Tensión bilateral
Estados Unidos aumenta su presión sobre Cuba con sanciones a más miembros del Gobierno y el aparato de seguridad
Washington apunta esta vez a dos ministros, un integrante de la cúpula comunista y los responsables de la Policía y los servicios de inteligencia

El presidente de Cuba, Miguel Diaz-Canel, y la ministra de Comunicaciones, Mayra Arevich Marín, en una imagen de archivo. / ERNESTO MASTRASCUSA / EFE

El conflicto entre Estados Unidos y Cuba suma cada semana nuevos episodios como si fueran capas de una cebolla que no deja de crecer y anuncia derivaciones más inquietantes. En medio de los padecimientos de la isla, marcados por los apagones y la escasez general, el Departamento del Tesoro de EEUU decidió este lunes ampliar el espectro de sus sanciones contra otros representantes del Gobierno y el Estado cubanos, entre ellos el ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, en el centro de la tormenta política debido a la crisis del sector, y la ministra de Comunicaciones, Mayra Arevich Marín. Las medidas dispuestas por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) siguen la misma lógica aplicada a Venezuela antes del 3 de enero y alcanzan a la máxima autoridad de la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba, Juan Esteban Lazo Hernández, así como un integrante del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista, Roberto Morales Ojeda. El director de la Policía, Óscar Alejandro Callejas Valcarce y oficiales del Ministerio del Interior (MinInt) y la Dirección de Inteligencia han sido también alcanzados por esta disposición de la OFAC.
El Gobierno de La Habana enmarcó las nuevas medidas en la campaña de presión de EEUU a la isla para que opere reformas políticas y económicas. Es una forma de actuar "inmoral, ilegal y criminal", aseguró el presidente Miguel Díaz-Canel. "El castigo colectivo al que están sometiendo al pueblo cubano es un acto de genocidio que debe ser condenado por orgranismos internacionales y encausar penalmente a sus promotores", añadió.
El organismo dependiente del Departamento del Tesoro fundamentó en términos estrictamente políticos las sanciones. "Durante más de 60 años, el régimen cubano ha priorizado su ideología comunista y su enriquecimiento personal por encima del bienestar de sus propios ciudadanos, al tiempo que ha permitido la explotación de Cuba para operaciones militares, terroristas y de inteligencia extranjera". Se advierte a su vez en el mensaje que Washington "seguirá tomando medidas" para "contrarrestar" a "aquellos en el exterior que permitan que las élites se aprovechen mientras el pueblo cubano sufre".
La caída de Nicolás Maduro supuso un golpe de enormes proporciones para la isla. No solo porque se cortó el flujo de petróleo desde Venezuela que era indispensable para su funcionamiento. A partir de enero pasado se inició el cerco energético que ha dejado a la mayor de las Antillas sin combustible, salvo el suministro excepcional de un petrolero ruso en abril pasado. De esa asistencia ya no queda una sola gota en la isla, que vuelve a padecer horas y horas de cortes energéticos. A la par, la Administración de Donald Trump sancionó apenas hace una semana al conglomerado económico militar, GAESA, y otras entidades que no hicieron más que profundizar la asfixia.
"Amenaza a la seguridad nacional"
El secretario de Estado, Marco Rubio, hijo de emigrantes cubanos, justificó la batería de sanciones como una cuestión que atañe a la seguridad nacional de la potencia militar más importante de Occidente. EEUU se siente "amenazado" por una isla cuyo PIB ha caído a los niveles de Haití como consecuencia de la combinación de una serie de errores internos de magnitud y lo que La Habana llama el "bloqueo" que rige desde décadas atrás.
Las nuevas disposiciones no hacen más que presagiar otras a los ojos de los analistas. No se descarta que Washington presente en breve cargos contra el nonagenario Raúl Castro, por un episodio ocurrido cuando era el jefe de las Fuerzas Armadas: el derribo de dos aviones de la organización Hermanos al Rescate, con sede en Miami, en febrero de 1996, en plena crisis derivada de la disolución de la Unión Soviética.
La versión periodística sobre la existencia de drones de origen ruso e iraní en el arsenal militar cubano no hizo más que añadir otro frente de confrontación. El presidente Miguel Díaz-Canel reivindicó el derecho de Cuba a defender su territorio y predijo un "baño de sangre" en caso de una tentativa de ataque norteamericano. La fugaz y sorpresiva visita a La Habana del director de la CIA; John Ratcliffe, queda a estas alturas como un episodio lejano en el tiempo, aunque tuvo lugar el pasado jueves. La brevedad de su permanencia en la isla parece haber sido inversamente proporcional al tamaño de la advertencia que lanzó el jefe de los espías en nombre de Trump. Los últimos episodios no hacen más que confirmar que la disputa podría agudizarse con el paso de los días. Parte de los interlocutores de Ratcliffe están entre los sancionados.
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