Ciclismo
Otro esprint con caída en un Giro que afronta este viernes la primera llegada en alto
La prueba se acerca al Blockhaus con Vingegaard de favorito tras una accidentada llegada en Nápoles donde ganó el italiano Ballerini
Contrariamente a lo que se cree, en un país que sufrió las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, el Blockhaus, adonde llega este viernes el Giro, primera llegada en alto, debe el nombre a un militar austríaco, que luchaba contra los bandoleros en esta cumbre de los Abruzos y que suele ser una de las subidas clásicas de la ronda italiana. Es el primer punto caliente de una carrera que hasta ahora sólo ha avanzado con esprint, la fuga triunfal de Igor Arrieta, y caídas peligrosas como la ocurrida en la segunda etapa de la prueba.
Corrió el pelotón sin mucha temeridad en la sexta etapa, que acercó la carrera hasta las calles de Nápoles, todos pendientes de que la lluvia no convirtiera el Giro en un caos, tal cual sucedió el año pasado, en el mismo día de competición, cuando se decidió que la jornada no contaba para la clasificación general, con caídas que provocaron el abandono del australiano Jai Hindley, vencedor del Giro 2022, y jersey amarillo del Tour 2023 al paso por los Pirineos.
Y hubo esprint, ‘volata’ como dicen los italianos, tan previsto como un libro abierto, mientras los corredores, en ruta hacia la capital de Campania, contemplaban en la lejanía la imagen del volcán Vesubio. Fue un esprint con riesgo porque con adoquines resbaladizos en cuanto cayeran cuatro gotas, como pasó, el accidente estaba absolutamente contemplado. La verdad, entrar a Nápoles en día laborable a través de autovía, nulo espectáculo, no fue un acierto sino todo lo contrario en una etapa sin historia. Ganó el italiano Davide Ballerini, que salvó la caída, primer triunfo local.

La séptima etapa. / Giro de Italia
En cambio, Jonas Vingegaard, principal candidato a la victoria final, corrió con cierta tranquilidad, sin tomar ninguna responsabilidad y yendo a rueda para no desgastarse más de la cuenta, al igual que hicieron el resto de contrincantes que quieren brillar, como el mallorquín Enric Mas, líder del Movistar, en su estreno en la ronda italiana. Este año ha cambiado Giro por Tour y mantiene presencia en la Vuelta.

El Blockhaus. / Giro de Italia
Este viernes todo será distinto en el Blockhaus, en cuya cima se construyó una ‘casa rectangular’ (significado en alemán) a las órdenes del comandante austríaco que luchaba en el siglo XIX contra el bandolerismo de la zona. Ahora más que bandoleros deberán ser los ciclistas quienes se adueñen de una cumbre que se estrenó en el Giro de 1967 con triunfo -no podía ser de otra manera- de Eddy Merckx. Será la novena escalada a un puerto donde ganó José Manuel Fuente, ‘El Tarangu’ la cronoescalada de 1972 y Nairo Quintana en 2015 cuando se vistió de rosa en un Giro que acabó dominando el neerlandés Tom Dumoulin.
Se trata de una ascensión constante, sin grandes desniveles (aunque el máximo llega al 14%) pero sin apenas descanso para recuperar fuerzas a lo largo de 13,6 kilómetros con un promedio del 8,4% lo que convierta al Blockhaus en un monte muy complicado y que debería comenzar a aclarar la general del Giro que, por ahora, domina el portugués Afonso Eulálio con Arrieta en segunda posición.
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