Fiestas de Ricote 2026
Dos médicos en Ricote
El médico Rogelio Guillamón, conocido como Roge, combina su labor en urgencias con el cultivo de productos de temporada en su huerta, mientras su esposa, la pediatra Elisabet Cava, atiende a pacientes de diversas nacionalidades en Molina de Segura

La pareja de medicos, Elisabet Cava y Rogelio Guillamón, durante una ruta. / L. O.
Eloy Maestre Avilés
A unque no ejerzan en el pueblo, Ricote cuenta con dos médicos: la pareja formada por Rogelio Guillamón Candel, oriundo del pueblo, y Elisabet Cava Almohalla, nacida en Mataró, de padre murciano de Cehegín y madre malagueña. Tres hermosos hijos coronan su unión: Rogelio de 10 años, Mario de 7 y Javier de 4. Viven en Ricote.
El médico Roge
Rogelio, al que todos llaman Roge, es un hombrón alto y fuerte, corpulento, conocido y apreciado por todo el mundo en Ricote. De carácter jovial, tiene para cada persona una palabra, una broma, un cariño.
A los 45 años de vida, su trayectoria profesional, unida siempre a la medicina, es rica y compleja. Cursó estudios de enfermería durante tres años que concluyó a los 20 años obteniendo plaza de enfermero en la Arrixaca. A los 23 años comenzó sus estudios de Medicina que terminó a los 29, manteniendo su trabajo a tiempo completo de enfermero durante la carrera.
Terminó la carrera de Medicina en 2009 y la plaza fija como médico urgencias hospitalarias de la Arrixaca de Murcia en 2014. Su tercera plaza fija la logró en urgencias de Prehospitalario en UME 2 de Alcantarilla.
Rogelio se considera serio en su trabajo y un tanto inconsciente, al gustarle del mismo precisamente lo que se va a encontrar: siempre los casos más graves de los miles de llamadas diarias que atienden telefónicamente en Urgencias del 112. Su equipo atiende todo tipo de urgencias en todos los rangos de edad, de 0 a 100 años. Así, han atendido partos en viviendas y en la ambulancia; cuando acuden a un accidente de coche nunca saben lo que les espera.
Como ejemplos de su tarea cotidiana cuenta diversos casos: Acudimos un día y encontramos a un hombre cuyo brazo derecho había sido seccionado limpiamente por una máquina. Apliqué rápidamente un torniquete para que no se desangrase y guardamos el brazo en frío para su posible implantación posterior en el cuerpo. El paciente precisó dos operaciones: la primera para mantener vivo el brazo seccionado uniéndolo a una arteria del otro brazo, y la segunda, tras limpiar bien el brazo seccionado, para reimplantarlo con éxito, lo que consiguió el famoso doctor. Pedro Cavadas con todo su equipo en Valencia, adonde debí volar de inmediato con el paciente para la intervención.
Otro caso: Un hombre, alérgico a la picadura de las abejas, recibió una picadura en la boca y la lengua se le inflamó hasta el punto que le impedía respirar. Tuve que abrirle un agujero hasta la tráquea e insertar una cánula para que pudiera respirar. Quedó ingresado en el hospital y cuando regresé con otro paciente al cabo de algunas horas ya se había recuperado del picotazo y podía hablar, me expresó su profundo agradecimiento.
Otro caso: Nos avisaron de una persona extremadamente violenta y acudimos antes que la policía. Bajamos todo el equipo de la ambulancia, pero cuando detecté la gravedad de la situación ordené a todos: Vamos a la ambulancia y nos retiramos. Los que estaban allí nos insultaron pero me dio igual, yo era el responsable de mi equipo y no podía exponerles al peligro. Nos retiramos a una esquina cercana y cuando llegó la policía y pudo reducirle, acudimos nosotros después para ayudarle sin peligro.

La pareja en su reciente viaje a Roma. / L. O.
Otro caso: acudimos a un accidente de coche y de los cuatro ocupantes tres estaban muertos y el cuarto malherido. Me preguntó después la policía si habíamos atendido un accidente de tal vehículo con tal matrícula y cuando respondí afirmativamente me comentaron que el vehículo había sido perseguido por media España por agentes de policía, porque se trataba de forajidos de la droga.
