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Fiestas de Ricote 2026

Una amante de Ricote

Los moriscos del Valle de Ricote, expertos en agricultura de regadío, transformaron la región, pero su próspera presencia terminó con la expulsión ordenada por la monarquía española

Vistas del pueblo de Ricote.

Vistas del pueblo de Ricote. / ALBERTO PINAZO

Guillermina Sánchez Oró

El Valle de Ricote, enclavado en la Región de Murcia, fue durante siglos un espacio de intensa actividad agraria irrigada y de convivencia cultural. Entre los protagonistas más relevantes de su historia moderna temprana estuvieron los moriscos: musulmanes o descendientes de musulmanes convertidos al cristianismo en la península ibérica tras la conquista cristiana. El caso de los moriscos de Ricote sirve como ejemplo de adaptación económica y cultural, así como de las tensiones que condujeron a su expulsión a comienzos del siglo XVII.

Tras la caída de Granada (1492) y la progresiva expansión de los reinos cristianos, muchos musulmanes en territorios como el levante murciano optaron (o se vieron obligados) a convertirse al cristianismo: nacieron así los llamados moriscos. En zonas de riego como el Valle de Ricote su presencia fue especialmente notable porque su conocimiento de la agricultura de huerta y de los sistemas de acequias era fundamental para la economía local.

Los moriscos de Ricote trabajaban en la huerta y el regadío; manejaban técnicas avanzadas de irrigación heredadas de siglos de agricultura islámica: acequias, norias, terrazas y cultivos intensivos de frutales y hortalizas. Su aporte fue esencial para que el valle fuese un territorio fértil y bien organizado.

Socialmente, muchos moriscos mantuvieron costumbres, vocabulario y prácticas religiosas en privado, a la vez que formalmente se integraban en la Iglesia y en la administración cristiana. Las aldeas y cortijos del valle conservaban una fuerte cohesión comunitaria basada en familias extensas y en la colaboración en las obras de acequia.

Durante el siglo XVI y comienzos del XVII aumentaron las desconfianzas hacia los moriscos: acusaciones de prácticas religiosas secretas, de alianzas con potencias extranjeras y de resistencias culturales alimentaron medidas de control. Todo esto culminó con las políticas de expulsión impulsadas por la monarquía española entre 1609 y 1614, que afectaron a numerosos moriscos del Reino de Valencia, Aragón y Murcia.

Cartel con información sobre la emblemática Olivera Gorda |  | L. O.

Cartel con información sobre la emblemática Olivera Gorda. / L. O.

El éxodo tuvo consecuencias devastadoras para comunidades como la de Ricote: pérdida de población, abandono de cultivos y quebranto de la economía local. Algunos moriscos fueron deportados a destinos como el norte de África; otros huyeron o se ocultaron. La expulsión dejó un vacío demográfico y una huella profunda en el paisaje agrario.

La figura de los moriscos de Ricote ha perdurado en la memoria regional y también en la literatura española: la obra de Cervantes incluye la presencia de un personaje morisco llamado Ricote, lo que subraya cómo esta realidad histórica llegó a formar parte del imaginario cultural. Además, los estudios históricos y etnográficos han recuperado testimonios y documentos que permiten reconstruir la vida cotidiana y las redes sociales de aquellos pobladores.

Aún hoy en el Valle de Ricote es posible identificar rasgos del legado morisco. Hay ejemplos de ello en el trazado de acequias y la organización de huertas, en la toponimia y nombres de fincas o parajes, en las técnicas agrícolas, en cultivos tradicionales transmitidos por generaciones, en elementos de arquitectura popular (almacenes, norias o construcciones rurales) que conservan soluciones adaptadas al riego y al clima… Este legado, aunque transformado, es una parte sustantiva de la identidad rural del valle.

Concretando, los moriscos de Ricote representan una página compleja de la historia española: mezcla de conocimiento técnico, adaptación cultural y, finalmente, de expulsión traumática. Su presencia explicó en buena medida la prosperidad agraria del valle durante siglos y su expulsión marcó un antes y un después económico y demográfico. Comprender esa historia ayuda a valorar tanto la riqueza cultural del Valle de Ricote como las pérdidas humanas y sociales que supuso la intolerancia institucional.

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