Una pella de arcilla se deja caer sobre el torno y el alfarero comienza su modelado mientras controla la velocidad haciendo girar la rueda con su pie. Y poco a poco va cobrando forma ante la sorpresa del visitante. Otro sonido llega desde la cercanía. Es el de un cincel que, golpeado suavemente por un martillo, va dando forma a un bloque de piedra arenisca.

Mientras, una aguja enhebrada con sedas sube y baja y, jugueteando con el terciopelo, va relatando una historia que comienza a tomar forma en el bastidor. Y los hilos se entrelazan en el telar con un peculiar soniquete que atrae para sí a los que recorren el lugar. Es la historia de los oficios lorquinos que cobran vida cada día en la Casa del Artesano, en un edificio único, el Antiguo Pósito de Panaderos, que diseñó el maestro Jerónimo Quijano, autor también de la Catedral de Murcia y la Colegiata de San Patricio.

Al llegar a la Plaza de España, la Plaza Mayor más bonita de la Región, como es referida en muchos escritos, son visibles en una de las esquinas las esculturas del príncipe troyano Elio y del personaje griego Crota, los fundadores de Eliocroca, como se llamaba la ciudad en la época romana. Una empinada cuesta de guijarros, la de la Plaza del Caño, lleva hasta el antiguo Pósito de Panaderos, enclave de la Casa del Artesano, destino de los que quieran conocer más sobre los oficios de ayer y hoy de la Ciudad del Sol.

La sala de los Maestros Artesanos hace un repaso por esos lugares emblemáticos de la artesanía local. Fotografías en blanco y negro de Lorca Industrial y su fabricación de tejidos en algodón, en 1932; la cerámica que se vendía en el Mercado y la cacharrería del Puente Viejo del Barrio; los curtidores de pieles que ejercían su labor a orillas del río Guadalentín; los carreteros; los alpargateros; y hasta un taller de zapatería.

Manto de la Virgen de las Huertas bordado en lana por Coros y Danzas. Pilar Wals

Los colores del arcoíris están presentes en las jarapas que cuelgan de las paredes. Amarillo, naranja, verde, rojo, violeta, azul… entremezclándose con la cerámica craquelada tan característica de Playá y los vinos de las Bodegas Contreras. La cerámica de Martín Lario García, ‘Eusebio’, y los complementos de Amares. Y banderas blancas, azules, de España, de la Región de Murcia y de Lorca, de José Ortuño Casas.

La alimentación se va haciendo hueco y junto a los turrones de nieve y almendra de ‘Turrones Blanco’, también se pueden ver embutidos y jamones de los Hermanos Molina; y alcaparras, aceitunas, alcachofas y variantes especiales para ensaladas de Abriliva. Los quesos El Roano, premiados una y otra vez, se guardan en una pequeña nevera donde comparten espacio con los caracoles de Helifrusa.

Y en la planta baja, una exposición muestra piezas únicas. Azulejos del Salón Mozárabe y una reja del Palacete de Huerto Ruano, del siglo XIX; una devanadora; y un cobertor de Casa Periago del siglo pasado. Un telar, un torno de alfarería y un viejo repostero, ocupan parte de la estancia. Magníficas piezas de cristal, de la escalera principal de Huerto Ruano, se pueden contemplar a pocos metros de la parte baja del viejo retablo de la antigua cárcel, que se apoya en la cimentación de la muralla de la ciudad que resurge aquí con fuerza.

Un viejo telar de jarapas Pilar Wals

Viejas cámaras de fotos cedidas por Juan Miguel Aledo y un mueble del siglo XIX del Palacio de Guevara repleto de objetos prestados por Coros y Danzas de Lorca. De estos últimos, es el manto de la Virgen de las Huertas que bordaron a la Patrona en lana en 2019 y que está en el lugar gracias a la cesión temporal de su Hermandad. Y del siglo XVIII, alfombras, cobertores, tapices y tejidos regionales que han vestido hasta palacios ingleses. La cerámica más vanguardista se muestran en un jarrón de mil colores a modo de peculiares flores y benditeras del beato lorquino Pedro Soler, uno de los ocho mártires de Damasco, de Antonio Ayala, y antiguas bandejas plateadas conocidas como ‘Plata de Meneses’.

Contenido y continente son de máximo interés para el que quiera saber más sobre los oficios que imperaron en la Ciudad del Sol. Lugares como la Casa del Artesano llevan a lograr recuperar profesiones en vías de extinción y a fomentar otras que no pasan por su mejor momento. Las visitas crecen a un ritmo inusitado llamadas por las constantes exhibiciones de los artesanos y por exposiciones para mostrar nuevas técnicas y trabajos de los que cada día nos sorprenden con el buen hacer de sus manos. La apuesta por este lugar por parte del vicealcalde y concejal de Turismo, Francisco Morales, ha sido máxima desde el primer día. Todas sus comparecencias tienen como escenario las salas de la Casa del Artesano en un intento de pregonar a los cuatro vientos que el casco antiguo y sus monumentos van más allá de la Plaza de España.

El casco antiguo, un museo artesano al aire libre

Portadas y escudos de piedra y rejerías conforman un peculiar recorrido

Lorca, la de los cien escudos, no es un nombre tomado al azar. Decenas de fachadas blasonadas que esconden palacios y casas se pueden contemplar por la vieja ciudad. Piedras labradas a golpe de cincel y martillo que son un magnífico reclamo turístico. Las portadas de casas y palacios y esquinazos muestran los escudos de armas familiares, pero también esculturas como el Arcángel San Miguel, mascarones y burlones. La Casa de Salazar Rosso, el actual Museo Arqueológico Municipal; la Casa de los Mula, frente al anterior; el escudo de los García de Alcaraz, en la calle Álamo; la Casa de los Alburquerque, que acoge el Archivo Municipal de Lorca Juan Guirao García; y el Palacio de los Condes de San Julián, son ejemplos de exquisitas tallas en piedra que cada día protagonizan las instantáneas de los que visitan la ciudad.

La rejería no se queda atrás. Curioso es el mirador de la casa del Reloj, en la confluencia de Vicente Ruiz Llamas, Alfonso X el Sabio, Fernando el Santo y Zorrilla. La forja de su reja toma unas curiosas formas. Picos que parecen no tener fin. Magnífica también es la forja que decora los balcones de la casa de Potous Moxica, en la Plaza de España esquina con Santiago y la de Musso Valiente, en Álamo. Es el ‘otro’ museo artesano de la ciudad que cada día recorren cientos de turistas que también buscan detalles cerámicos como viejos números de las fachadas. Alguno se puede encontrar en el recinto histórico. También los hay de chapa y esmaltados. Los turistas también se interesan por las aldabas o llamadores de las puertas. Los palacios de la ciudad ofrecen una magnífica colección digna de protagonizar algún día una exposición.