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Calentamiento global

Drones de guerra contra las llamas: Turquía da una segunda vida a sus famosos aviones no tripulados

El país anatolio ha destinado parte de su arsenal de aparatos aéreos Bayraktar, vendidos en todo el mundo, para la detección temprana de incendios forestales en su región del mar Egeo, uno de los puntos más críticos del Mediterráneo

Bayraktar, dron turco usado en Ucrania.

Bayraktar, dron turco usado en Ucrania.

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Adrià Rocha Cutiller

Adrià Rocha Cutiller

Mugla

Las imágenes van volando entre las ocho pantallas que el hombre tiene delante. En un par, mapas de la zona, con iconos destacados de dónde está cada piscina o fuente de agua disponible, dónde están esperando los camiones, dónde hay parques de bomberos. Hacia dónde sopla el viento e, incluso, qué zonas están siendo vigiladas ahora mismo desde los cielos.

Una pantalla, sin embargo, destaca por encima de las demás. Esta va cambiando de imagen, constantemente, y muestra a veces un vídeo en directo en color, para luego dar un zoom de kilómetros encima de algo que podría ser un fuego. Entonces, la pantalla cambia completamente, y lo que antes era de color ahora es blanco y negro. Mustafa Ülküdür, director del departamento forestal de la región turca de Mugla y el hombre detrás de las pantallas, busca puntos blancos.

"Ahora mismo se ve cómo el dron detecta desde la distancia una fuente térmica. El punto blanco lo muestra, y es perfectamente visible gracias a la cámara del aparato, pero en ese momento aún no hay humo. No hay nada. El incendio es tan pequeño que aún no es detectable para el ojo humano", explica Ülküdür, que da gracias a los drones y pide más.

Desde hace unos años, Turquía ha empezado, en números crecientes cada verano, a utilizar a sus drones de guerra Bayraktar —vendidos en todo el mundo y que Rusia emplea contra Ucrania— en las campañas de verano para detectar incendios en sus estadios más tempranos; para evitar la catástrofe que, año tras año, se ciñe sobre el Mediterráneo cuando suben las temperaturas.

En un principio, en 2019, Turquía destinó apenas un par de drones a vigilar toda su costa. Este verano son 14, vuelan las 24 horas del día a 5.000 metros de altura, y Ülküdür promete más: "Esta vigilancia nos permite ya movilizar nuestras operaciones cuando el incendio es apenas una pequeña flagración. Incluso somos capaces de detectar el calor que desprende una colilla de cigarrillo encendida. Esto nos hace ganar un tiempo precioso. Cada año reducimos el tiempo en el que llegamos con operativos terrestres en el lugar del fuego, y ya estamos en los 10 minutos. Esto nos da una ventaja enorme, pero debo decir que cada vez es más difícil. Los fuegos ya no se comportan como antes".

Un año suave


Estos días de principios de agosto, la región de Mugla —la de más riesgo en Turquía—, está en alerta máxima. Por primera vez en este verano relativamente suave en el este del Mediterráneo, las temperaturas superan los 35 grados, y Ankara ha decretado el estado crítico en los bosques: entrar a ellos está completamente prohibido.

Y aún así, los fuegos, de momento pequeños, sin víctimas, a diferencia del oeste del Mediterráneo, se suceden. "Comparado con el año pasado, sí, este verano está siendo más tranquilo. El año pasado fue impresionante; dio mucho miedo. Pero esto no significa que no estemos constantemente corriendo arriba y abajo con los fuegos. Me gusta mi trabajo, pero es muy cansado estar casi cada día delante de las llamas. Es muy duro... y a veces frustrante. El 99% de los incendios son provocados por descuidos de ciudadanos. Necesitamos más conciencia social", asegura Recep, un bombero en plena acción.

Incendio en el distrito Seferihisar de Izmir, el pasado verano.

Incendio en el distrito Seferihisar de Izmir, el pasado verano. / AHMET AYBERK CIMEN / AFP

Ante el hombre, varias hectáreas de lo que antes era un bosque y ahora es un esqueleto de madera quemada, cenizas, humo, rocas desnudas y decenas de hombres que corren arriba y abajo con mangueras que parecen serpientes rojas kilométricas. "Por lo general esperamos en las bases. Y a la que recibimos la llamada estamos ya fuera en dos minutos. Llevo algunos años en este trabajo, y cada vez conseguimos llegar a los incendios cuando son más pequeños. Aunque hay algunos que son incontrolables. Esos dan mucho miedo", dice Recep.

El cambio climático


El uso de los drones, en Turquía, se ha convertido en una herramienta de lucha en una batalla cada vez más perdida. El cambio climático, la falta de lluvias y el alza de temperaturas, según los expertos, hace que los incendios crezcan a una velocidad incontrolable.

El trabajo de Ülküdür, cada verano, no se basa en ganar, sino en perder lo menos posible: "Los incendios ahora se mueven cuatro veces más rápido de lo que lo hacían tan solo hace 10 años. Y en esto los drones nos ayudan muchísimo, porque nos permiten llegar al lugar antes de que un fuego se convierta en un megaincendio. Cuando lo hace... ya no hay mucho que hacer. La intervención dura días, y se convierte en un desastre. Es entonces cuando el incendio destroza todo lo que está en su paso. Nuestro trabajo es evitar que eso pase".

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Fuente: El Periódico

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