El pintor, investigador y escritor Manuel Muñoz Barberán se preguntaba asimismo que cómo era Lorca. Y se contestaba: “Poco más o menos así, más de dos centenares de escudos habrá sobre las puertas de sus casas. Y otras tantas hornacinas con imágenes piadosas en sus paredes oscuras…”. El relato lo hacía en la noche de este jueves la periodista Pilar Wals, durante la conferencia ‘El cielo a pie de calle, santos a ras del suelo, devociones callejeras, santos de hornacina y vela…’, que ofreció en el Centro Cultural Fondo Espín como clausura a los actos del mes de octubre de la Asociación Amigos de la Cultura.

             En el “año del centenario del nacimiento de Muñoz Barberán” rememoraba así las palabras que un día pronunció el lorquino para alertar de la necesidad de recuperar estos elementos arquitectónicos que ocupaban la mayoría de calles de la ciudad. “Recuperemos las que todavía sean posibles, pongámoslas en valor, mostrémoslas turísticamente como han hecho otras ciudades cercanas y no tan cercanas. Recuperemos con ellas nuestras tradiciones, costumbres… Y sigamos estudiándolas para que su historia no quede únicamente en el relato oral de padres a hijos”.

             Estas devociones callejeras, aseguraba la periodista, son anteriores al siglo XVII. “En 1608, un acuerdo del Concejo de Lorca dispuso poner ciertas imágenes en sendas hornacinas sobre las puertas de entrada a la población, nombradas de San Ginés, La Palma y Nogalte, por el mayordomo de Propios de la Ciudad, Gonzalo Chuecos. Se le pagaron a Gaspar de Castro 374 reales por pintar, encarnar y dorar estas tres efigies. Eran de madera tallada. Una, de San Ginés; otra, de una Santa o Virgen, con una palma en la mano; y la tercera, parece ser era la de San Francisco, por estar en la puerta de Nogalte, frente a su convento, al final de la Corredera y comienzo del camino para Andalucía”.

             Las tres puertas, como explicaba, “fueron demolidas. La de Nogalte, en 1686; la de La Palma, hacia 1880; y la de San Ginés, en 1892, como lo cuenta en ‘Artistas y Artífices Levantinos’, Joaquín Espín Rael”. La conferencia de este jueves, como detallaba durante la presentación la presidenta de la Asociación de Amigos de la Cultura, Ascensión Pérez-Castejón, “fue una invitación a raíz de un artículo que firmó Pilar Wals en el diario LA OPINIÓN este verano. Rompía una espada por estos elementos arquitectónicos de la tradición popular y, nosotros, que siempre hemos sido muy reivindicativos, decidimos implicarnos y conocer más sobre este asunto”.

             La conferenciante hizo un repaso por las hornacinas que aún perduran, la de la calle Vicente Ruiz Llamas, Galdo, Álamo, Casa Parroquial de San Cristóbal, Corredera… pero también destacó la importancia de otras que se perdieron. Muchas de ellas, cayeron con los inmuebles a las que estaban adosadas tras los terremotos de mayo de 2011. Entre estas últimas, la de Santa Rita, en la calle Zorrilla esquina con Fernando el Santo.

             “La hornacina de Santa Rita de Casia daba nombre a esta calle. Estaba junto al balcón de la primera planta de José Abdón Martínez López y Caridad Cerdán cuando la adquirieron y cuando más tarde continuaron viviendo en ella María de los Ángeles Francisca Martínez y Antonio Laserna Olcina”, detallaba. La iluminación de esta hornacina era primero con aceite, “que la familia reservaba de un trozo de tierra con olivos”. Más tarde, cuando llegó la luz eléctrica, se le colocó una bombilla.

             La de San Liborio, en el ‘anchurón’ de la Cava antes de llegar a Gigante, también desapareció, aunque su recuerdo lo trajo en palabras de Muñoz Barberán: “Me gustaría ver la luz entrar en mi dormitorio lleno de rayas y sorprender a través de ellas a San Liborio en su hornacina, siempre acompañado por buenas salamanquesas”. Su recuerdo podía no quedar únicamente en eso, ya que como señalaba la conferenciante hay un movimiento que intenta su recuperación, probablemente, en el lugar o uno cercano a donde se situaba.

             La que había en el inmueble anterior a la actual Casa Museo del Paso Encarnado, junto a la Plaza de la Hortaliza, que desapareció también fue recordada. “Perteneció a Juan de la Cruz Periago Tudela, casado con Juana Pérez Pérez. En el esquinazo de la vivienda había una artística hornacina, coronada por el Espíritu Santo”.

             La Virgen del Pilar, en el esquinazo de la Casa de Don Pedro Arcas, también protagonizó un capítulo de la peculiar conferencia, como igualmente lo hizo la Virgen de Monserrate, San Ginés de la Jara o San Vicente Ferrer. Y recordaba los textos que le han precedido. “Afortunadamente se ha escrito largo sobre las hornacinas. Quizás el mejor trabajo lo ha hecho el investigador José Antonio Ruiz, ‘Izma’, que en la Revista Alberca, de la Asociación de Amigos del Museo Arqueológico, dio una clase magistral de ellas”.

             Este alertaba entonces, poco después del terremoto, de la situación crítica en que se encontraban las hornacinas, por lo que la periodista añadía. “Atendamos, por tanto, su requerimiento de recuperar las que todavía sean posible”. Entre los asistentes estaban la concejal de Cultura, María Ángeles Mazuecos; y la de Fomento y Empleo, Isabel Casalduero. Ambas mostraron su apoyo a la iniciativa que persiguen los Amigos de la Cultura, como también lo hicieron –presentes en la sala- los concejales populares, Rosa María Medina y Pedro Mondéjar, que admitieron, propiciarán su restauración. Alguien recordó que fueron los Amigos de la Cultura los que ‘defendieron a capa y espada’ la recuperación y puesta en valor del Teatro Guerra cuando años atrás se llegó a plantear echarlo abajo.