Lo más desagradable de su trabajo, dice Rogelio, es tropezarte con muerte de críos por diversos motivos. Lo mejor es cuando encuentran alguien con una parada cardíaca y lo llevan a una UCI y se recupera al final en unas pocas horas.
Cree que su trabajo es muy estresante, con noches enteras sin dormir, y hay equipos de sicólogos que atienden a todos los miembros de unidades de intervención rápida como la suya.
Del estrés se recupera en la huerta donde cultiva las cosas típicas de la temporada, apoyado por los consejos de la gente del pueblo, por citar alguno del Pablico, del Sebastián y sobre todo de los consejos e ideas de su padre, y en el campo cuando tiene tiempo libre.
Su padre es José el Herrero, nacido en 1950, y él como hijo único ayudaba desde muy joven a su padre en el taller, y los fines de semana en las tareas del campo.
Rogelio y Elisabet lograron tres hijos, lo que el periodista considera una prueba de valentía, con lo que Rogelio está de acuerdo, y añade: un poco de inconsciencia. Por suerte, dice crecen como robles. Ellos son lo mejor de su vida y la pareja lucha por ofrecerles lo mejor. La herencia que tratamos de dejarles, dice, es una educación en valores y humanidad, en eso invertimos, aunque luego no les podamos dejar cosas materiales, aunque como dice el refrán: El hombre propone y Dios dispone.
Rogelio siempre intenta ayudar a todo el mundo. Se considera un hombre llano, de pueblo. A nadie en Ricote se le ocurriría llamarle Don Rogelio.
La pediatra Elisabet
Elisabet Cava Almohalla es pediatra con raíces murcianas por parte de padre. Su padre es de Cehegín, y su madre malagueña. Ambos progenitores se conocieron en Barcelona por motivos de trabajo y ella acabó naciendo en Mataró hace 40 años.
Con 15 años se vino con sus padres a Cehegín, donde tiene mucha vinculación familiar. Es la pequeña de tres hermanos. Cursó la carrera de Medicina en la Universidad de Murcia, donde conoció a a Rogelio, cuando quedaban para ir a la biblioteca, que las conocían todas. El recuerdo de Elisabet es de cuarto de carrera, cuando preparaban las novatadas a los de primero en un parque alrededor del hospital de la Arrixaca. Le gustaba la medicina en general y los niños, y como los alumnos en prácticas tienen que pasar un mes por cada departamento en el hospital, acabó decantándose por la pediatría.
Elisabet trabaja en Molina de Segura, en concreto en el Centro de Salud Molina Sur, un centro grande donde pasan consulta treinta médicos y cinco pediatras, con turnos de mañana y tarde. En su centro dan mucha docencia a médicos de familia y pediatras. Estuvo cuatro años atendiendo guardias de 24 horas en Urgencias de pediatría los sábados, pero desde que tiene hijos no las hace.
Por su Centro de Salud calcula que pasan pacientes de más de 40 nacionalidades: Moldavia, Polonia, Rumanía, Pakistán, etc. En general, los pequeños pacientes y sus familiares se sienten agradecidos, son educados y amables. Afirma que lo mejor de sus pacientes es que no te engañan, lo que ves es lo que tienen. Lo más bonito de su trabajo es ayudar a las personas, afirma tajante.
Ya de novia, la primera vez que entró en casa de Roge en Ricote a saludar a sus padres le pareció que la conocía de antes. Luego recordó que había estado allí cuando tenía 6 ó 7 años, porque su hermana era íntima amiga de Sebastián ‘el Pollizo’.
Elisabet concibió y parió tres hijos con la ayuda inestimable de Rogelio, que plantó en ella la semillita, como les decimos a los niños. Pese al ajetreo personal que eso supone, mantiene su espléndida figura cuidándose físicamente.
Hace mucho que este periodista no practica la religión, pero recuerda perfectamente el precepto divino: «Amaos los unos a los otros como yo os he amado». Que Elisabet lo aplique cada día en su trabajo sin distinción de razas, ni credos resulta profundamente hermoso y aleccionador, digno de encomio y alabanza. En su tarea, yo la considero afortunada al poder contemplar a diario uno de los más fascinantes y maravillosos espectáculos que la vida nos depara: la sonrisa de un niño.
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