Semana Santa
Cuando las campanas callan: El municipio de Murcia que recupera la carraca en Semana Santa
Una de las muchas novedades de esta Semana Santa será el uso de la carraca para anunciar la muerte del Señor

Enrique Soler

El peculiar sonido de la carraca anunciado los oficios y las horas de rezo, cuando la campana esta muda por la muerte de El Salvador, se retomará en la Ciudad Santa del Noroeste murciano, tras decenios de silencio.
Se trata de una de las novedades que ha impulsado este año la nueva junta de la Agrupación de Cofradías de Semana Santa
Se trata de una de las novedades que ha impulsado este año la nueva junta de la Agrupación de Cofradías de Semana Santa de Caravaca, con su presidente Juan Esteban Piernas a la cabeza.

Entrega de la carraca, durante el pregón de Semana Santa / Enrique Soler
El pasado 22 de marzo, durante la lectura del pregón, el vicario de zona, David Martínez, procedía a la bendición de la nueva carraca, gracias a la donación de la empresa local Maquinaria Caravaca. Días después se procedía a su instalación en penúltimo cuerpo del campanario de la torre de la iglesia mayor de El Salvador.
La carraca, construida por una empresa valenciana, tiene 1,50 por 40 con cuatro martillos por ángulo
La carraca, construida por una empresa valenciana, tiene 1,50 por 40 con cuatro martillos por ángulo. Además, se ha realizado un sistema de automatización para qué se puede activar y programar directamente desde la sacristía, sin necesidad de tener que subir al campanario.
Curiosidad entre los habitantes del municipio
En estos últimos días es mucha la curiosidad que ha despertado entre los caravaqueños, la recuperación de la carraca, ¿por qué se utiliza?, ¿cuándo se utiliza?... Este instrumento de madera anunciará en Viernes Santo la celebración de la Pasión y Muerte del Señor, así como el inicio de las procesiones del Jueves Santo y Viernes Santo. El presidente de la Agrupación de Cofradías, Juan Esteban Piernas, ha recordado que “se pretende que el sonido de esta Carraca nos recuerde siempre el sacrificio de Jesús en la Cruz, pues este nos hará recordar el momento en que se clavó a ella y el sonar del martillo”
Toque de carraca
Jueves Santo:
19:05 Oficios (tras rezar el Gloria)
20'00 Procesión de la Virgen Blanca
22'30 Hora Santa
23'55 Procesión del Silencio
Viernes Santo:
11'00 Procesión del Encuentro
12'00 Toque
15'00 Hora de la muerte del Señor
18'00 Oficios
21'00 Procesión del Santo Entierro
Sábado Santo:
9'00 Rezo de Laudes
12'00 Toque
19'00 Toque
21'00 Toque
23'00 (antes del Gloria)
Sonido ancestral

