20 de septiembre de 2020
20.09.2020
La Opinión de Murcia
Obituario

Juan Rita, el niño poeta

Su figura ya es patrimonio de la Región de Murcia y posee la 'Medalla de Oro' de la Comunidad, ''el mayor honor que jamás había podido imaginar''

20.09.2020 | 04:00
El Tío Juan Rita falleció el pasado miércoles a los 108 años.

Estamos asistiendo, estos días, a numerosas muestras de dolor por la pérdida irreparable del Tío Juan Rita. Era todo un referente de la cultura de nuestra Región y que por su carácter, hombría de bien, trato afable y cariñoso además de su longevidad, ha muerto a los ciento ocho años, entra por derecho en la historia de Murcia y lo hace, como digo, por méritos propios.

Hoy son numerosos los artículos en todos los medios de comunicación que, personas de todas las clases sociales, han dedicado y dedican a ensalzar la figura de este hombre querido por todos. El Tío Juan Rita es patrimonio de este viejo reino y entre sus numerosas distinciones y reconocimientos posee la 'Medalla de Oro' de la Comunidad. Para el, según confesó, fue el «mayor honor que jamás había podido imaginar».

Se conoce, sobradamente, su vida entregada al folclore y a su querida Cuadrilla de Aledo. Su extraordinaria predisposición en el arte de la repentización y los 'duelos' mantenidos con otros troveros a lo largo de todos los años que estuvo sobre los escenarios, fiestas, romerías y veladas folclóricas.

Duelos, por cierto, cuyos orígenes encontramos ya en el siglo octavo en los territorios de Al-Andalus cuando tenían fama bajo el nombre de 'duelos de improvisada poesía' y eran casi obligados en las grandes fiestas de los salones palaciegos y de la alta sociedad. El trovo es un legado más de la cultura musulmana y de sus casi ocho siglos de presencia en la Península Ibérica.

Volvamos al Tío Juan Rita, Juan Tudela Piernas, así anotado en su partida de bautismo, al que conocemos de trovero pero se desconoce en gran medida lo que fue su vida antes de la fama y lo que consiguió con enorme sacrificio.

Sus orígenes los encontramos en la calle de los Marqueses, en la localidad de Aledo, donde nació y hoy, precisamente, se levanta un monumento que el ayuntamiento de la localidad levantó hace años para perpetuar su memoria. Pero gran parte de su vida transcurrió en un pequeño núcleo urbano abandonado en la década de los sesenta del pasado siglo veinte. Los Allozos, así llamados, están ubicados en el barranco de Periago, al pie del Cabezo del Canalón al norte de la Sierra de la Tercia.

Hoy, como digo, es un caserío abandonado donde apenas quedan en pie cuatro casas y la ermita donde, durante muchos años, seguro que cantó Juan Tudela Piernas en honor a la Virgen en aquellas romerías que se celebraban el primer domingo de mayo y que congregaban a numerosos vecinos de toda la comarca. En esos actos festivos y religiosos tenía un protagonismo especial la Cuadrilla de las Benditas Ánimas del Purgatorio de Aledo, como se le conocía en aquellos años. Incluso hubo una hermandad de Ánimas que se creó en esa aldea si bien tuvo pocos años de vida. Las cuadrillas, como las llamamos hoy en día, tuvieron sus orígenes en hermandades de ánimas que con sus actuaciones recaudaban un poco de dinero para oficiar misas en memoria de los fieles difuntos o ayudar incluso a la parroquia o ermita del lugar.

Juan Tudela estuvo muy ligado a aquella aldea de Los Allozos a la que nunca llegó el agua corriente y la electricidad, una de las causas de que sus vecinos la fueran abandonando, y muy pronto quedó huérfano. Apenas tenía seis años de edad cuando murió su padre. Entonces tuvo que ayudar al sustento familiar y para ello se hizo cargo en su más tierna infancia de un rebaño de cuarenta ovejas, borregos diría él, del Tío Moreno de la Huerta Nueva de Aledo. Pero aquel niño pastor tenía unas ansias desmedidas en aprender a leer y escribir y para eso «se pagó sus clases particulares». Un hombre recorría la sierra de Espuña y los caseríos enseñando a leer y escribir a quien demandaba sus servicios. El pastorcico Juan fue uno de ellos.

