Agentes del Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil de Murcia, en la denominada operación 'Metril' dirigida a la lucha contra el fraude en el comercio y uso de productos fitosanitarios en la agricultura con posibles riesgos contra la salud pública y el medio ambiente han vuelto a dar un duro golpe al comercio ilegal de productos químicos.

Este lunes el Seprona detuvo a A.P.L., de 58 años, nacionalidad española y vecino de Las Torres de Cotillas y a E.P.F, colombiano de 57 años y vecino de Alcantarilla, por presuntos delitos contra la salud pública; contra los recursos naturales y el medio ambiente; y contra la propiedad industrial, incautándose de un total de 12.700 kilos de productos fitosanitarios ilegales.

Producto experimental

Tras varios meses de seguimiento y vigilancia a las actividades de un establecimiento de venta de este tipo de productos en la localidad de Sangonera la Seca, el Seprona interceptó el lunes un camión cargado con 200 de kilos de productos fitosanitarios irregulares, cuyos envases contenedores únicamente poseían una etiqueta con la leyenda 'tóxico'. Dicho género acababa de llegar al lugar procedente de una fábrica ubicada en Francia y podría tratarse de un pesticida en fase de pruebas y, por lo tanto, no evaluado ni autorizado en nuestro país. de hecho, los agentes de la Guardia Civil han enviado varias muestras de este producto a laboratorio para poder determinar su composición.

Posteriormente los agentes de Seprona se trasladaron a una nave del polígono industrial de San Ginés, que había localizado en el transcurso de la investigación, en cuyo interior fueron hallados 50 bidones de 250 kilos cada uno con la sustancia fitosanitaria denominada methyl parathion técnico, la cual se encuentra retirada del mercado desde el año 2004 por decisión expresa de las autoridades de la Unión Europea.

Este producto es un pesticida muy agresivo que se usaba en las hortalizas y que puede producir graves daños a las salud de las personas, tanto a las personas que lo manipulaban como a los que consumiesen los productos de huerta tratados con este producto químico. De hecho, los bidones se encontraban etiquetados con la inscripción 'muy tóxico' y el pictograma propio de este tipo de catalogación (una calavera y dos tibias cruzadas en aspa).

Las investigaciones apuntan a que la sociedad delictiva mantenía frecuentes contactos con fabricantes de este tipo de productos químicos en varios países europeos y asiáticos, los cuales le facilitaban la mercancía ilegal.