Bendición de la carraca / Enrique Soler
El Cronista Oficial de la Región de Murcia y de Caravaca, José Antonio Melgares, explica en un artículo que se trata de un sonido que se rescata para el triduo sacro como sonó en los oídos de nuestros padres y abuelos.
Recuerdo en mi niñez más remota, cómo en los días previos a la Semana Santa, se hacían presentes en El Salvador, frente a mi casa, los integrantes de la familia “Firlaque” y sus empleados (que tenían su empresa de carpintería en la C. “Nueva”), dispuestos, como siempre, a la colaboración desinteresada en el culto parroquial.
Montaban con habilidad y destreza, en la torre, en la parte que mira a la Plaza del Arco, un artilugio de madera, compuesto de tablas y mazos, que al golpear la superficie plana de esta producían un ruido seco y apagado. Aquello era la carraca, cuya voz sustituía a la de las campanas a partir del momento del “Gloria” en la misa del Jueves Santo y hasta el mismo momento del “Sábado de Resurrección”.
La tradición popular proponía al mundo cristiano un silencio respetuoso durante esos días
Y es que, en un otrora no tan lejano, los oficios de la Semana Santa tenían lugar por la mañana el jueves y viernes santo, así como el sábado. La tradición popular proponía al mundo cristiano un silencio respetuoso durante esos días. Las emisoras de radio solo emitían música clásica. La TV no ponía anuncios publicitarios, e incluía en su programación películas de tema bíblico. La empresa “Orrico” propietaria de los cines de la ciudad, cerraba sus puertas y Caravaca, (como todos los demás lugares de España), se sumía en el silencio que pocos ruidos urbanos lo interrumpían. Las gentes visitaban los monumentos eucarísticos montados en los diversos templos (que rivalizaban entre ellos por el lujo y esplendor con que se disponían). La alimentación era la propia de ese esas fechas, y el día de Viernes Santo todos cumplíamos con el ayuno y la abstinencia prescritos. Solo la Carraca, convocando desde la torre a los fieles que quisieran asistir a los oficios religiosos en el templo mayor, rompía, con su sonido afónico y poderoso (que entonces se escuchaba en toda la ciudad), el silencio que, respetuosamente, se adueñaba del ambiente.
El sábado (entonces llamado de “Gloria”), las gentes disfrutaban del momento de la “Resurrección”, en el que, en todos los templos, se descubrían las imágenes de los paños morados que las cubrían desde el Sábado de Pasión. Volvía a sonar el órgano (o el “armonium”), acompañando los cánticos del coro. Tocaban de nuevo las campanas en el interior del templo y en la torre, uniéndose a ellas las del resto de las torres y espadañas de la ciudad.
A la salida del “los Oficios” del Sábado, tenía lugar “el Aleluya”, momento prolongado al que me he referido en otras ocasiones, y en las casas se preparaba la comida en el campo que todos celebraban al día siguiente: Domingo de Pascua. Esa comida campestre se prolongaba, como merienda, los días lunes y martes siguientes, en una celebración pascual comunal, en la que se olvidaban las prohibiciones cuaresmales de ayunos y abstinencias y se daba buena cuenta del “conejo frito con tomate” (la tradicional “fritá”), la tortilla de patatas y como postre la típica “Mona de Pascua”
La “Carraca” enmudecía a partir de ese momento, días más tarde se desmontaba de la torre de El Salvador por los miembros de la misma familia “Firlaque”, dejándose en una de las habitaciones que sirven de almacén en la misma torre, donde permanecía, como en un sueño invernal, hasta las vísperas inmediatas de la Semana Santa siguiente.
Decían que fue “el Concilio” el que acabó con el sonido de la “Carraca”, pues el Concilio Vaticano Segundo, que convocó el papa Juan XXIII en 1962 y clausuró Pablo VI en 1965, fue para muchos una especie de “cajón de sastre” donde los curas “de misa y olla” introdujeron todo lo que no les apetecía hacer, sin que el dicho Concilio entrase a disponer ni quitar nada de lo que se le culpó. El caso es que, como tantas otras cosas, la Carraca no volvió a montarse en la torre, un año que no sabría concretar, apagándose su voz durante la Semana Santa. A quienes la echamos de menos (que no fuimos muchos, por cierto), se nos dijo que se había roto… Que ya no se escuchaba su voz en una ciudad más grande donde competían otros ruidos más poderosos… O que la había prohibido el Concilio.
En algunos lugares de nuestra geografía regional, no se llegó a desmontar de la torre, donde por cierto permanecía todo el año y donde tras unos años de abandono volvió a recuperar su sonido; y en otros, como el nuestro, nos cruzamos de brazos y aceptamos, sumisos, su silencio, no dejando por ello de añorarlo.
Hoy, muchos años después, ni me atrevo a aventurar cuantos, el equipo que lidera la organización de la Semana Santa Caravaqueña, y que preside con audacia e ilusión Juan Esteban Piernas Marín, devuelve a la ciudad, y a sus gentes, un sonido que dejó de escucharse mucho tiempo atrás, como he dicho, tanto que los de sesenta años o menos nunca lo escucharon, aunque hubieran oído a alguien hablar de él.
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