14 de febrero de 2012
14.02.2012
Abanilla

Los lixiviados rezuman en varias fincas agrícolas cercanas al vertedero de Abanilla

La denuncia de varios trabajadores señala que entre 2003 y 2006 el residuo se reintroducía en la misma planta de basuras

14.02.2012 | 05:00
Balsa situada en las cercanías del vertedero, con las instalaciones de Proambiente al fondo.

­En el entorno del vertedero de Abanilla se han detectado varios emplazamientos en los que, además de haberse depositado supuestamente residuos sin control durante años, están rezumando el lixiviado procedente de su descomposición. Y ese desecho, muy contaminante, se estaría también filtrando sin control en el subsuelo. Así lo afirma la coordinadora vecinal de la localidad alicantina de La Murada, que reivindica la investigación de los enterramientos ilegales de basuras.

Este diario pudo comprobar la presencia de residuos y lixiviado en dos zonas rústicas situadas fuera del vertedero, aunque muy cercanas a las instalaciones. De la tierra se filtraba líquido oscuro y con un olor penetrante. No era fruto de precipitaciones recientes.

La coordinadora, que tiene como cabeza visible al pedáneo José María Almarcha, intenta esclarecer estos vertidos y la restitución de los terrenos, incluso asegura que fuera de la planta de basuras se han producido explosiones por la concentración de metano con fuegos que se han prolongado durante días. Además, cuantifica la extensión afectada por supuestos enterramientos entre Murcia y Alicante en más de medio millón de metros cuadrados.

Dentro y fuera de la planta
De hecho, los relatos-denuncia con los que cuentan las fuerzas de seguridad y que han llevado a investigar judicialmente tres de estos emplazamientos aseguran que la mayoría de trabajadores de la planta de basura eran conscientes de la llegada de camiones llenos de residuos que se pesaban en la báscula de acceso, pero no entraban al recinto y se derivaban a fincas cercanas de Abanilla o La Murada, supuestamente para arrojar la basura enterrada en bancales agrícolas preparados para ese fin.

En esas declaraciones también se señalan las supuestas prácticas irregulares que se llevaban a cabo dentro de la planta y que la empresa niega. Según el relato de extrabajadores de Proambiente, en 2003 aparecieron varias zonas dentro del recinto de la planta en las que el lixiviado rezumaba a la superficie en el área más baja de los vasos de vertido. En esas zonas comenzaron a abrirse «pozos» para captarlo y retirarlo. Los operarios introducían un tubo de más de medio metro de diámetro y ocho de longitud y lo agujereaban. Después, lo tapaban con tierra. Esa operación se efectuó en al menos ocho localizaciones.

Cuando el colector se llenaba del residuo, se vaciaba con una manguera extractora a una cuba. Para esa labor se empleaba mascarillas, guantes y mono dada la peligrosidad del compuesto. A continuación se trasladaba a la zona alta del vertedero, a los vasos que están sellados, y se arrojaba allí, siempre según estas denuncias. También se depositaban en una finca ajena a los vasos, pero dentro de la parte superior del recinto y de una extensión parecida a la de un campo de fútbol.

Además se aprovechaban para alimentar la generación de la instalación de biogás con la que cuenta la planta, algo autorizado en otros vertederos, pero no en el de Abanilla–La Murada. Incluso en alguna ocasión durante esos años, siempre según los mismos relatos, llegó a emplearse este fluido para «regar» los caminos de tierra de acceso a distintas zonas de la planta.

Cada cuba transportaba hasta doce mil litros. Y se llenaban seis o siete diarias en el recorrido por los pozos, con lo que la suma por cada jornada de faena podría superar los 70.000 litros. Las mismas fuentes constatan la existencia de una balsa soterrada también para recoger los lixiviados, tal y como mantiene la empresa, pero en la que también se realizaba la misma práctica para que no rebosara. Es decir, se sacaban residuos y se arrojaban de nuevo a los vasos de vertido.

Es contaminante
El lixiviado está formado por la mezcla de las aguas de lluvia infiltradas en el subsuelo y compuestos procedentes de los procesos de degradación de las propias basuras depositadas en los vertederos. La cantidad generada de este residuo, de color negro y olor intenso, depende de las precipitaciones que se generen en el vertedero, la superficie expuesta al aire libre y de la cantidad de basura enterrada. Contiene materia orgánica, nitrógeno en forma de amonio, sales como cloruros y sulfatos y, en menor medida, metales pesados. Así hasta 200 compuestos diferentes.

Conforme pasa el tiempo las sales y el amonio se concentran y es menos biodegradable.

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