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Semana Santa

Jesucristo desfila triunfal por la calles de Lorca para proclamar su resurrección

El ‘Palero’ toma las calles junto a María Santísima de la Encarnación y Asunción con una procesión de gloria

Encuentro entre el Resucitado y la Encarnación.

Encuentro entre el Resucitado y la Encarnación. / Elisabet Soto

Daniel Navarro

Daniel Navarro

Este domingo la ciudad de Lorca era una fiesta. Y lo era gracias a los miles de personas que se daban cita en las calles del Casco Histórico donde Cristo Resucitado, junto a María Santísima de la Encarnación y Asunción, ponía de manifiesto –de nuevo– su triunfo sobre la muerte.

Así, tal y como aquella mañana de Pascua de hace dos mil años, Jesús –representado con un pie en el sepulcro y otro en el aire– procesionaba por la vieja ciudad en compañía de su madre, María Santísima de la Encarnación y Asunción, ambos esplendorosos. Portando el estandarte victorioso de su triunfo frente a la muerte, Jesús Resucitado salía de la antigua Colegiata de San Patricio para encontrarse con su madre ante una Plaza de España abarrotada, donde los cohetes y el 'Aleluya' de Haëndel contribuían a la celebración.

Todas las cofradías de Lorca, representadas a través de sus estandartes, rendían pleitesía a las imágenes durante el emocionante encuentro. Blancos, azules, encarnados, morados, negros y Archicofradía de Jesús Resucitado, se alineaban para enmarcar el íntimo momento entre la Madre y el Hijo después de la resurrección de este último en pleno centro de la Plaza de España. Además, los componentes de Coros y Danzas cantaban y bailaban la ‘Jota Lorquina’, otra muestra de alegría y exaltación popular para celebrar la vuelta a la vida del Hijo de Dios.

Poco después, se iniciaba el cortejo, recuperándose el paso por la calle Selgas, puesto que los avances en la construcción del Palacio de Justicia ya han avanzado lo suficiente como para retirar los obstáculos. Al paso de los tronos bajo Ayuntamiento caían las tradicionales ‘aleluyas’ de mil colores que los más pequeños recogían para coleccionar. El cortejo lo abrían los estandartes de las cofradías de Semana Santa, que guiaban el paso de la procesión por las calles de la vieja ciudad.

El Domingo de Resurrección de Lorca, en imágenes

La Virgen de la Encarnación a su paso por la Corredera. / Elisabet Soto

La imagen de Roque López, de 1800, bajaba por Selgas mientras desde lo alto, en los recodos, podía contemplarse Santa María, la que en otros tiempos fue la sede religiosa de la Archicofradía, y que abandonara por obligación tras la guerra civil. Entonces, cuentan los mayores del barrio, fue salvado y escondido en el Ayuntamiento donde permanecía durante algún tiempo. Su estancia en el lugar le llevaba a recibir el título de ‘Alcalde Honorífico’ en 2002, por ser el que más tiempo había ocupado el despacho del alcalde. Es por lo que la imagen del ‘Palero’ lleva en su mano derecha un bastón de mando idéntico al que luce el mandatario de la ciudad.

El Domingo de Resurrección de Lorca, en imágenes

El Resucitado volvía a pasar por la calle Selgas. / Elisabet Soto

El desfile continuaba hasta Fernando el Santo y Alfonso X el Santo. Al paso por la iglesia de San Francisco las campanas de su torre repicaban en señal de júbilo. Y se adentraba la procesión en la Corredera, para abandonarla en Álamo y continuar hasta la Plaza de España. Bajo el balcón principal se producía un nuevo ‘encuentro’ entre la Madre y el Hijo, que subían por la cuesta de la calle Corregidor camino de la fachada principal de San Patricio, en el último tramo de la procesión. Para entonces, el sol calentaba, aunque una suave brisa fresca se dejaba sentir. Las ‘aleluyas’ volvían a caer entremezcladas con pétalos de rosas y claveles. Mientras la Agrupación Mater Dolorosa y la Banda de Cornetas y Tambores del Paso Encarnado interpretaban distintas piezas.

El Domingo de Resurrección de Lorca, en imágenes

Estandarte del Resucitado, de Francisco Cayuela. / Elisabet Soto

Poco después, entre un pasillo de gala conformado por los estandartes que procesionaban, María y Jesús entraban a San Patricio por la puerta principal entre los sones del Himno de España.

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