07 de mayo de 2019
07.05.2019
La Opinión de Murcia
Especial Renacimiento Lorca

La casa del Paso Azul, primera iglesia que abrió sus puertas en Lorca tras los terremotos

07.05.2019 | 04:00
Uno de los grupos de la ruta guiada, durante la visita a la iglesia de San Francisco

­La iglesia de San Francisco es la sede de la Hermandad de Labradores, Paso Azul. Resultó gravemente dañada a consecuencia de los seísmos de 2011. Se construyó en el siglo XVI y fue declarada Bien de Interés Cultural en 1982. Fue la primera iglesia que abrió sus puertas en la ciudad tras los terremotos, que le causaron, junto al convento franciscano anexo, daños por valor de 7,7 millones de euros. Al día siguiente de los seísmos se iniciaron las obras de emergencia en el templo. El coste de los trabajos de la primera fase superó el millón de euros, a los que se sumaron otros 250.000 euros más. Parte del dinero fue financiado por donaciones de particulares aunque la mayor parte corrió por cuenta de las distintas administraciones.

Las primitivas obras de la iglesia de San Francisco y dependencias conventuales anejas se iniciaron en el año 1561, extramuros de la ciudad, en el arranque del camino hacia Andalucía. La Orden Franciscana, que establecía así su segunda casa en Lorca, designó al convento como el de la Puerta de Nogalte para distinguirlo de los de las Huertas o de San Diego.

La iglesia se abrió al culto en 1565 y en 1576 todavía se estaba trabajando en sus cubiertas. El trazado y primer cuerpo de la portada de acceso al templo son de Lorenzo y Goenaga y fue completado por el cantero Juan Garzón, que la dotó en el segundo cuerpo de severas líneas clasicistas. A mediados del siglo XVII se edificó el primer claustro con una arcada abierta de arcos de medio punto de sillería en el piso inferior, con el piso superior cerrado con balcones.

El interior del templo, declarado BIC por el Gobierno regional en 1982, destaca por el conjunto de retablos barrocos que alberga y constituye una de las muestras más importantes de la Región de Murcia. El importante retablo barroco de la capilla mayor se encargó a Ginés López hacia 1694, que completó en 1771 el arquitecto Lucas de los Corrales con las obras del camarín adornado con espejos de estilo rococó restaurado en 1999.

Museo Azul de la Semana Santa

El Museo Azul de la Semana Santa (MASS) se inauguró el 29 de mayo de 2015. El rehabilitado convento de San Francisco se ha convertido de esta forma en el museo más grande de la Región de Murcia, con más de 3.500 metros cuadrados de superficie, dado que a las dependencias conventuales que se han musealizado se suman otras pertenecientes a la iglesia de San Francisco. El viejo edificio sucumbió, en parte, con motivo de los terremotos de 2011.

El nuevo museo aporta a la ciudad una sala de exposiciones de grandes dimensiones y cuenta con un espacio destinado exclusivamente a los investigadores, que tienen a su disposición los fondos bibliográficos de la cofradía. Presentaciones y otros acontecimientos de la vida de la ciudad tienen cabida en su patio central, que ha sido acristalado con un tratamiento especial que evita los rayos solares. La zona cobra protagonismo por situarse en su planta baja una radiografía de la procesión azul con grandes paneles que muestran estandartes, carros, carrozas y una cuadriga al galope. También allí se encuentran los mantos más representativos de la procesión azul.

La apertura del museo ayuda a la revitalización del recinto histórico de la ciudad. Su situación privilegiada, dentro de la ruta turística monumental, lo convierte en lugar de visita obligada. Un recorrido por su galería resulta imprescindible para conocer el significado de los desfiles bíblico-pasionales de la Semana Santa de Lorca. Las vitrinas muestran los mantos más valiosos que tiene la cofradía. La tecnología aplicada en el museo está a la vanguardia y es comparable con la del Reina Sofía o El Prado.

La restauración llevada a cabo ha dedicado una especial atención a poner en valor cualquier elemento hallado durante los trabajos. Se han rehabilitado las pinturas que se encontraron después de picar las paredes del Carrerón de San Francisco. Se han recuperado los máximos fragmentos posibles con el fin de que el visitante pueda conocer los distintos usos que ha tenido el edificio a lo largo de su historia.

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