El presidente francés, Nicolas Sarkozy, y la canciller alemana, Angela Merkel, protagonizaron ayer un nuevo episodio de la reconciliación franco-alemana, al conmemorar juntos en París el 91 aniversario del armisticio que puso fin a la Primera Guerra Mundial. Ha sido una conmemoración histórica ya que es la primera vez que un jefe de Gobierno alemán participa en las ceremonias convocadas en Francia para recordar el fin de la Gran Guerra (1914-1918) que concluyó con la derrota de Alemania. El hecho de que Merkel esté en la capital francesa en este día tan señalado representa "un gesto excepcional de amistad", dijo Sarkozy en un emotivo discurso junto a su invitada, después de que ambos avivaran la llama de la Tumba del Soldado Desconocido bajo el Arco de Triunfo.

"No es sólo la llama del recuerdo, es también la llama de la esperanza", según Sarkozy, quien definió la amistad de Alemania y Francia como "un tesoro" que "debemos preservar".

En la misma línea, la canciller alemana tomó la palabra para subrayar que "la relación entre nuestros países es especial, única", y recordar que "lo que pasó no se puede borrar" pero hay una fuerza que ayuda a superarlo, que definió como "la fuerza de la reconciliación".

Esa fuerza quedará plasmada en las imágenes recogidas ayer, que recuerdan mucho a las protagonizadas en 1984 por el entonces presidente francés Francois Mitterrand y el canciller alemán Helmut Kohl, cuando enlazaron sus manos en Douamont, junto al escenario de la batalla de Verdún, en un gesto que ha pasado a la historia como el símbolo de la paz entre los antiguos adversarios.

Han pasado muchos años y ninguno de los dos países olvida lo ocurrido, pero hoy, como dijo Merkel, "el 11 de noviembre es un día de paz en Europa" y, como señaló Sarkozy, es un día para el recuerdo en el que "no conmemoramos la victoria de un pueblo sobre otro, sino una prueba que fue tan terrible para uno como para el otro". Lo dijeron en un acto cargado de símbolos, tras escuchar los respectivos himnos nacionales ante una brigada de soldados franco-alemanes y ante las numerosas autoridades que acudieron al acto, entre las que se mezclaba la primera dama francesa, Carla Bruni. Merkel, vestida de riguroso negro, y Sarkozy, con corbata negra, también guardaron un minuto de silencio a las 11 horas y 11 minutos del día 11 del mes 11, marcando así el momento exacto en el que, hace 91 años, entró en vigor el Tratado del Armisticio.

Ese Tratado lo firmaron el mariscal francés Ferdinand Foch y el alemán Matthias Erzberger el 11 de noviembre de 1918 en un vagón de tren en el bosque de Compiegne (Francia), a unos 90 kilómetros al norte de París.

A partir de ahí comenzó a construirse una nueva relación entre los antiguos adversarios que en la actualidad vive uno de sus mejores momentos, hasta el punto de que algunos medios de comunicación la definen como una "luna de miel". Ambos mandatarios se ven a menudo y cada vez es más frecuente que los dos mandatarios abanderen posiciones comunes en las reuniones del G-20 y en la UE. Sus gobiernos se plantean incluso la creación de un ministerio franco-alemán.

Como dijeron ayer los dos -Merkel en francés- para cerrar sus discursos: "Viva Francia", "viva Alemania" y "viva la amistad franco-alemana".