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Fiestas de Ricote 2026

Ricote, el vaciamiento silencioso: cuando un pueblo envejece sin relevo ni vivienda

La falta de vivienda asequible y la escasez de oportunidades laborales empujan a los jóvenes de Ricote a abandonar el municipio, agravando su proceso de vaciamiento

Un grupo de ricoteños tomando el sol en un banco del municipio.

Un grupo de ricoteños tomando el sol en un banco del municipio. / L. O.

Francisco José Bermejo

Tendemos a pensar que el ‘vaciamiento’ es algo que pasa por ahí, por Soria, o por Extremadura, donde amplias comarcas se despueblan, pero este fenómeno no es patrimonio de ningún lugar. El vaciamiento puede ser visto como un proceso negativo, que acaba con el abandono de zonas rurales o ruralizadas, y la degradación progresiva de servicios públicos y privados, y oportunidades. Cierran los bancos, los colegios concentran clases, no hay nacimientos, hay un alto grado de envejecimiento, los jóvenes se marchan, no existe trabajo y el que hay es escaso y precario, cada vez hay menos vida social, los servicios públicos son deficientes, las infraestructuras son cada vez más precarias, y el capital social acaba huyendo. Normalmente los afectados (población autóctona residente) no se dan cuenta, y acaban acostumbrándose o pensando que la solución a estos problemas la tienen que ofrecer los políticos o las administraciones, que de uno y otro signo históricamente no han prestado atención, han minimizado la importancia de este fenómeno, o han mirado hacia otro lado. El vaciamiento, no es tan solo la despoblación, sino la discriminación de territorios y de personas, y la ineficiencia de las instituciones. Son territorios donde se es menos ciudadano que en otros.

En Ricote se dan muchos indicadores que lo colocan en este proceso de degradación. La población está muy envejecida, hay altos grados de mortalidad, no hay reemplazo generacional, y los jóvenes se marchan. En una conversación con una persona mayor (muy mayor) me decía: «Hay una costumbre en el pueblo o una creencia. Se piensa que cuando un mochuelo canta por la noche y otro le contesta, hay alguien que va a morir. En el tiempo de la COVID vino un cura nuevo al pueblo y los ancianos, y no tan ancianos, caían como moscas, unos por enfermedades, los otros por desgracias, accidentes … El cura estaba muy compungido porque nada más enterraba gente. Lo normal no solo en esta época, era que por cada 30 personas que murieran, nacieran tres… Hace poco murió ‘Fulanito’. Había durante dos noches dos mochuelos cantando cerca de su casa. Uno ‘miulaba’ y el otro le contestaba, al poco tiempo se murió ese. En breve en tu barrio no van a quedar ni ancianos, ni nadie».

El hecho de que las personas mueran en grandes proporciones se encuadra en la creencia ancestral de que el mochuelo avisa cuando la muerte se va a llevar a alguien. La despoblación se adorna en el discurso con este sentido mágico-religioso. La creencia (para algunos superstición) del canto del Búho viene de antiguo. Para la iglesia, y según qué épocas, los búhos al igual que los gatos eran animales del diablo (representados en los aquelarres de las brujas), y traían mala suerte. Si un búho (mochuelo) iba por la noche a tu casa, o ‘miulaba’ en las cercanías de la misma, o en tu ventana, era un aviso de mal fario, de muerte o desgracia. Todavía en los pueblos el canto del mochuelo tiene este significado mágico-religioso. La explicación al descenso acelerado de la población se adita de este significado tradicional. Lo que evidencia el discurso del mochuelo es la conciencia del vaciamiento del pueblo, y del desequilibrio entre nacimientos y defunciones. La representación de la muerte que es también la muerte social, o el cambio o transformación.

Los datos, los fríos datos, evidencian que existe un proceso de declive en todos los aspectos, al que he tratado de dar una explicación (seguramente no la única). El problema del vaciamiento puede ser abordado desde una perspectiva estructural. El pueblo está relativamente aislado y falta trabajo, pero esa característica no justifica por sí sola la despoblación. En 30 minutos se está en Murcia. El descenso de la población hace que cada vez ciertos servicios sean menos demandados y que haya menos inversión, lo que incide en el abandono de la población más joven (capital social muy bien formado). El pueblo físicamente se halla encorsetado entre el monte y la huerta. No tiene posibilidad de crecer o liberar suelo urbano, ni nadie ha tenido el valor de cruzar la frontera psicológica de la huerta. El mayor problema que tiene la localidad a mi juicio es el de la vivienda, que ha incidido de manera directa en el abandono y el vaciamiento. Las viviendas que hay en el pueblo son antiguas, tienen grandes problemas de mantenimiento, muchas en ruinas, y por el entramado urbano, es más caro rehabilitar o construir de nuevo una casa, que marcharse a otros pueblos del valle como Archena o Ulea, donde hay vivienda nueva. Además, la vivienda no se vende, es un bien extra-comercio al percibirse como un elemento de la identidad, y la que se vende se hace a precios astronómicos. Lo anterior, sin mencionar problemas jurídicos asociados a la falta de títulos de propiedad, o herencias. La situación es que los jóvenes se marchan no porque no quieran vivir en el pueblo, sino porque no tienen dónde. No existe posibilidad de elegir.

El futuro es sombrío si no se adoptan medidas que fomenten el arraigo de la población al territorio. Se tiende a pensar que el negocio turístico es la panacea o piedra filosofal que puede revertir este tipo de procesos, pero en muchos casos, el turismo no tiene impacto alguno en la población local, sino en las empresas turísticas. Cualquier solución que se quiera dar a este problema pasa por contar con los vecinos y contestar a la pregunta del efecto en la mejora de la vida de estos. Lo otro es dar palos de ciego. Esto se resume en una simple cuestión: planificar, adoptar una perspectiva de cogestión, y justificar el impacto de las actuaciones que se realicen en la mejora de la vida de los vecinos. Si esto no se hace, si no se construye vivienda para que la gente se quede, o simplemente que venga, si no se dan facilidades para rehabilitar, en cuestión de 20 años al ritmo de pérdida de población el pueblo puede quedar en una situación de respiración asistida.

El declive poblacional es un hecho evidente. Entre el 14 y el 15 de agosto de 2024 en Ricote fallecieron al menos tres personas. En la homilía de la fiesta en honor a la Virgen de la Asunción el cura de la Iglesia de San Sebastián dijo: «En los dos años que llevo aquí he bautizado a dos niños, y he enterrado a sesenta personas. Como esto siga así, en diez años cierro el pueblo».

Termino con un dato: según el portal estadístico de la Región de Murcia, en el año 2021 había en Ricote un total de 1.281 habitantes, y en 2024, 1.220 almas, en tres años se han perdido 61 personas, es decir, más de 20 muertes o abandonos del pueblo al año. Si tenemos en cuenta que muchos de los habitantes censados no residen realmente en la localidad, o que muchos son población dispersa por la zona del campo, en 20 años la vida del pueblo puede ser complicada.

Siento ser como el mochuelo de la leyenda, o tener que meter la zorra al gallinero, pero esto es lo que hay. El problema es demasiado serio y se encuentra invisibilizado.

A pesar de todo, Ricote es un lugar con un patrimonio material e inmaterial imponente, y con un futuro esperanzador si se sabe conjugar tradición con modernidad. Como dice la Biblia, el que tenga oídos, que oiga.

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