La Policía birmana montó controles de seguridad y situó agentes armados con rifles en diversos puntos de Rangún, y sobre todo, en las calles de acceso a las pagodas de Sule y Shwedagon, que fueron los lugares de concentración de los cientos de miles de birmanos que secundaron las protestas antigubernamentales alentadas por los monjes.

En algunas partes del casco antiguo de la ciudad, la Policía también desplegó alambradas de espinos, y miembros de la milicia gubernamental de la Asociación para el Desarrollo y la Solidaridad de la Unión de Myanmar patrullaban las calles con varas, según informó radio "Mizzima".

El aumento de las medidas de seguridad se produjo un día después de que las autoridades militares admitieran que llevan a cabo una amplia operación policial para capturar a muchos monjes budistas "falsos" implicados en la organización de las manifestaciones.

"La mayoría de los monjes miembros del Frente Nacional de Monjes son ex convictos, y los monjes falsos que lideraron las protestas violando de esa forma las normas monacales, serán acusados", señaló el ministro birmano de Asuntos Religiosos, general Thura Myint, al diario "Nueva Luz de Myanmar", órgano de propaganda del régimen.

La amplia presencia policial coincidió con el final del período de la cuaresma budista, una importante festividad durante la que la gente acude a las pagodas, y marca el inicio de la peregrinación de muchos miles de monjes.

Desde de que las fuerzas de seguridad acallaron a tiros y golpes las manifestaciones pacíficas del pasado septiembre, los monasterios son vigilados, inspeccionados regularmente, y la Policía restringe la salida de monjes a la calle, de acuerdo a diferentes versiones de residentes en Rangún.

Mientras continúa la persecución de religiosos, algunos monjes como en el caso de Askin Kovida, considerado el principal organizador de las manifestaciones que significaron el mayor desafío a la Junta Militar, han buscado refugio en la vecina Tailandia para eludir la captura, según informó la prensa tailandesa.

Askin Kovida, el monje más buscado por las fuerzas de seguridad birmanas, cruzó la pasada semana la frontera tailandesa ilegalmente por el paso de Mae Sot, a unos 400 kilómetros a noroeste de Bangkok, vestido con ropas civiles, llevando documentación falsa y exhibiendo un crucifijo en torno al cuello.

El régimen birmano admite que diez personas murieron durante la represión de las protestas y unos 3.000 manifestantes fueron arrestados, aunque fuentes de la disidencia calculan que el número de muertos se acerca a los 200 y que los detenidos superan ampliamente los 6.000.

El despliegue de fuerzas de seguridad sigue también al encuentro que Suu Kyi, mantuvo el pasado jueves con el ministro de Trabajo, general Aung Kyi, el enlace oficial de la Junta Militar con la oposición y Naciones Unidas.

Suu Kyi, jefa de la Liga Nacional por la Democracia (LND), fue recogida en su domicilio de Rangún, donde desde junio de 2003 cumple arresto, para entrevistarse con el enlace del régimen militar.

Aunque no se ha dado a conocer el contenido de la conversación entre Suu Kyi y el ministro, fuentes de la LND consideraron que ese encuentro, cuyas imágenes fueron divulgadas por la televisión estatal birmana, es una señal de que la Junta Militar responde a la presión exterior.

"El encuentro es un signo de que puede haber diálogo", indicó en un comunicado Nyan Win, portavoz de la LND, la única formación política opositora que ha resistido a casi dos décadas de fuerte presión por parte de la Junta Militar.

Birmania (Myanmar) está gobernada por los militares desde 1962 y no celebra elecciones parlamentarias desde 1990, cuando el partido oficial perdió ante la LND de Suu Kyi, en unos comicios cuyos resultados jamás han sido reconocidos por los generales.