La era del calor extremo (y 8)
En busca del frescor: los secretos ancestrales del desierto marroquí contra las altas temperaturas
Un viaje por Ouarzazate y sus oasis, donde muros de adobe, 'khettaras' y prendas holgadas siguen suavizando el termómetro
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Nómadas con túnica y turbante en el desierto del Sáhara, en Marruecos. / JALAL MORCHIDI / EFE

En Marruecos, el termómetro coquetea constantemente con los 40 grados. Especialmente en verano y el interior del país, donde muchas veces supera esta barrera. Adaptarse a este calor es cuestión de supervivencia. La sociedad marroquí lleva siglos usando y desarrollando técnicas ancestrales para afrontar las altas temperaturas y algo mucho más importante, salvaguardar el agua, el tesoro líquido que permite la vida. Encontramos ejemplos de adaptación en todos los ámbitos: la arquitectura, la manera de vestir o qué beber.
El ksar de Aït-Ben-Haddou, en la región de Ouarzazate, se considera la puerta del desierto. Es un pueblo fortificado, las construcciones más antiguas apuntan al siglo XVII. Se levanta a orillas del río Ounila, sobre un montículo. Actualmente sirve de bonita panorámica para los miles de turistas que la visitan cada año, en el pasado era clave para poder vigilar. Era una de las paradas de las caravanas, que siglos atrás, cruzaban el desierto desde el otro extremo del Sáhara cargados de mercancías.
Es un decorado de película, que ha servido para escenas de Gladiator o Juego de Tronos. Pero también es un refugio climático, ancestral, de cuando no existía ni este concepto. Nada más entrar por las estrechas calles o pasillos cubiertos, el calor se suaviza. La temperatura en el interior de las casas se mantiene muy debajo de la del exterior. La respuesta está en los espesos muros construidos con adobe, tierra y paja que logran la inercia térmica. Durante el día absorben el calor del exterior, aunque el interior se mantiene fresco; de noche, ese calor ocupa el interior y los muros se refrescan con las temperaturas nocturnas más bajas.

El 'ksar' de Aït-Ben-Haddou, en la región marroquí de Ouarzazate, considerado la puerta del desierto. / WIKIMEDIA
La técnica no es exclusiva de Marruecos, se emplea en muchos otros países y continentes. Esta arquitectura también dispone de un sistema de ventilación a partir de un patio central. Por lo demás, las ventanas al exterior son mínimas. En las esquinas de las casas suele haber una torre, que también da sombra. El color de las paredes es completamente ocre o rojizo, que rebota mejor la luz que los colores oscuros.
Palmerales y oasis
Aït-Ben-Haddou es uno de los ejemplos más conocidos, pero en la región hay centenares. Continuando por la carretera dirección al este hay otro ejemplo de una sociedad adaptada a las condiciones climáticas extremas. Los palmerales acompañan al viajero durante kilómetros. Estos árboles, que dan los apreciados dátiles marroquíes, actúan de parasol. Bajo las palmeras, se siembran frutales y más abajo, se cultivan verduras y hortalizas. De manera que cada árbol aporta sombra. Todo acompañado por una red de acequias que hacen circular el agua para regar.
Las técnicas para hallar fuentes y construir pozos también son vitales. También podemos encontrar las ingeniosas khettaras. Son "túneles subterráneos de varios kilómetros de longitud que extraen suavemente agua de áreas geográficas ubicadas a mayores altitudes hacia los oasis", según explica la UNESCO, una técnica que también se usa en Argelia o Irán.
La vestimenta es otro elemento importante. La gandora es la túnica por excelencia. Una prenda holgada que se lleva encima de la ropa, a la vez transpira y deja circular el aire y cubre la piel del sol abrasador. Normalmente azul o blanca, aunque actualmente hay de todos los colores, en su mayoría claros. Es más que una prenda, cómoda para todo tipo de actividades, incluso para ir a lomos de dromedario, también es un símbolo de identidad, no se ve habitualmente en otras regiones. Otro elemento habitual es el turbante, que sirve para proteger del sol pero también para cuando hay viento o tormentas de arena, pues permite cubrir el rostro.
Finalmente, la bebida más popular es el té con menta. Se sirve caliente, lo que hace aumentar la temperatura corporal. Por contradictorio que parezca, al reducir la diferencia con la temperatura ambiental se percibe menos calor. La menta también es importante, tiene beneficios antiinflamatorios y le da frescura a esta bebida, que normalmente se sirve en pequeños vasos con una abundante capa de espuma.
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Fuente: El Periódico
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