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Tribuna libre

Un collage entre conservas

‘Conservas y collage’, no puede haber algo tan opuesto a primera vista pero tan conectado cuando la mano del artista hace de mediador para que ambos elementos dialoguen

‘Criaturas enlatadas’. Collage.

‘Criaturas enlatadas’. Collage. / Maica Luis

Directora de Two Art Gallery

Desde hace ya unos años siento un gran interés por aquellos procesos creativos que se salen de ese camino marcado por la normalidad. Técnicas poco habituales, materiales inapropiados o recursos de todo tipo, que nunca nadie hubiera pensado que podrían ser inspiradores de cualquier tipo de arte, ofrecen una riqueza visual y conceptual tan extraordinaria que no necesitan de óleos o lápices para construir su propia verdad.

A simple vista, podríamos tender a imaginar este tipo de procesos como complejos, extravagantes o disparatados, aunque en realidad no tiene por qué ser así.

Hace poco descubrí, por ejemplo, la maravillosa cantidad de artistas que bordan antiguas fotografías para crear universos paralelos y darle un nuevo camino a la historia con sus hilos de colores. El resultado es de un simbolismo hipnotizador. Coger el pasado, y con algo tan asociado al imaginario femenino como es la costura, para cambiar patrones sociales, modos y formas y escribir así nuevas vidas o historias.

Como veis, no es cuestión de complejidad, sino más bien de creatividad.

Ese concepto de reescribir la historia transmite una idea de libertad tan emocional como lógica, diríamos que hasta de justicia. Creer que siempre hubo otro camino, otra posibilidad y que, a pesar de que la historia pasada ya está escrita, podemos construir una nueva para no volver a caer en ciertos patrones, hechos terribles o sucesos, se plantea como un reto para muchos artistas contemporáneos.

Conservas y collage, no puede haber algo tan opuesto a primera vista, pero tan conectado cuando la mano del artista hace de mediador para que ambos elementos dialoguen. Un ejercicio de maravillosa simpleza, que en realidad no es tal, sino bastante más complejo de lo que podamos imaginar.

‘Criaturas enlatadas’. Collage.

‘Criaturas enlatadas’. Collage. / Maica Luis

Hablando hace poco con una collagista murciana, me decía apenada que la afirmación «Entonces, tú lo que haces es cortar y pegar» era como una especie de estigma que persigue este arte, limitando y empequeñeciendo el proceso creativo que es lo fundamental, y este no es otro que la representación de una idea. Sin ideas ni historias que contar, no hay arte, y poco importa si para darles forma se usen papeles, revistas, bronce o pigmentos. Esa supuesta nobleza de los materiales tradicionales no le otorgan a la obra ni calidad ni validez artística; es la mano del creador, sus ideas, lo que en realidad las convierte en arte.

El collage es una de esas disciplinas que se salen, como os comentaba al principio, de los parámetros de la normalidad. Aunque cubistas y dadaístas fueron sus precursores a principios del siglo XX —Picasso, Braque, Hannah Höch—, en realidad es un arte que no ha tenido la consideración que merece. Me ha pasado con el collage, igual que con la fotografía bordada; ha sido una extraordinaria sorpresa descubrir a una comunidad de artistas —fundamentalmente femenina— que vive esta experiencia artística con una pasión que no he sentido en otros colectivos de creadores.

Estos días ando entre collages y latas, preparando un nuevo proyecto expositivo que me llena el alma de emoción y verá la luz el próximo 19 de marzo, como parte de la programación de las jornadas gastro-culturales Alcantarilla en conserva. Mientras llegan las imágenes de las obras que darán forma a esta exposición, Voces, he llegado a la conclusión de que estas piezas fragmentadas configuran una especie de alquimia de lo cotidiano. Como un buscador de tesoros, estas collagistas se pierden entre revistas antiguas, imágenes de postales, papeles rotos, telas, etiquetas, recortes de prensa y todo tipo de elementos u objetos con una energía e ilusión que es inevitable no sentir cuando contemplas sus obras.

En un acto casi mágico, toman esos fragmentos desechados y los transforman en algo nuevo, y ahí está la magia: dar una segunda vida a algo que en principio estaba predestinado a desaparecer o ser olvidado. Unir lo que no estaba destinado a encontrarse, trozos de historias pasadas que juntos generan diálogos inesperados que invitan a soñar e interpretar. Ese choque de lo antiguo con lo moderno, lo banal con lo simbólico, genera múltiples narraciones de fuerte componente poético.

Lo imposible se torna, bajo el collage, en una realidad tan absoluta que no importa si cada uno de esos elementos que lo construyen tiene alguna relación entre sí o proceden de universos diferentes; es la mano de la artista la que hace que todo aquel compendio de recortes desconectados cobre una nueva vida y, lo que es más asombroso, lo haga de una manera tan especial que hasta pareciera que aquella escena en algún momento fue real.

La esencia de todo artista queda impregnada de algún modo en sus obras, y en este caso todo ese fluir de sentimientos queda conectado a cada trocito de papel, creando un puente de emociones con el espectador. Pero no solo sensibilidad e intuición son suficientes, también se requiere de un gran criterio visual para que cada composición funcione y emocione al mismo tiempo.

Un proceso creativo que tiene un cierto carácter de resistencia contra lo inmediato; es un arte lento, manual, imperfecto y honesto, un ritual silencioso de gran belleza.

Muy pronto abriremos esas latas llenas de historias, emociones y arte, y por supuesto collage.

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