Fiestas de Ricote 2026
La restauración de San Sebastián... y algo más sobre la imagen
El restaurador jumillano Mariano Spiteri ha empleado espigas de madera para asegurar la imagen de San Sebastián a la peana, sustituyendo los clavos originales, y ha tratado las grietas para recuperar el color

Presentación de la restauración de San Sebastián. / La Opinión
José María García Avilés
San Sebastián es uno de los santos más populares del cristianismo, y por lo tanto uno de los más representados. La evolución de su imagen ha variado de forma considerable a lo largo de los siglos. Al principio se le representaba como una persona de edad, con barba y pelo blanco, cubierto con una túnica, y sosteniendo en su mano una corona, ejemplo de ello lo encontramos en las primeras representaciones que se hicieron del santo, como la del siglo VII en el mosaico dedicado a él en la iglesia de San Pedro Advíncula de Roma.
Durante la Edad Media, la imagen de San Sebastián se centró en su primer martirio, las flechas adquieren protagonismo y son estas las que lo asocian a santo protector contra la peste. Existía la creencia de que esta enfermedad se producía por una lluvia de flechas que un dios enfadado enviaba y que contagiaban a la población, y esta, muy práctica, fácilmente asoció que quién mejor que un santo que había sobrevivido a ellas para protegerlos contra ellas. Es fácil comprender que en una época, donde las epidemias estaban a la orden del día, un santo que protegía contra ellas viese incrementado rápidamente el número de fieles que lo veneraban.En el Renacimiento, allá por el siglo XV, se comenzó a representar como hoy lo conocemos, como un joven, desnudo, recuperando la imagen del dios romano Apolo, y atado a un poste o árbol, en el que era asaeteado.Una figura desnuda presentaba gran atractivo para los pintores y escultores, pues el tratamiento de la anatomía humana les permitía mostrar sus destrezas artísticas, y fue objeto de estudio de grandes artistas como el Greco o Mantegna.
La imagen de San Sebastián de Ricote pertenece a este grupo de obras que se desarrollan a partir de los siglos XIV y XV. Es una obra para la devoción, sin pretensiones artísticas. La imagen está lejos de representar el sufrimiento que podría experimentar una persona asaeteada, no hay retorcimiento del cuerpo ni expresión de dolor, muestra una serenidad antinatural ante un momento de extremada crueldad, la idea de superación del martirio prevalece sobre el aspecto traumático del mismo.
Sobre su cronología poco sabemos, pero sí tenemos algunos indicios que permiten plantear la hipótesis de encontrarnos ante una imagen de principios del XVI transformada a lo largo de los siglos. San Sebastián sustituyó a San Pedro como patrón de Ricote entre 1507 y 1511, coincidiendo con una epidemia de peste. En un documento inédito fechado en octubre de 1743, que describe todo el proceso de construcción del actual templo, (documento de gran valor que será publicado antes del próximo verano por Dimas Ortega, historiador y actual párroco de la iglesia de San Sebastián de Ricote) se indica que la imagen ya existía en el anterior, más pequeño y emplazado en el mismo sitio que el actual. En el citado documento se alude a que fue esculpido por un imaginero valenciano en Cieza, cuyo nombre se desconocía, y que fue encarnada y compuesta por dos frailes descalzos del convento de san Joaquín de Cieza, cuyos nombres sí se referencian, así como sus especialidades artísticas, desprendiéndose del texto un tallado más antiguo que la posterior decoración de la imagen, intervención postrera que bien se pudo centrar en el paño de pureza, siglo XVIII, la implantación de los ojos de cristal, o una recuperación de la policromía. Por último, sí es más fácil descartar que fuese realizada en el siglo XVIII, pues la familia del administrador de la encomienda, la familia Llamas, adquirió en la década de 1740, para ser expuestos temporalmente en la nueva iglesia, ya la actual, varias obras, entre ellas una dolorosa de Salzillo, que dejando a un lado la devoción que tenemos a san Sebastián, eran obras de mayor valor artístico, y no tiene sentido que cualquier otra imagen fuese encargada al gran imaginero murciano, u otro maestro de la época, y no la de un santo tan venerado en Ricote como San Sebastián.
Restauración de la imagen
Vayamos a la restauración. Se ha seleccionado para realizarla a una persona con una gran trayectoria profesional, Mariano Spiteri, escultor y restaurador jumillano. Su interés por la escultura le llevó, con solo 17 años, a realizar su primera creación, el beso de Judas. Comenzó sus estudios de bellas artes tras concluir los de C.O.U., para lo que se trasladó a Valencia e ingresó en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos, al mismo tiempo que compaginaba sus estudios con formación práctica en los talleres de Federico Esteve y Vicente López.
Su primer taller lo abrió en Jumilla en 1980, y continuó formándose en diferentes talleres de maestros ya consagrados, lo que le permitió tomar contacto con otros estilos escultóricos, como los de las escuelas castellanas y andaluzas, tan diferentes de la murciana.
Con independencia de su producción artística, que merecería un capítulo aparte, su experiencia como restaurador es grande, además de tener registradas patentes sobre esta especialidad artística, ha restaurado diferentes imágenes de la Semana Santa de Jumilla, y más cercana a nosotros la del Niño Jesús de Mula.

