doctor que lo trató durante dos años aproximadamente, antes de que sucedieran los hechos en enero de 2008. Éste afirmó que su paciente se encontraba con síntomas de cansancio y sufría episodios de "disfunción cerebral", atribuible a la medicación que se le administraba.

Así, explicó que los efectos secundarios de uno de los medicamentos y la morfina que tomaba podían ser "sobre todo, sedativos" y provocar "confusión, somnolencia, pérdida de peso, nerviosismo y alucinaciones", aunque dijo que no podía ser categórico al respecto.

El uso prolongado por parte del acusado a estos medicamentos conllevó a que éste sufriera una adicción como consecuencia, aunque en ningún momento la dosis llegó a sus niveles máximos. En concreto, en una escala del 1 al 10, se situaría en 6, indicó el médico, quien añadió después que "no necesariamente" el uso prolongado de estos fármacos pudieran conllevar a que el acusado tuviera comportamientos "violentos".

Otro de los médicos que lo trataron durante varios años, actualmente adjunto de la Unidad de Dolor del hospital Virgen de la Arrixaca de Murcia, confirmó esta adicción al derivado de la morfina; una adicción que, en ningún momento, influyó en el presunto homicida, que se encontraba en tratamiento psiquiátrico, aunque su postura hacia el mismo era reacia.

Sin embargo, durante el tiempo que lo examinó nunca observó episodios de disfunción cerebral, pero sí que lo describió como "un hombre nada tranquilo, muy exigente, autoritario y de carácter violento". El trato que pudo comprobar en la consulta hacia su mujer era de "humillación psicológica, ella iba de acompañante y resignada, sumisa", sostuvo.

La doctora de la prisión confirmó que su paciente se encuentra en un módulo de enfermería, debido a que es sexagenario, y dejó claro que no sufre ningún trastorno mental ni patología psíquica", simplemente es un paciente cuyo comportamiento con los otros médicos es "exigente y responde a un autoritarismo, no apreciando su trabajo".

Por último, el médico que lo operó de la columna en 2006 también consideró que ésta es una persona "conflictiva", hasta el máximo de que la actitud que tenía con el personal de planta y con él era "amenazante".

MAÑANA, LA TERCERA Y ÚLTIMA SESIÓN.

La tercera y última sesión del juicio se retomará mañana, en sesión de mañana y tarde, con la declaración de los médicos forenses y familiares del acusado y la víctima.

Los hechos ocurrieron en enero del pasado año, cuando José Vicente M. mató a su mujer, con la que llevaba 38 años casado y tenían tres hijos en común, al negarse ésta a retomar la relación, y llevó su cadáver en coche hasta la Jefatura Superior de la Policía Nacional.

El acusado fue a recoger a su mujer a casa de su hijo, y una vez que ambos ya estaban en el vehículo, comenzaron a hablar sobre su situación personal y la posibilidad de volver juntos, a lo que la mujer se negó.

En ese momento, iniciaron ambos la marcha hacia la autovía para que ésta volviera a casa de su hijo, momento en el que el acusado, tras insistir nuevamente y "contrariado por dicha negativa", cogió un cuchillo que llevaba en el bolsillo lateral de la puerta del conductor, de 13 centímetros de hoja, y "de modo sorpresivo y sin que pudiera ser advertido por la fallecida, le asestó una primera puñalada en el hemitórax izquierdo, que lesionó el pulmón produciéndole una fuerte hemorragia y un 'shock' hipovolémico que le causó la muerte".

La segunda puñalada en la espalda afectó al quinto espacio intercostal de la víctima, que si bien no era mortal de necesidad, coadyuvó a que se produjera el desenlace fatal.

Para el fiscal, los hechos son constitutivos de un delito de asesinato, por el que pide una pena de 18 años de cárcel. La acusación particular pide 20 años, mientras que la defensa reclama la absolución.