29 de abril de 2019
29.04.2019
La Opinión de Murcia

Suspensiones de Citroën: alfombras voladoras

Citroën cumple un siglo de vida como referente del confort gracias a unos sistemas de suspensiones revolucionarios

29.04.2019 | 16:17
Nos ponemos al volante de un C11, 2CV, CX, Xantia, C6, C4 Cactus y C5 Aircross

Si hay algo que ha caracterizado desde siempre a los Citroën ha sido su confort. Y decimos "desde siempre", porque la firma francesa cumple este año un siglo de vida como auténtico referente de la innovación y el confort.

Son muchos los factores que se combinaban para ofrecer una comodidad y calidad de marcha insuperable a los ocupantes de un Citroën, pero sin lugar a dudas el más destacado y determinante es la suspensión, un elemento en el que la marca gala siempre ha estado a la vanguardia: desde la suspensión delantera independiente que ya montó el Citroën 11 en 1934, pasando por el sistema hidroneumático que se introdujo en los años 50, y hasta llegar a los Amortiguadores Progresivos Hidráulicos que montan los nuevos C4 Cactus y C5 Aircross.

Para entender la magnitud de esta evolución a lo largo de sus 100 años de historia nada mejor que vivirla en primera persona, una experiencia que pudimos disfrutar gracias a Citroën España, que reunió en el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial unidades de los modelos C11, 2CV, CX, Xantia, C6, C4 Cactus y C5 Aircross, para probar sus suspensiones a lo largo del gran anillo de pruebas.

Citroën C11

La jornada de pruebas arrancó, como no podía ser de otro modo, con el modelo más antiguo, el C11 de 1934. Este vehículo fue el primero que combinaba tracción delantera, bastidor monocasco autoportante y suspensión delantera independiente. Esta estructura lo situaba al frente del mercado y hacía que cualquier otro vehículo pareciese antiguo a su lado, ya que aportaba un nivel de confort, seguridad y dinamismo sencillamente inigualable.


El mítico 2 CV

El siguiente turno fue para el 2CV, que ofrecía unas prestaciones muy inferiores al Citroën C11, aún teniendo en cuenta que se trata de un coche menos exclusivo que el primero. Pero a este coche hay que evaluarlo por lo que es: un modelo que se hizo para soportar duras condiciones gracias a una mecánica y una estructura muy «básica». Aún así, ofrecía un buen confort en el interior gracias a unas suspensiones blandas y de recorridos largos que filtraban hasta los peores tramos del castigado asfalto del óvalo.


CX, un coche muy especial

El Citroën CX es un coche que llevaba al mercado «generalista» los avances de los coches más exclusivos de la marca. Contaba con un velocímetro digital, accionamientos basculantes accesibles con la punta de los dedos en vez de las clásicas palancas de mando para accionar las luces o limpiaparabrisas, y un sistema de compresión y descompresión de la suspensión hidroneumática para subir o bajar la altura del coche. El C11 montaba una versión mejorada de la suspensión hidroneumática que se estrenó en el «Tiburón» y que más tarde utilizó el GS.

A bordo de este coche es cuando sentimos por primera vez esa hegemonía de Citroën en este apartado mecánico. El CX ofrece un nivel de confort realmente bueno, lo cual es resultado de una combinación extraordinaria de capacidad de absorción y estabilidad.

Xantia, gran estabilidad

El siguiente coche que probamos fue el Xantia, que utiliza la suspensión Hidractiva II. Se basa en la clásica suspensión hidroneumática, con una esfera neumática por cada rueda, pero se aportó a cada eje una esfera adicional. De este modo, se disponía de tres elementos rellenos de gas en cada eje, lo que confería mayor elasticidad y suavidad a la suspensión. Además se podía preseleccionar con un accionador deslizante sobre la consola el modo Sport, que mantenía la suspensión en un modo siempre firme. Y cuando parecía difícil mejorar algo así, Citroën inventó la versión en automóvil del tren «Talgo pendular». La carrocería del Xantia Activa, como se denominaba esta versión, permanecía prácticamente plana en las curvas, no permitiendo más de 0,5 grados de inclinación. Y lo cierto es que esta forma de girar en plano se notaba bastante en la práctica como pudimos comprobar en el anillo del INTA.


C6, volando bajo

El C6 es quizá el coche que mejor representa la filosofía de confort de Citroën. Cada una de sus ruedas dispone de un captador de altura, para saber exactamente cómo pisaba. Su amortiguación responde a ese conocimiento y con la capacidad de regular de forma casi instantánea el tarado en cada una de las ruedas independientemente con dieciséis leyes de retención. Con ello se crea un efecto de alfombra voladora. El confort absoluto de suspensión se combina ademas con un balanceo mínimo de la carrocería, gracias al modo sport, que aceleraba la velocidad de reacción de este sistema de variación de la amortiguación priorizando un rodar más firme.


C4 Cactus y C5 Aircross

La culminación a toda esta evolución se plasma en los modernos C4 Cactus y el C5 Aircross. Ambos montan el avanzado sistema de Amortiguadores Progresivos Hidráulicos que lleva unos topes hidrálucos, lo que junto al confort de sus asientos, permite disfrutar de una de las mejores calidades de vida a bordo de todo el mercado.

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