Ki, ki, ri, ki”, canta un gallo cuando aún el sol no se ha dejado ver en la Sierra de Almenara. Y repite como queriendo que, si alguien no lo ha escuchado todavía, lo haga: “ki, ki, ri, ki”. Y a poca distancia se oyen los mugidos de las vacas. El canto mañanero de los pajarillos se deja sentir mientras juguetean entre los naranjos y limoneros, sin importarles el espantapájaros colocado junto al pequeño huerto para intentar ahuyentarlos. Lejos de hacerlo, se posan en su cabeza envalentonados con cierto aire provocador.

Por la ventana entreabierta se cuela una brisa que hace buscar la sábana, pero la pereza del sueño aún acumulado no permite semejante esfuerzo. La puerta se abre y son unas manos amorosas las que arropan y bajan la persiana para alargar la noche mientras el alba intenta hacerse hueco. Y es entonces, cuando aromas de recuerdos evocan emociones de la infancia. “Es como si rememorara aquellos veranos de mi niñez. Mis hijos, Pepe y Aurora, ocupan ahora esas camas donde dormíamos mi hermano Paco y yo. Juegan por el campo, se bañan en la pequeña piscina, gritan, corren… Es como recrear aquellos días de veraneo en que lo único importante era pasártelo bien”, contaba María del Sagrado Corazón García Martínez, jefa de Servicio de Planeamiento y Gestión Urbanística del Área de Urbanismo de Lorca.

En Aguaderas esos aromas de la niñez siguen muy presentes. El de la tierra seca mientras es labrada por un tractor donde antes había un campo de cebollas o sandías. El del suelo recién baldeado buscando el frescor que en esos días intensos de verano solo se encuentra en la buena sombra de un árbol, o el de el pan tostado bañado en aceite acompañado de un vaso de leche humeante. “Están siendo unas vacaciones muy familiares. En julio, en Aguaderas, en la casa de mis padres. Allí estamos todos. Los primos juegan, se bañan… Y hacen excursiones, como las hacíamos nosotros, al Castillo de Felí, a la granja de vacas del vecino, al pantano para ver si está lleno de agua… Me gusta ver a mis hijos con sus primas disfrutando de estos días sin cole”.

Y, mientras, ella estaba yendo y viniendo a Lorca para trabajar. “Es un lujazo tener a tus padres para ayudarte. Llegar a casa y encontrarte la comida en la mesa. Y qué comida… Mi madre es muy buena cocinera y, en verano, mi padre también se suele meter a hacer más de un plato. Ahí están los dos, mano a mano”, relataba.

De cuando en cuando se enfunda sus zapatillas y se echa, literalmente, al monte. Es una pasión que descubrió no hace mucho y que le permite olvidarse de todo y de todos por unos instantes mientras recorre kilómetros, aunque el deporte donde más lo practica es en la Isla del Fraile, donde pasa las verdaderas vacaciones. “Es un lugar paradisiaco. La urbanización es una maravilla, con unos jardines fantásticos y unas instalaciones magníficas. Y, en frente, el azul del mar que cada día se abraza con otro azul, el del cielo. Y emergiendo imponente, la Isla del Fraile. No hay que buscar más, porque todo está aquí, a un paso, esperándote cada fin de semana, cada verano”, explicaba.

Es allí donde se reúne con un grupo de amigas y se dedica a “subir y bajar montañas”. Se llaman las ‘Simas’. “Bueno, ellas son de otro nivel. Ellas sí son unas auténticas deportistas. Yo, lo único que hago es intentar seguirlas”, reía divertida. Lo hacen por la mañana, pero también por la noche. La foto de este reportaje es reciente, precisamente, de una de esas jornadas en que se entremezclaron una luna impresionante con algo más que un paseo por Cabo Cope. Casi sin despeinarse se muestran todas en la orilla del mar con una luna única de la que tenían el privilegio de disfrutar.

Pero los veranos son mucho más. “Ya no sé a cuántas cenas he ido. La de la Asociación de la Virgen de los Dolores, la del Paso Azul… Y a ellas, se suman las que este año celebramos de balcón en balcón con los vecinos”. Se trata de la excusa perfecta para reunirse de cuando en cuando. Anoche mismo, se celebraba la ‘Pink Party’. Ni que decir tiene que todos los asistentes vestían de rosa, pero mucho antes lo han hecho de naranja y de amarillo. La azul tiene nombre propio. “Esa, sin dudarlo, es la mía. Aunque todavía no sé lo que voy a idear, porque el listón está muy alto”.

Se acuesta tarde, pero se levanta temprano. Le gusta disfrutar de un desayuno en la terraza cuando aún los niños están durmiendo y el sol comienza a desperezarse detrás de la Isla del Fraile. No es una gran ‘cocinilla’, pero en verano –recalcaba- tampoco apetece hacer grandes guisos. “Comemos sano. Ensaladas, gazpacho, pescado o carne a la plancha…”. Y prepara el Camino de Santiago. “Me he dejado unos días, a comienzos de octubre, para hacer el Camino”. Andará sí, pero sin hacer grandes alardes, “que una ya no está para muchos trotes”, afirmaba entre risas.

Su camino será “light” como ella lo denomina. “Yo no estoy para llevar la mochila al hombro, dormir en albergues o en tienda de campaña… A mí se me ha pasado la edad de todo eso. Iremos un grupo de amigos y andaremos, pero dormiremos en hoteles durante el trayecto y nos llevarán la mochila, que es lo que ahora se estila. Será un camino descafeinado”. Y ha ido a los toros. “Mi padre tenía un amigo con el que siempre compartía jornadas taurinas. El año pasado falleció y se quedó sin acompañante, por lo que mi hermano y yo nos fuimos a ver a José Tomás a Alicante con él. Fue una tarde memorable”, relataba.

Sus idas y venidas a Lorca no han cesado durante todo el verano. El Paso Azul está en la recta final de la preparación de los acontecimientos con los que se conmemorará el veinticinco aniversario de la coronación canónica de la Virgen de los Dolores. En calidad de presidenta de la Fundación Paso Azul está embarcada en los preparativos. “Va a ser una fecha que difícilmente olvidaremos, porque se están preparando muchos actos para celebrar la efeméride. Los que no tuvieron oportunidad de vivirla, podrán rememorarla, y para los que lo hicieron será muy emotivo. Estoy deseando que llegue este septiembre”, argumentaba.

Y, mientras, seguirá en la Isla del Fraile en la recta final de sus vacaciones que “parecen correr más de lo que debieran a partir del ‘Día de la Virgen’. El sol, los baños en la piscina y la playa, el deporte y las cenas con los amigos ocuparán estas últimas jornadas” en un enclave privilegiado, único, que concluía “no hay que empeñarse en buscar en otro sitio, porque no existe”.