Doce lecciones, a real por lección y solo durante tres meses. No pudo pagar más clases. Así aprendió a leer y en sus ratos de soledad en el monte, escribía poesía o lo primero que se le antojaba. El me contaría, en una de las muchas entrevistas que le hice, que desde niño recordaba que tenía una facilidad extraordinaria para «rimar palabras». El tiempo en la soledad de los campos con las ovejas se le pasaba volando mientras iba escribiendo rimas o creando poesías que nunca vieron la luz. Muy joven, el Tío Juan Rita, apodo que le venía de su tatarabuelo, «se llevó a la novia» porque no tenían dinero para montar el ajuar. Una costumbre aquella, la de escaparse con la novia, que se mantuvo hasta los años ochenta del pasado siglo veinte.

Fue llamado a filas y curiosamente el mismo día que bautizaban a su hijo mayor, Pedro, sorteó en la Caja de Reclutas, pero se libró de hacer el servicio militar por exceso de cupo. Sin embargo, aquel mozo no se libraría años después de ser movilizado durante la Guerra Civil, que enfrentó a las 'dos españas', como consecuencia del golpe de estado del 18 de julio de 1936. Tenía apenas veinticuatro años y anduvo por varios puntos de la geografía española partida en dos. Puerto Llano y Don Benito fueron algunos de sus destinos como soldado. Enfermó varias veces durante los tres años de la contienda, pero al final regresó a Aledo recuperado al terminar la contienda. Se marcha a vivir con su mujer e hijos a Carivete, caserío que pertenece al término municipal de Totana. Se dedica entonces a comprar árboles para convertirlos en leña que se utilizaba como combustible. Recordaba el Tío Juan Rita cómo iban con él al monte su mujer y los chiquillos, y cómo bajaban cargados de garbas según su edad y envergadura física.

Así él, encabezaba la marcha con siete u ocho haces de leña a sus espaldas, su mujer con cinco, el hijo mayor con tres y los otros con dos o una incluso. Le pagaban «doce perras chicas» por cada carga de leña. La venta la hacía transportándola con un borrico que compró por quince pesetas, en los hornos alfareros de la zona de Totana, adonde se desplazaba para que se la compraran. Con su trabajo, estrecheces, penurias y con mucho ahorro, logró su mayor sueño: comprar una casica con un pequeño terreno aledaño donde poder cultivar su tierra. Le costó cuatro mil pesetas de la época que estuvo pagando durante muchos años con enorme sacrificio. Desde luego, la vida, no le regaló nada.

Cuando en los pasados años ochenta del siglo veinte las cuadrillas fueron dándose a conocer al gran público, entre otros gracias al trabajo de investigación y divulgación del antropólogo y musicólogo Manolo Luna, comenzó a conocerse fuera de las fronteras de Aledo la extraordinaria figura de Juan Rita. Esa cuadrilla además era distinta y diferente a las demás por la utilización del clarinete entre sus instrumentos musicales. Sus marchas de Pascua, famosas en España, las 'bombas' del Auto de Reyes Magos, uno de los mas antiguos de cuantos se representan hoy en día en la Península, o las coplas de aguilando, distintas y diferentes a las de cualquier otro lugar, hicieron que la figura de aquel niño poeta fuera creciendo y a medida que se le conocía el cariño hacia su persona era cada vez mayor.

Juan Tudela Piernas, siempre con sombrero, la bufanda en los dias fríos, el puro en sus manos y una copa de mantellina cerca, para aliviar las bajas temperaturas de las madrugadas de Aledo, permanecerá vivo en el recuerdo de aquellos que hemos tenido la suerte de conocerlo y admirarlo.

Hoy su nombre ha quedado grabado con letras de oro en el hermoso libro de la cultura del viejo Reino de Murcia. Descansa en paz, Juan Rita. Descansa en paz 'niño poeta' de los montes de Sierra Espuña.

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