Tras el juicio "histórico" de los atentados del Bataclan, Francia afronta ahora el de Niza. Este lunes al mediodía empezó en el Tribunal de París el proceso judicial de ocho presuntos cómplices del atropello masivo del 14 de julio de 2016. Mientras en el reciente juicio de los atentados de noviembre de 2015 se sentaron en el banquillo varios miembros destacados del Estado Islámico (EI), el perfil de los acusados en el de Niza —y las penas a las que se confrontan— resulta más modesto. Los ocho formaban parte del entorno, o estuvieron en contacto pocas semanas antes del atentado, del tunecino Mohamed Lahouaiej Bouhlel, cuya cabalgada mortífera con un camión dejó un reguero de 86 muertos.

Esa noche fatídica, Lahouaiej Bouhlel atropelló a la multitud concentrada —más de 25.000 personas— durante el tradicional fuego de artificios de la fiesta nacional en la majestuosa Promenade des Anges en Niza, principal ciudad en la Costa de Azul, en el sudeste de Francia. Con más de 80 muertos —15 víctimas menores de edad y un tercio de ellas de confesión musulmana— y 400 heridos, representó el segundo atentado yihadista más importante en la última década en el país vecino. 

Aunque el EI reconoció la autoría de ese atentado, no lo hizo hasta 36 horas después de los hechos. Desde entonces, los agentes encargados de la investigación no lograron encontrar ningún vínculo directo entre el responsable de la matanza y la organización fundamentalista islámica. Hasta el punto que consideran que fue reivindicado por "puro oportunismo".

Presuntos cómplices con un perfil bajo

Como sucede con muchos otros ataques yihadistas, su autor perdió la vida la misma noche de los hechos, al ser abatido por la policía francesa. El perfil y las motivaciones de este tunecino, de 31 años, conocido por sus problemas mentales y su obsesión por el sexo y la violencia, estarán presentes a lo largo de los cuatro meses de juicio. Lahouaiej-Bouhlel, que comía cerdo, bailaba salsa y no respetaba el Ramadán, era un desconocido para las fuerzas de seguridad. Solo habían tenido noticias de él por las denuncias de su mujer en 2011 y 2014 por violencia machista, que fueron archivadas. Tras el atentado, se supo que se había interesado por los videos de propaganda del EI y se había dejado crecer la barba pocas semanas antes del 14 de julio de 2016. 

El perfil confuso de Lahouaiej-Bouhlel —¿actuó como un soldado del EI o como un enfermo mental?— contribuye al carácter nebuloso de los ocho presuntos cómplices (siete hombres y una mujer) juzgados en París. Los tres principales acusados comparecen por un delito de "asociación con un delincuente terrorista y criminal". Se trata de tres amigos o conocidos tunecinos del autor de la matanza. De uno de ellos se sospecha que le acompañó durante un viaje en camión por la misma Promenade des Anges, pocos días antes del atentado. También se juzga a cuatro albaneses y a otro tunecino por haberle proporcionado las armas —una pistola, una granada y dos fusiles falsos— que llevaba en el camión. Pueden ser condenados a penas de entre 20 y cinco años de cárcel

Encontrar sentido al juicio

Siete de los acusados —uno de ellos es juzgado en su ausencia, al estar encarcelado en Túnez— hicieron este lunes sus primeras declaraciones ante el tribunal, presidido por el juez Laurent Raviot. Su aspecto se asemejaba más al de un lampista o un electricista que al de un fundamentalista islámico. "No hay ningún coautor ni cómplice entre los acusados. (…) No podemos esperar que la pena que se pronunciará esté a la altura del prejuicio sufrido por las partes civiles", reconoció el juez Denis Salas en declaraciones al diario progresista Libération. "A algunas víctimas les cuesta encontrar sentido a este juicio, precisamente por la ausencia del principal responsable", añade la abogada Sophie Hébert, del colectivo 14-7 Avocats

Además de las habituales rondas de presentación de los acusados, esta primera audiencia se dedicó a cuestiones de procedimiento, como la composición de las partes civiles. Aunque más de 2.450 personas fueron indemnizadas como víctimas, solo 865 de ellas se han presentado como partes civiles. Debido a que la Justicia antiterrorista está centralizada en París, el proceso se celebra en la capital, a casi 1.000 kilómetros de distancia de Niza. 

Como ya sucedió con el proceso del Bataclan, las audiencias son grabadas —algo excepcional en Francia, donde está prohibida la difusión en medios de imágenes del interior de las salas— y se retransmiten para el público en el Tribunal de París y en Niza. Las víctimas también pueden seguir el transcurso a través de una emisora de radio específica. El anuncio de la sentencia está previsto para mediados de diciembre.