«Hola capitán, ¿cómo está? Cuánto nos gusta que pase a vernos», le dicen los damnificados y los voluntarios que viven en el campamento de La Torrecilla al capitán José Antonio Ibáñez, el mando de la Unidad Militar de Emergencias (UME) a cargo del grupo de militares que trabajan en el recinto. «Siempre tiene buenas palabras para nosotros y se preocupa de verdad por cómo estamos», dice Rosa Felices.

El capitán Ibáñez hace su ronda por cada una de las tiendas para ver si todo funciona correctamente. Lo repite varias veces al día y, además, está pendiente del móvil las 24 horas por si recibe un aviso. «Somos como una farmacia de guardia, si se nos necesita de madrugada, vamos a atenderles sea la hora que sea», explica el capitán.

Ibáñez detalla que el cometido de los 22 militares del destacamento que permanece en Lorca son «todas las que tengan que ver con el mantenimiento del campamento, como arreglar una instalación eléctrica o un fallo en el abastecimiento de agua, así como el montaje y desmontaje de las tiendas».

Ibáñez, que viene desde el regimiento de Torrejón de Ardoz, bromea diciendo que «estamos pá´ un roto y pá´ un descosío», con su acento andaluz, porque «aunque nací en Águilas, he crecido en Almería».

«Desde que instalamos el campamento hemos desmontado 14 tiendas porque muchas personas han sido realojadas en sus casas, después de los trabajos de reconstrucción», indica el capitán, comentando que próximamente reagruparán a los damnificados «porque hay tiendas que están casi vacías».

En cuanto al número de personas que viven actualmente en La Torrecilla, Ibáñez apunta que «de las 1.500 personas que llegaron al campamento tras los terremotos, el viernes se censaron a 850 y hoy calculamos que habrá 470».

«El objetivo es que el campamento se vacíe, porque eso significaría que todo el mundo ha vuelto a la normalidad», reflexiona el capitán mientras se detiene a hablar con unos niños, preguntándoles cómo les va en el colegio, recordando el nombre de cada uno de ellos.