El párroco Regulo Cayuela, de los altares a las calles de Lorca
Dará nombre al bulevar que une la Plaza del Cristo de la Sangre con el atrio de San Cristóbal

El reverendo Régulo Cayuela, junto a Fulgencio Gil Jódar, alcalde de Lorca. / La Opinión
El paseo que une la Plaza del Santísimo Cristo de la Sangre con el atrio de la iglesia de San Cristóbal se denominará ‘Reverendo Régulo Ginés Cayuela Lozano’. Así lo ha acordado por unanimidad el Pleno municipal que se ha celebrado este lunes. Una decisión con la que se pretende destacar la trayectoria, compromiso y esfuerzo durante las dos últimas décadas en el municipio del lorquino, nacido en Caracas (Venezuela), después de que sus padres se viesen obligados a emigrar a ese país.
El nuevo espacio surgía tras el traslado de los puestos de la Plaza de la Hortaliza a la Plaza del Santísimo Cristo de la Sangre, junto a la calle San Pedro Soler. Esta última actualizaba su denominación recientemente después de que el fraile franciscano del barrio de San Cristóbal se convirtiera en el primer santo de Lorca. Una decisión del Papa Francisco que lo ‘alzaba’ hasta lo más alto de los altares en una ceremonia que se celebraba en la Plaza de San Pedro de Roma en octubre de 2024 y cuya peregrinación encabezaba Régulo Cayuela como uno de los máximos impulsores de su canonización en las dos últimas décadas.
El reconocimiento de Lorca le llega en un momento en que se encuentra inmerso en la celebración del 25 aniversario desde que fue ordenado como sacerdote, ejerciendo su pastoral cuatro años en Manila (Filipinas), en San Miguel Arcángel; dos años en la iglesia de la Santa Cruz, en Campillo (Lorca); y los últimos 20 años como párroco de la iglesia de San Cristóbal de Lorca, y del Sagrado Corazón de Jesús de La Hoya e Hinojar.
Durante estas dos últimas décadas como párroco de la iglesia de San Cristóbal ha tenido que hacer frente a numerosas dificultades, como el terremoto de mayo de 2011, que causó graves daños en el templo. Una situación que se vio aún más complicada un año después del seísmo, en septiembre de 2012. Con motivo de la riada de San Wenceslao, el 28 de septiembre de aquel año, las lluvias torrenciales provocaron el derrumbe de la Capilla de San Antonio. Más tarde, la pandemia le llevó a ejercer su Pastoral a través de las redes, oficiando las celebraciones no sólo para los feligreses de su parroquia, sino también para su comunidad en Filipinas.
El reconocimiento viene avalado por sus cualidades que le definen como una persona excepcional, ha dicho el alcalde, Fulgencio Gil Jódar, que ha señalado que ha sabido enfrentarse a las adversidades, siempre con empatía y comprensión. «Todos hemos coincidido en que era de justicia que ese espacio emblemático, muy cerca de la calle San Pedro Soler, otro lorquino ilustre por el que tanto ha luchado hasta lograr que llegara a los altares, debía llevar su nombre. Es un reconocimiento a su trabajo, su esfuerzo y a su amor por Lorca».
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