El antes. / L. O.

El después. / L. O.
Nos encontramos ante un restaurador que, además de conocimientos técnicos y artísticos, dispone de unas habilidades prácticas que podemos afirmar garantizan una recuperación integral de la imagen de San Sebastián de Ricote.
Varios eran los problemas que presentaba la imagen, que podemos concretar en tres principales: anclaje de la imagen a la peana, deterioro del color y eliminación de añadidos.
En palabras del escultor, «la imagen presentaba graves problemas de cohesión derivados de su propia construcción», esta, tanto en la parte de los pies de la imagen, como del tronco, no se encontraba sólidamente unida a la peana, por lo que los movimientos de la imagen contribuían a aumentar la distancia entre ambos elementos, imagen y peana, y a generar las grietas que cada vez eran más visibles.

Mariano Spiteri, escultor jumillano que ha llevado a cabo la restauración. / L. O.
La peana era otro punto débil, la madera sobre la que descasa el conjunto escultórico estaba muy deteriorada.
En definitiva, dos problemas estructurales que era prioritario solucionar. Para ello Mariano Spiteri ha recurrido a una solución ingeniosa y con perspectivas de durabilidad: se ha reforzado la peana original mediante la superposición de una pieza de contrachapado, y se han insertado espigas de madera que unen los pies y el tronco del conjunto escultórico a esta peana ya reforzada. La sujeción original era mediante clavos que cruzaban la peana y se insertaban en los pies y tronco de la imagen, lo que necesariamente genera holgura en el roce entre el metal y la madera, con desgaste de la segunda y la lógica pérdida de sujeción, la sustitución de los clavos por espigas soluciona este problema.
La eliminación de añadidos, la inserción de resina con las mismas características químicas que la madera en las grietas y su posterior tratamiento para darle el acabado final a la imagen y recuperar el color original de la misma, han dado como resultado la recuperación de una imagen con el aspecto más parecido posible al original.
Tras un buen trabajo realizado y una inversión económica importante cabe preguntarse por su conservación. Sólo tres observaciones al respecto: estamos ante una obra de madera, en su mayor parte ciprés, probablemente de unos 500 años de antigüedad, a la que le sienta muy mal la contaminación, y la pólvora es uno de los agentes más corrosivos que existe; que el cambio de temperatura no le viene muy bien; y por último, y pese a los refuerzos, tampoco es recomendable el movimiento.
Quede este último párrafo para los que sentimos esta imagen muy en nuestro interior, y queremos seguir disfrutando de ella durante mucho tiempo, y por supuesto, legarla a los que nos sucedan.
¡Felices fiestas de San Sebastián!
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