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Pepe Barba

La pasión como filosofía de vida

Siempre en marcha, siempre adelante, Pepe Barba deja un vacío enorme dentro de la prensa nacional de motor; querido y respetado por todo el sector, tuvo una vida que supo saborear en cada instante

El periodista Pepe Barba al volante en un cohe.

El periodista Pepe Barba al volante en un cohe. / L. O.

"Cuando yo corría en motos de agua...". Al oír esa frase, después de haberle planteado una idea o un problema, ya sabías que Pepe iba a decir algo o trascendental o jocoso. Al principio de conocerle, uno pensaba que sentaba cátedra, pero, qué demonios, ¡es que sabía de todo! Podía recomendarte el chiringuito más coqueto en la más remota playa de no sé qué país sin despeinarse y, cuando creías que iba de farol, afinaba aún más el tiro explicándote la especialidad culinaria del sitio en cuestión.

En el tiempo en el que muchos habíamos empezado a vivir por nuestra cuenta, Pepe Barba ya había conseguido cruzar el Atlántico en velero, fundar una revista de éxito, dar alguna que otra vuelta de campana en un rally e incluso caerse de un globo aerostático, por citar solo algunas peripecias. Y después de algún descalabro cogía, se levantaba y a seguir adelante, como si nada.

Igual que hizo cuando, hace unos años, una furgoneta de reparto se lo llevó por delante mientras iba en moto. Brazo derecho paralizado desde el hombro hasta la punta de los dedos. ¿Se rindió? Pues obviamente no. Se levantó, asumió su nueva etapa y siguió adelante tras una rehabilitación durísima. Incluso diría que a partir de ahí hizo todavía más cosas que antes. Si no se podía montar en moto, pues a saltar desmontes en un 4x4 —alguna vez hubo que ir a sacarlo de una zanja—, por ejemplo.

Lo conocí en 2005 en un encuentro con gente común: bigote que hubiese sido la envidia de cualquier hipster, planta estupenda y una personalidad que te pasaba por encima; podía embarcarte en embolados muy diversos: "A mi padre hay que decirle que no algunas veces", me decía al tiempo su hijo Carlos. Unos meses después comencé a colaborar en este suplemento de Motor que creó en La Opinión de Murcia, gracias también a mi compañero de Onda Regional, Alberto Soler.

Le atraía todo lo que tuviera ruedas y algo de velocidad; además hizo de sufrido modelo conduciendo la mayoría de los coches fotografiados en este suplemento

Miro hacia atrás y aún me parece increíble que el suplemento haya salido puntual cada domingo. Fue por el empeño obstinado de Pepe, que conseguía publicidad en épocas bastante difíciles.

A su lado se aprendía. Nadie como él para explicarte qué pasaba en un sobreviraje y cómo salir del mal trago de la manera más digna posible. A menudo esas "clases" te las daba con ejemplos prácticos si ibas con él en el coche; por cierto, momentos no aptos para los que huimos de las emociones fuertes. Y como él decía, la solución en la mayoría de los casos era dar gas, algo que aplicó a más ámbitos de su vida. "El primer impulso es el que te hace subir la montaña", afirmaba mientras aceleraba a fondo un todoterreno, a la vez que el que suscribe y su cámara de fotos intentaban inmortalizar la secuencia enterrados en polvo.

El periodista Pepe Barba conduciendo un Wolkswagen

El periodista Pepe Barba conduciendo un Wolkswagen / Fran Fernández

Por cosas del destino incluso llegamos a compartir techo y ahí conocí al Pepe que más me interesaba. Una persona que, ante todo, tenía una dimensión humana enorme que se mostraba si conseguías tener su confianza. Durante esa época era fascinante verlo. Se levantaba antes que el sol y ya, pertrechado con su portátil y su inseparable iPhone, comenzaba a trabajar sin descanso.

Siempre me pareció sobrenatural su energía. Un tío que se tira de lunes a viernes dando tumbos por Europa —así es la vida del periodista top de prensa de motor—, y el fin de semana, en lugar de desgastar el sillón, se va a correr un rally agotador. Y el lunes siguiente en pie delante de la escalerilla de un avión. Quién sabe si la vida se disfruta más embarcando que llegando a sitios. "Still moving", como su estado de WhatsApp.

Por otro lado, no sé si todo ese caudal de energía hizo que se descubriera tarde su enfermedad. Pepe ha estado trabajando prácticamente hasta unos días antes de su fallecimiento. Aún tengo recientes mensajes con él sobre contenidos o sobre las páginas de motos que tanto disfrutaba escribiendo. Esta presencia tan reciente y tan lúcida hace más difícil asimilarlo, aunque, ya pasado un tiempo, llego a la conclusión de que trabajar hasta el final le sirvió para ocupar su mente en momentos complicados y también porque el respetado suplemento que creó le mantenía aferrado al presente.

Y por supuesto sé que solo había algo por encima de las páginas que sacamos cada domingo y que le servía como gasolina: sus tres hijos increíbles y a los que he tenido la suerte de haberlos visto crecer.

Un día de cervezas me dijo sobre Víctor, Carlos y Ana que no lo había hecho tan mal en la vida porque tenía unos hijos maravillosos y un montón de amigos. Claro que sí, Pepe. Lo hiciste muy bien.

Carta de Ana Barba Carrillo a su padre, Pepe Barba

En una hipótesis imaginaria, si hace 61 años te hubieran dado un cuaderno en blanco y un bolígrafo y te hubieran permitido diseñar tu futuro, estoy segura de que sería casi igual a la vida que disfrutaste en tu realidad. Y aunque, como todos, seguro que imaginaste que duraría unos capítulos más, saber que viviste la vida que soñabas y querías es el mayor de los alivios que nos dejas a los que ahora te echamos de tanto de menos.

Tu filosofía de vida siempre ha sido mirar hacia el frente, y supongo que por eso has conseguido seguir haciendo lo que más te gustaba, incluso en momentos en lo que te decían que ya no sería posible.

Me encantaría seguir tus pasos y ser capaz de vivir mirando al futuro, pero en un futuro en el que tristemente ya no estás, he preferido elegir quedarme un poquito en el pasado que sí compartí contigo.

Mi forma de no decirte adiós va a ser recordarte por siempre, y así siempre estarás conmigo.

Te quiero papá.

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