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La Opinión de Murcia

Lorca

Los últimos puntales del terremoto de Lorca

El inmueble está declarado en ruina económica, pero el desacuerdo de sus propietarios no ha permitido su restauración

Puntales en medio de la acera de la Travesía Ramón y Cajal. | P.WALS

El tramo final de una de las aceras de la Travesía Ramón y Cajal, en pleno centro de la ciudad de Lorca, está ocupado por puntales. El entramado de hierros mantiene en pie un edificio que fue declarado tras el terremoto en ruina económica.

«Es el único edificio que mantiene puntales tras el seísmo. Fue declarado en ruina económica. Esto supone que, aunque está gravemente dañado, su estructura está en buenas condiciones, por lo que no fue demolido. El desacuerdo entre los propietarios ha llevado a que once años después de los terremotos, aún esté en esas condiciones», afirmaba este martes, en declaraciones a La Opinión, el concejal de Urbanismo, José Luis Ruiz Guillén.

Constantemente es sometido a revisiones. Sin embargo, su situación no requiere de una demolición. «Se habría hecho si fuera ruina técnica, pero no lo es, por lo que deberá ser acometida su rehabilitación cuando los dueños lleguen a un acuerdo».

El edil reconocía que han intentado mediar, «pero las negociaciones no han dado fruto hasta el momento».

Han pasado once años desde el terremoto. La ciudad está prácticamente reconstruida a excepción de una treintena de casas solariegas del recinto histórico de la ciudad. En ese tiempo se han invertido en Lorca más de 1.200 millones de euros entre indemnizaciones privadas del Consorcio de compensación de seguros y las ayudas públicas a los damnificados por la catástrofe.

Ello ha permitido la reconstrucción de barrios enteros como el de San Fernando y parciales como el de La Viña, la conocida como ‘Zona cero’ del terremoto. Las obras de rehabilitación han llegado a todos los rincones y la práctica totalidad de los monumentos fueron restaurados y puestos en valor, aportando nuevos hallazgos durante el proceso.

Entre las ‘asignaturas pendientes’, varias familias que viven en viviendas prefabricadas junto a a San Fernando. La mayoría no pudieron acreditar ser dueñas de los pisos en los que residían. La burocracia, reconocían hace algunas semanas, les ha llevado a continuar once años después de los seísmos en ese lugar. El programa regional de vivienda podría permitirles muy pronto cambiar sus casas de madera y chapa por otras de ladrillo y hormigón. La mayoría de los pequeños nacieron en él, por lo que nunca han vivido en una casa que no sea modular.

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