06 de septiembre de 2018
06.09.2018
Toros

Un historia de amor emociona y da paso a la Feria Taurina de Murcia

Pepín Liria se sincera en un pregón en el que repasa sus buenos y malos momentos en la Plaza de La Condomina, donde el próximo martes vivirá su penúltima tarde vestido de luces

06.09.2018 | 04:00
Pepín Liria emocionó ayer durante el pregón de la Feria Taurina de Murcia, que tuvo lugar en el Auditorio Víctor Villegas.

Y Pepín volvió a emocionar. Quien pensaba que habría que esperar hasta el próximo martes estaba muy equivocado. Entonces se despedirá, sobre la arena, de su gran amor; entre sangre, sudor y capotazos, y seguramente entre lágrimas. Pero ayer lo hizo de viva voz, sobre el escenario del Auditorio Regional Víctor Villegas, en el pregón de la Feria Taurina de Murcia.

Desde luego, solo podía ser él, Liria. Una leyenda viva del toreo murciano, el hombre que más veces ha cruzado a hombros la puerta grande del coso de La Condomina. Pero, sobre todo, un maestro que dice adiós; un embajador, un apéndice –fuera a donde fuera– de esa plaza a la que ayer declaró su amor eterno, incondicional, de esa plaza de la que dentro cuatro días se despedirá por segunda vez en una tarde para la historia.
El Real Club Taurino de Murcia le cedió la palabra, el privilegio del que tantas espadas de renombre han gozado. Sin ir más lejos, el año pasado fue Enrique Ponce quien dio paso a los festejos desde el mismo atril que el ceheginero ocupó ayer; pero lo de Liria era, a todas luces, especial, como su relación con la Plaza de Toros de la capital del Segura.

«Yo no quería que llegara este momento. No quería que llegara esta noche porque tú me diste y me sigues dando las fuerzas que muchas veces pensé que no tenía para hacer a tu lado las bellas locuras que soñaba en mi infancia. Me diste tu sombra y tu sol. Tu luminosidad y tu jaleo. Y ahora que siento que vamos a vernos por última vez, aunque quién sabe, tiemblo de emoción y nostalgia», confesaba el diestro en sus primeras palabras.

«Quedan poquitos días para que vuelva a verte como me gusta: vestido para ti con la ilusión de nuestra primera vez. Pero tus entrañas y las mías laten ya de emoción y miedo, de ilusión y compromiso. Así que déjame que esta noche te cuente nuestras cosas, nuestra historia de amor sin fisuras», declamó el torero antes de comenzar a contar una historia; su historia, y, casi de forma inevitable, la de La Condomina.

Liria rememoró sus inicios, sus más tiernos inicios, cuando con apenas 13 años «soñaba con ser el torero que buscaba Murcia». Recordó la primera vez que pisó la arena de su plaza, actuando en «la parte seria» de El Bombero Torero, y, por supuesto, el día de su alternativa: «De blanco y oro y acompañado por el más grande de los toreros murcianos de la historia, el hombre que supo aconsejarme sobre cómo conquistarte, el perfecto padrino de boda que me acompañó en el paseíllo y al que tantas veces he acudido después para aprender de su experiencia: el maestro José Ortega Cano».

Pero, como en cualquier historia de amor, no todo han sido luces; Liria y La Condomina también han tenido sus sombras, y el diestro de Cehegín no se subió al escenario ayer para callar. «Ahora que ha pasado el tiempo podemos decirlo con claridad, nuestra relación generó muchos celos e intentaron separarnos muchas veces, tú lo sabes bien. Había mucha gente que no veía con buenos ojos nuestra relación y quisieron hacernos daño. Pero no pudieron porque nuestro amor estaba por encima de habladurías y zancadillas. Llevados por la rabia y la envidia dijeron que yo te manipulaba y eso no ha sido cierto. Yo manejaba mi carrera y la cuidaba, y tú eras el pilar principal», aseguró.

Y es que triunfar en la Plaza de Toros de Murcia ha sido siempre «el objetivo» de su vida. «Así quieren despedirse de ti todos los toreros, saliendo a hombros por tu puerta grande. Pero déjame que te cuente que me siento íntimamente orgulloso de haber sido yo quien más veces ha cruzado esa línea mágica, volviéndome desde los hombros de los aficionados para despedirme de ti tirándote un beso. Por eso siento que, de alguna manera, ese pedazo de ti me pertenece», señaló Liria. Entre sus credenciales, Sevillano, Hechizo e Insípido, tres toros que marcaron su carrera en diferentes momentos de su trayectoria. «La felicidad de ver que entender a un toro y exprimir su bravura puede prolongar su vida y su estirpe como semental en el campo, no se puede expresar con palabras», aseguró sobre los tres astados que consiguió indultar a orillas del Segura.

Por supuesto, Liria terminó su discurso animando a los aficionados a acudir a partir de esta sábado a La Condomina –«Id a los toros todas las tardes que podáis. Id a los toros. Porque lo que pasa en ese círculo mágico, ya os lo digo yo, no lo vais a poder ver en ningún otro sitio»–, y, aunque lo intentó, no pudo evitar pronunciarse ante las críticas que la tauromaquia está recibiendo en los últimos tiempos y que ayer se apostaron a la puerta del Villegas. Para ello, puso de ejemplo a sus hijas, que se han criado en las plazas: «María y Jara son a día de hoy dos niñas felices. Que venga alguien a decirme que alguna de mis hijas es cruel o insensible. Que venga alguien a decirme si el Toreo las ha perturbado. Sus valores, los que han aprendido dentro de tu vientre, ahí están. Y eso no se lo va a quitar nadie». La ovación, claro, fue rotunda; la emoción, máxima. Y todavía no se ha vestido de luces. Para eso, todavía quedan cuatro días.

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