«Manuel Muñoz Barberán pintó con la pluma la ciudad del pasado y los ambientes que sirvieron de marco a sus tradiciones, Semana Santa, mercados, teatros, fiestas… desplegó sus conocimientos en los murales religiosos y profanos, sintió como nadie la destrucción de la memoria y escribió con el pincel la historia de sus habitantes. Porque la pluma, como en Calderón, pinta en el alma el ingenio». Estas palabras, pronunciadas hace solo unos días por Cristóbal Belda Navarro, mientras recorría la impronta del artista y los pintores de su generación, bien podrían ser el prólogo de la exposición que en la noche de este viernes se inauguró en el Palacete de Huerto Ruano de Lorca.

Paisaje murciano en la pintura de Muñoz Barberán es la historia, a través de sus cuadros, del pintor y del historiador. El artista «se aferró a la temática local, a la búsqueda de una identidad que le llevó al paisaje urbano como protagonista y como escenario de las vivencias del hombre», como recordaba Martín Páez Burruezo.

Gran conocedor del paisaje

La exposición, con lienzos cedidos –en su mayoría- por colecciones privadas que nunca antes han formado parte de una exhibición pública, hace un recorrido por el paisaje murciano que terminaría «por no guardar secreto alguno para su pintura», como señalaba el alcalde de Lorca, Diego José Mateos, al referirse al artista.

Y hacía suyas las palabras que tantas veces pronunció el pintor: «Ningún lugar para vivir como Lorca –decía completamente en serio- y también insistía en que pocas ciudades había encontrado tan sugerentes como Lorca para pintar». Otra de sus afirmaciones era recordada por Mateos. «Decía de su pintura que podía estar mal pintada, pero nunca mal sentida».

Martín Páez Burruezo se atrevía a hacer un perfil del artista, del maestro, del amigo… «Elegante siempre, de ojos claros, burlones, con un bigote muy cuidado, casi velazqueño, pelo suavemente ondulado y sonrisa generosa. Le recuerdo pintando frente al imafronte de la catedral, en los bailes de Carnaval del Casino, en el Archivo de protocolos por las tardes, en la preparación de algunos de sus libros, en su ir y venir por la ciudad y en las visitas últimas a la calle de su nombre en Sangonera».

El académico asegura recordarlo aún «en ese hermoso mirador, frente al exultante valle limitado por los montes de Carrascoy, donde dialogó con la luz, con los colores sienas, con los verdes esperanzadores de la huerta y esos azules que tanto gustaban al pintor y que ahora le acogen para la eternidad».

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Exposición en Lorca del pintor Manuel Muñoz Barberán Pilar Wals

Y argumentaba que Muñoz Barberán nos deja en sus escritos, en sus investigaciones históricas, así como en su pintura, «el testimonio de su tiempo», como artista y como cronista de la ciudad de Murcia: «Ha enarbolado la bandera de pintor local, prestigiando el concepto en su significado».

Su obra más significativa será el paisaje, presente en la exposición, como también están motivos de sus primeros cuadros que plasman el «entorno de su inmediatez», como apuntaba Páez Burruezo. Están el Mercado de Verónicas o la recreación del desaparecido Contraste, «símbolo de otro tiempo, manifiesto para la conciencia histórica con sabor costumbrista». Y el Puesto de churros, por el que Muñoz Barberán recibió el galardón Villacis-67.

La catedral, presente

La catedral de Murcia está presente en Vista de Murcia, un óleo sobre lienzo de dos metros de largo, cedido para la ocasión por la Cámara de Comercio. Pero también en Huerta de Murcia. Atardecer, de la colección privada de la esposa del artista, Fuensanta Clares Pérez. La viuda de Muñoz Barberán recorrió las salas de las que colgaban las obras de su marido y apuntaba detalles sobre el momento en que fueron pintadas. Sus autorretratos, guardados para sí, muestran al artista a lo largo de su vida.

El estudio de Alcantarilla, el del Puente y sus útiles de pintor son protagonistas de otros de los lienzos que se exhiben en la exposición. No pasan desapercibidos sus dos maletines en los que recreó una vista de Lorca y una pintura de barcos. Y a Lorca, «la ciudad que vibró en sus pinceles», de la que decía que era su patria chica y que tenía un sabor, un encanto y una fuerza en todos sus rincones que la hacían francamente deseable para la paleta, la muestra dedica casi toda una sala.

Paisajes lorquinos

Entre esos paisajes lorquinos están el Mercado en Lorca, cuando aún se celebraba en la Plaza de España; El Calvario y la Peñarrubia; una vista de la ciudad desde el Quijero; y otra perspectiva, a pie de terraza, de la Colegiata de San Patricio.

Las ruinas de la antigua iglesia de San Pedro, de 1971, es una de las pinturas más impresionantes de esta sección. Y los atardeceres, ese sol extenuado, perdido, que baña con su dorada luz las frondas de los árboles y la piedra de las históricas fachadas de edificios singulares, que debe a su profesor de instituto, Almela Costa, como relataba Martín Páez, están presentes en Atardecer en Lorca, un óleo sobre lienzo de 1965. Muy cerca, una vista de Lorca desde San Diego, las ruinas de la Merced y la iglesia de San Juan.

La exposición ha sido considerada como la mejor que se ha hecho sobre la vida y obra de Muñoz Barberán, pero también como la más destacable de cuantas se han llevado a cabo en los últimos tiempos en la ciudad que le vio nacer. Nada se ha dejado a la improvisación. Ni siquiera la posibilidad de que los visitantes la recuerden tras su paso por el Palacete de Huerto Ruano. Desde su inauguración, en la noche de este viernes, pueden llevarse bajo el brazo un magnífico ejemplar a modo de catálogo con artículos firmados por los académicos Cristóbal Belda Navarro, Francisco Javier Díez de Revenga y Martín Páez Burruezo.

Es el mejor homenaje al pintor que nació en la calle de la Cava. «Calle larga –que escribiera el archivero de Lorca Juan Guirao- añeja, con solera aún». Y de la que dijera Muñoz Barberán: «Siempre que puedo escaparme de mi trabajo diario, asomo por la ciudad y me traigo un apunte, una acuarela, un boceto… o, en el peor de los casos, una fotografía. No puedo ocultar, es verdad, mi gran cariño por Lorca». Así sea.